|
LA BATALLA DE
ALCAÑIZ
|
Luis Antonio Pellicer Marco
Recogido del Boletín nº IV de I.C.B.A. “Alcañiz con el gobierno
francés. 1080-1814”
Cortesía del autor.
|
LA “TIERRA BAJA” EN LA ÉPOCA FRANCESA
Desde los primeros
momentos, al estallar la Guerra de la Independencia en Aragón, se vio de
urgente necesidad aislar los prisioneros franceses que se capturaban en
Zaragoza, de las posibles iras españolas. Es por ello que, desde la
capital aragonesa, se vieron obligados a evacuar los presos que se
hacinaban en la Aljafería, donde estaban recluidos y trasladarlos a
otros puestos de retaguardia en lugar seguro, como es el caso del
Castillo de Alcañiz.
El empleo masivo del
fuerte alcañizano, viene a finales de Noviembre de 1808 con las primeras
victorias en Zaragoza. Palafox, el 30 de ese mes, manda a Antonio Lacasa
quien con 23 hombres del batallón Cerezo conduce hasta Alcañiz los
prisioneros de la Aljafería y poco después, con el avance francés, se
hubieron de trasladar a Tortosa:
El 26 de Diciembre de
1808, se organiza en Samper de Calanda un cordón defensivo para intentar
defender y proteger la entrada a Zaragoza por esa parte y resguardar la
entrada hacia el bajo Aragón, tierras abajo del Ebro.
El veterano coronel
Pedro Elola formará alrededor de esta población el famoso “Cordón de
Samper” que se extendería entre Vinaceite y La Zaida formando un
refuerzo de voluntarios de retaguardia compuesto por cerca de 6000
hombres armados.
En Enero, el General
Watier llega a Aragón con abundantes soldados e importantes efectos
militares, con el fin de proveer víveres para los sitiadores de Zaragoza
y antes de recuperarse los españoles, desde Fuentes de Ebro arremete
contra el Cordón con 3000 infantes y 500 caballos, desbaratándolo ante
la negativa de la población de La Zaida en suministrarlos.
Watier se dirige a la
Puebla de Hijar en donde están retirados los de Vinaceite, todo el río
Martín, mandado por Pedro Elola, sostuvo fuertes y vivísimos combates
que duraron dos días, en donde quemaron el olivar, muriendo mucha gente.
Elola ante tal opresión
y perseguido por el general francés, se tiene que retirar a Alcañiz,
guarneciendo y armando la ciudad ante la inminente llegada de Watier.
El 19 de enero el Cordón
queda destruido, las tropas españolas que subsisten tienen que
replegarse a lugar seguro, dirigiéndose por el momento hacia Caspe y
Mequinenza.
26 DE ENERO, EL SITIO DE
ALCAÑIZ
El nuevo año trae
consigo la capitulación de muchas poblaciones aragonesas. Zaragoza se
rinde a los franceses; la entrada triunfante del Lannes, el día 4 de
Marzo de 1809, hace destituir de su cargo al General Palafox. A lo largo
de ese año, numerosas poblaciones se entregan también al todopoderoso
Napoleón.
A finales de Enero de
1809, el ejército de Watier, que se haya instalado entre Hijar y La
Puebla, decide continuar río abajo hasta llegar a Alcañiz con el fin de
controlar los accesos del levante español
El francés seduce a los
alcañizanos a tratar “asuntos de importancia” y manda hasta la población
un emisario, el cual, es reducido a prisión por orden de la Junta
Gubernativa local y dando como respuesta, la defensa de la población.
La guerra era inminente,
la población quedó en estado de máxima alerta, las autoridades habían
anunciado el estado de emergencia. La defensa de Alcañiz, con la
apertura de zanjas y otros medios, debía de estar concluida, la junta de
gobierno local lo acababa de aprobar:
“En este estado, se
redoblaron las providencias de defensa, se convocaron a los habitantes
de los Pueblos del Partido con sus armas, se comisionaron individuos
para conducir Cañones de Mequinenza y para acopiar municiones y cuando
apenas había reunidos en la Ciudad mil y quinientos paisanos, incluso
doscientos de Albarracín (una compañía de voluntarios llamada
“Serranos de Albarracín”) y cuatro o seis cajones de cartuchos de
fusil, los más inútiles para escopeta, se presentó el General Watier con
dos mil hombres de infantería y quinientos caballos, tres cañones y un
obús en posición de atacar la ciudad”.
