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Santiago
Gonzalo
Artículo
aparecido en la revista Vínculo Escolapio, nº 192, diciembre de
2003.
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CADA
vez con más frecuencia, y especialmente en estas últimas semanas, han
ido surgiendo noticias que llevan el apellido 2008. La Expo 2008, la
Fundación 2008, la expropiación de tales o cuales terrenos de cara al
2008, este o aquel puente se inaugurará en el 2008... Pero somos muchos
los que nos tememos que el efecto "afamador" que lleva inherente
la publicidad, esté convirtiendo esa dichosa fecha en un mero reclamo
fetiche, polarizador de miradas sin duda, pero sin dar lugar a la reflexión
de lo que significa. Y lo que es peor, nos tememos además que esa actitud
de pasar de puntillas por el significado histórico, no sea casual.
Parecemos
olvidar entre unos y otros que se ha elegido precisamente ese año, el
2008, porque "su antepasado" 1808, vivió acontecimientos
decisivos en la historia de la ciudad. Por eso, y no por otra cosa, se ha
decidido tal fecha para acoger los fastos en preparación, y no el 2004 ni
el 2006 ni tampoco el 2020. Y negar esa evidencia no parece juicioso. Sin
embargo en reciente entrevista radiofónica (Onda Cero), nuestro Alcalde
dejó bien claro que “Ios Sitios" no debían distraer ni esfuerzo
ni dinero (la puntilla definitiva) del gran proyecto "común"
que es la Expo del agua.
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Y
aquí podríamos quizá empezar nuestra reflexión, discrepando. Fijémonos
en París, capital de Europa, por poner un ejemplo poco sospechoso de
militarismo (se acusa a los que estudian las vicisitudes del pueblo de
Zaragoza en los aciagos días de 1808 y 1809 de sugerir ruido de sables).
París tiene el colosal Pompidou, ese magnífico centro de documentación,
una revolucionaria forma de entender la historia, donde se puede encontrar
y consultar todo lo que tenga que ver con el pasado de la nación.
Tiene
además otro complejo extraordinario, La Vilette, verdadera "feria de
muestras" para las últimas manifestaciones de la Ciencia, donde el
lema, siguiendo la moda actual, es ¡participa, toca, juega! Espléndido,
nada que objetar. Pero sí que añadir. Porque París tiene además de
esos dos lujosos escaparates de modernidad, su Museo de los Inválidos,
donde se pueden visitar y admirar las "otras" glorias de
Francia. Las glorias militares. Y allí se custodian y visitan, y con un
respeto extraordinario, sables, uniformes, banderas... ¿Es que son cosas
incompatibles, la sofisticación y el recuerdo emocionado?. |
Corremos un grave riesgo de desagradecimiento. La Expo del agua no debería
ignorar que en el año 2008 Zaragoza se debe a sí misma un nuevo
recordatorio de aquel lejano 1808, en que el pueblo llano, unido codo con
codo, plantó cara al mejor ejército del mundo, con consecuencias
insospechadas para Napoleón, y por consiguiente para el equilibrio de
Europa. El pueblo de Zaragoza, sí. Nuestros modestos antepasados.
Pero
tampoco se puede pretender recordar sólo y por encima de todo el ruido de
los cañones y los gritos enardecidos de Agustina o del tío Jorge. Hay más
cosas. La primera, la deuda de continuidad con los prohombres de 1908, el
Primer Centenario de los Asedios. Nuestros paisanos de 1908 lo lograron.
Con una amplia visión, con grandes esfuerzos, pero también con enorme
entusiasmo, asombraron a España entera y consiguieron tratar de igual a
igual a la industrializadísima Francia, verdadera adalid en aquel momento
del progreso europeo. Esa fue la gran palabra: progreso. Su Exposición
Hispano-Francesa de la Huerta de Santa Engracia fue un éxito colosal en
ese sentido. Mostrar a dónde había llegado la industria, la ciencia y la
cultura en Aragón.
Pues
bien, el año 2008 debería constituir una nueva OPORTUNIDAD (así, con
mayúsculas) para que Zaragoza y Aragón volviesen a reclamar su espacio,
últimamente tan amenazado. Ese debería ser el objetivo prioritario de
todos, desde el Alcalde al último aprendiz. Celebrar en el 2008, no únicamente
el segundo centenario de aquellos héroes (que, insistimos, lo merecen),
sino el PRIMER centenario de la gran efemérides que constituyó para
Zaragoza y para Aragón, el Primer Centenario de los Sitios. Donde nuestra
ciudad, arrastrando además con sus iniciativas a todo Aragón, ganó por
goleada una arriesgada apuesta de progreso. Que así sea.
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