La defensa fue creada
precipitadamente, poca gente y muy mal armada acudieron al toque de las
campanas la mañana del 26 de Enero. Los 1.500 defensores, comandados
algunos capitulares y dos oficiales retirados, apuraron sus fuerzas para
intentar contener al enemigo, superior en hombres y efectivos:
“Como la ciudad
estaba abierta en su mayor parte, salieron a recibirle a media legua 700
hombres con lanzas, escopetas y muy pocos fusiles, obligando a los
defensores replegarse a la ciudad. Desde ésta se defendieron todo lo
posible hasta que viéndose casi circunvalados y que el enemigo había
penetrado por la parte abierta del matadero, les fue preciso huir y
abandonar la ciudad. No obstante pasaron de 140 que sucumbieron al filo
de la espada enemiga, personas de uno y otro sexo”.
Tres largas horas de
ardiente fuego duró el asedio delante mismo de la población, fuertes
peleas cuerpo a cuerpo se registraron por las calles alcañizanas al
entrar los franceses, con actos heroicos por parte de algunos vecinos,
defendiendo sus casas con sus vidas
Subió la infantería
francesa, escoltados por la caballería de Watier, impetuosos por la
calle Mayor, arrasando todo cuanto se les ponía delante, más de un
centenar de vecinos quedaron muertos por las calles al arrollador paso
francés. Durante la jornada se acertaron gestos heroicos pues, desde el
balcón de una casa, Miguel Rufi con su escopeta de caza se defendió con
fuego y sangre hasta su muerte. Desde la plaza Mayor, fueron
dividiéndose los franceses, recorriendo las calles adyacentes Alejandre,
Blasco y la del Carmen que fue foco de los asaltos y en donde en esta
ultima otro héroe, Tomas Barreda, dejó su vida gritando desde su balcón
y arcabuceando a todo francés que se le puso a tiro.
Aquella fatídica tarde
del 26 de Enero de 1809, la tragedia hubo de cobrarse la paz y
tranquilidad de los alcañizanos, los franceses ocuparon Alcañiz.
Después de este episodio
bélico, escenas de sangre y desolación se estamparon por doquier, 400
hombres le costaron a los franceses y 140 defensores de Alcañiz que se
convirtieron en aquella jornada en héroes; pero la crueldad estaba por
llegar y en los días que precedieron a la ocupación, posicionados en el
castillo alcañizano, les dio tiempo suficiente para despojar a la ciudad
de todo su valor y en los dos meses de permanencia, les dio tiempo de
saquear las casas, expoliar sus riquezas históricas, artísticas y
religiosas que fueron usurpadas por la tenaz y obstinada resistencia de
sus vecinos.
|

Placa conmemorativa a las victimas alcañizanas |
LA
BATALLA DE ALCAÑIZ
En las inmediaciones de
Alcañiz, casi a los pies de las puertas de la ciudad, entre suaves
colinas y fértiles campos de cultivo, se desarrolló la mayor ofensiva
española en el Bajo Aragón, ”La Batalla de Alcañiz”
Este enfrentamiento
serviría para intentar frenar el avance francés por suelo aragonés y se
convertiría en la mayor contienda de la historia alcañizana a cargo del
ejército levantino del General Joaquín Blake, con tropas del su recién
creado 2º Ejército de la Derecha, y con la ayuda del marqués de Lazan y
su cuerpo de ejercito voluntariado aragonés, el día 23 de Mayo de 1809.
Las personas que participaron la contienda fueron casi de 20.000
hombres entre los dos frentes que, esparcidos en varios ejes y en un
campo de batalla hostil y abrupto, representaba un número de soldados
considerablemente suficiente para que este enfrentamiento adquiriera
tintes históricos importantes.
En el parte oficial de
guerra que el general Blake escribió, relata los hechos de la salida de
los franceses que ocupaban Alcañiz antes de la batalla:
“Con
fecha de 21 del corriente mes de Mayo, la evacuación de Alcañiz por lo
enemigos a sido un éxito y su retirada a Hijar, Puebla de Hijar, y
Samper, en donde en este ultimo dejó un destacamento de consideración;
el 21 envié a D. Casimiro Loy, teniente coronel de Húsares españoles
con 800 caballos y 200 voluntarios de Valencia para un reconocimiento
del enemigo, verificó, atacando Samper, retirándose a la Puebla de
Hijar”.
[1]
El mariscal Luis
Gabriel Suchet, como General en Jefe del ejército francés en Aragón, se
pone al mando del “III Cuerpo del Ejército”, que comandaba Junot en
Zaragoza. El Mariscal, encuentra en sus filas una desastrosa situación
de su tropa; de los 26.000 hombres que la componían, 13.123 están
hospitalizados o en mal estado.
Suchet con 39 años, sin
ser oficial de carrera, pero con excelente experiencia militar y mejor
estratega, llevará incluso a devolver la confianza al III Cuerpo, a la
que la llamó “maquina de guerra”.
Con este ejército,
aun supo rehacer la muy buena organización en sus filas y
posteriormente, una justa administración en el territorio que le tocó
gobernar.
El Mariscal se entera
en Zaragoza de las maniobras que se desarrollan en Alcañiz, la
concentración de tropas venidas de Valencia y Murcia que amenazantes
intentarán acercarse a la capital. Sin perder el tiempo y con toda la
premura que le es posible, organiza su ejercito para enfrentarse cuanto
antes con Blake.
Suchet da orden de
formar para el enfrentamiento armado, la mayor parte de contingente de
tropa de la IIª División Musnier, con el general Fabre a la cabeza y
reforzar la Iª División del general Laval, expulsado de Alcañiz por
Blake, donde se había hecho fuerte días antes y se encontraba en esos
momentos en las alturas de Hijar para, desde allí, poder concentrar el
mayor volumen posible de fuerzas francesas y ayudadas por la magistral
caballería de Watier.
Dando noticias de ello y
de que las tropas enemigas ascendían al número de 3.500 soldados que
venían desde Zaragoza, completaban la ofensiva francesa en 10.000
infantes, 800 caballos y 12 piezas de artillería; con tales nuevas, se
preparó en nuestra ciudad, lo que fue la “Gran Batalla de Alcañiz”.
Lo que sucedió aquel 23
de Mayo de 1809, lo relataba un periódico alcañizano en su edición
especial de 1909, anunciando que tales acontecimientos fueron de unas
proporciones enormes, presentando unos caracteres espectaculares y que
dio como resultado una verdadera e importante batalla.
Se hace imprescindible
por tanto, hacer una descripción lo más fiable posible del terreno en
cuanto a la época para poder situar donde y como se desenvolvió la
batalla:
“Asienta la ciudad en la orilla derecha del río Guadalope, sobre el
declive de un cerro que corona el Castillo. Este río lame las faldas del
cerro y el pie de las murallas que circundan la ciudad, la separa una
serie de colinas que cubren la margen izquierda con un caudal suficiente
como para servir de obstáculo sin el puente que lo atraviesa, a
excepción de algún vado. Las colinas de Perdiguer y de las Horcas
(Capuchinos) hacen, aún si cabe, defensa natural que obstaculiza la
entrada a la población. Más lejos se encuentra la atalaya de Pueyos
(lugar de la contienda, en donde está la ermita, patrona de Alcañiz)
y surcada la vega por un caudal de riego, perdiéndose al Norte con una
ancha Laguna hacia
la
Estanca. A las espaldas de Pueyos, se elevan otras colinas como el
corral de la Mano y el cerro de Sta. Bárbara, otras más al norte están
las peñas de Borrita
(a unos 10
km. de la ciudad) en donde estaban desplegada la avanzadilla del
ejército español, la llanura que resta atraviesan dos canales acuíferos
con acequias y caminos de Zaragoza y Caspe”.
[2]
La defensa española
corrió a cargo del general Blake, el cual tenía situadas todas sus
fuerzas por los promontorios más inmediatos de Alcañiz. El “Cerro de
Pueyos”, centro neurálgico de la contienda, fue donde se registró el
grueso de la batalla y donde estaba apostado el general Areizaga, con
los tercios de Aragón:
“La vega de Alcañiz
está rodeada de montañas a varias distancias de la posición que
ocuparon las tropas, algunas accesibles con caballería, para impedir al
enemigo el paso, se colocaron 2.000 hombres de los batallones de Daroca,
reservas de Aragón, Tiradores de Murcia y el 2º de Voluntarios
Aragoneses al mando del general de Campo Juan Carlos Areizaga”.
En las alturas de “Tiro
de Cañón”, la más cercana a la línea de fuego, se colocó el teniente
coronel Pedro Tejada con sus infantes compuesto por un batallón del
regimiento ”Fernando VII”, 300 hombres del Batallón de Voluntarios de
Valencia, dos compañías de granaderos del regimiento de América y otras
dos de granaderos suizos de Traxler.
A la izquierda del
cerro mencionado y más al Sur de esta zona, quedaban las fuerzas del
general Pedro Roca, defendiendo la entrada a la ciudad por el centro de
la vega alcañizana, con dos baterías apoyadas en el “Cerro Perdiguer”
cerrando la retaguardia. Más avanzado y cubriendo el flanco, quedaba el
coronel Martín González de Menchaca con la caballería y su columna, al
abrigo de unos olivares.
En el flanco izquierdo
de esta colina, en unos campos de olivos, quedó la caballería del
brigadier Miguel Ibarrola:
“En los olivares de
la izquierda se pusieron tropas ligeras de Vanguardia, la caballería
compuesta por dos escuadrones del Regimiento de Santiago, otro de
Húsares españoles y otro de Olivencia, los cuales pretendían evitar el
enemigo por el frente entre el camino Zaragoza”.
Y en el centro del campo
de batalla, junto a la entrada de la ciudad, estaba establecido Blake y
su Segundo el maques de Lazán, apostados en el “Cerro de las Horcas”,
contando también con dos baterías de artillería del brigadier Martín
García Loigorri, lugar exacto en donde, con prodigios heroicos, salió a
recibirle con valor a los franceses en los mismos pies de los cañones
para ser derrotarlos impunemente allí mismo.
Aunque los franceses
disponían de más jinetes y mucho más preparados en la guerra, la empresa
fue en si muy atrevida, porque al estar éstos en aquellas desfavorecidas
posiciones, se desprendió la osadía de sacar provecho de la empresa de
Blake tanto militar, ya que podría dar ánimo y fuerza en las comarcas,
como en el ámbito político. Nicolás Sancho, en su libro contaba de esta
manera la batalla.
“El
ataque fue terrible e impetuoso, salvo una pequeña reserva que con su
caballería dejó Suchet como punto de apoyo, empleó todas sus fuerzas
alentándolas con su presencia y la de los generales Fabre y Laval.
Estaba en este punto el General en Jefe (Blake) con el grueso
de la tropa y seis piezas de artillería; de nuevo intento subir (los
franceses) a Pueyos atacando el centro también y tener el Guadalupe a
su espalda; juzgó que no quedaba más recurso que vencer o sucumbir con
ignominia”. “Pelearon valerosamente consiguiendo su gloria; dejando el
campo cubierto de cadáveres y sobre todo por la acequia del estanque (la
Estanca)
próxima a la cruz de las Heras, en la que murieron dos compañías de
Polacos (soldados
apoyados a Francia), los cuales audazmente se dirigían por ella,
como a cubierto para poner a retaguardia a los nuestros”.
[3]
A las seis de la mañana,
Suchet se acerca con su ejército a Alcañiz, se hace visible la posición
española, desde allí toma la iniciativa desplegando sus fuerzas en dos
grandes ejes. La división Musnier, mandada por el general Fabre, dirige
la incursión por centro de la vega alcañizana situándola en el punto
denominado “Cerro del Hambre” con la intención de penetrar de frente y
poder entrar en la ciudad.
El brigadier Laval
dirigiría las fuerzas por el norte, en dirección a Pueyos, para atacar
con dos columnas las posiciones españolas; una columna lo haría por la
derecha situándose en el llamado “Cerro del Portel” y la otra lo
haría por el flanco izquierdo con el propósito de envolver con las
tropas la colina de Pueyos para neutralizarla.
El avance francés se
hace muy enérgico en los primeros momentos; el ataque precedido de
fuertes guerrillas, fue rechazado por Areizaga y su ejército que,
ayudados por un obús al efecto, defendía la colina, replegándose los
franceses por esta acción en orden y algunas bajas hasta la primera
posición:
“De
900 a 1000 granaderos franceses que la componían, con arma en mano, paso
de ataque y gritos horribles, llegaron hasta el pie de las alturas del
puesto y la columna desapareció en pocos minutos”.[4]
Blake por su parte,
avistado el poder enemigo, con el primer encontronazo y viendo el número
y superioridad de las primeras ofensivas francesas, las tropas españolas
se vieron forzadas a replegarse hacia Pueyos protegidos por las
baterías del cerro que guarnece Pedro de Tejada en el cabezo de Tiro de
Cañón:
El Mariscal francés,
decidió dar un segundo asalto en dos ataques decisivos sobre los flancos
españoles; Fabre a la cabeza con casi mil hombres del 1º regimiento de
“Vístula” ataca al cerro Perdiger, en donde está Menchaca y debido a la
resistencia a los pies de la colina, se tiene que replegar a sus
anteriores posiciones. Laval, mientras tanto, hace la incursión por el
cabezo de Tiro de Cañón, defendido por Roca hasta la colina de Pueyos en
donde se realizaron fuertes combates.
Blake mandó salir al
coronel Menchaca del flanco izquierdo para que impidiese el asalto de
Pueyos a cargo del 2º brigada de Cazadores de Valencia y el 1º de
voluntarios de Aragón que seguidos de la caballería llegaban hasta el
caserío de “Tella”,muy próximo a la colina, descargando contra los
franceses al descenso de Pueyos.
Blake, con esta
maniobra, ordenó un segundo ataque con la caballería por la parte Norte,
entre Zaragoza y Caspe, que guardaba Areizaga. En ese cambio de
posición, se encontró con una descarga de la infantería francesa,
situada en la falda del “Cerro el Portel” y obligó a defenderse,
hiriendo al brigadier Ibarrola que la mandaba; no pudiendo hacer nada se
replegó algo desordenada, pues la caballería Imperial les intentaba
arremeter y no pudiendo resistir la carga se retiraron al abrigo de los
infantes de Menchaca.
El mariscal Suchet, no
perdiendo la esperanza de conseguir el triunfo con que inaugurar su
mandato sobre Aragón, recapacitaría para una nueva y decisiva
intervención por el centro en donde, abierta la línea, intentaría con
una maniobra preparatoria, esperar agrupar a toda la fuerza española a
la vista y poder atacarla así impunemente frente a el.
Una gruesa columna de
2.000 infantes, de tropas frescas que no habían intervenido aun en
combate, compuestas por el 114º regimiento de “Línea” y de la 1ª de “Vístula”,
guiada por el valiente general Fabre, arremetió contra los españoles
mientras los demás cuerpos franceses controlaban a jaque, en fuego
oblicuo, las restantes posiciones de las alas españolas del frente:
“Arma al brazo, con gallardo continente y resuelto paso, avanzaron los
Imperiales por el llano, sin alterar un instante su correcta formación,
a pesar del fuego de la artillería e infantería españolas que hacían más
vivo y certero a medida que se iban aproximando; más nada contiene la
furia francesa y arrolladas las guerrillas caían los enemigos sobre el
cerro de las Horcas, manifestando su confianza en la victoria por hurras
y entusiasmo que les animaba, cuando a pocos pasos de las piezas,
vacila la columna, se detiene y entrega momentos después a la fuga más
desordenada. El fuego vivísimo del los infantes de Saboya, América y
Valencia, y sobre todo la metralla de la artillería española,
brillantemente dirigida por el brigadier García Loigorri y servida con
una firmeza, serenidad y sangre fría imponderables, habían barrido
materialmente las primeras fracciones de la columna y desbaratando las
demás, dando victoria a las nuestras” .
[5]
El episodio final
corrió cargo de un batallón del 2º regimiento de Valencia, descargando
la artillería cuando tan solo se hallo el enemigo en las mismas bocas de
los cañones de Loigorri, dejando desecha la columna francesa que
intentaba romper la línea y entrar de este modo a Alcañiz para quitar
toda esperanza de retirada; pero la resistencia fue tal que contando
casi con la victoria, los franceses tuvieron que retirarse a sus
posiciones en desorden y dejando el suelo sembrado de cadáveres.
Siete horas de ardiente
fuego duró la contienda, quedando los ejércitos divididos y a la vista.
Suchet, derrotado, fue reuniendo las tropas que aún le quedaron en las
alturas que ocupaban. Mientras tanto los españoles, maltrechos también
por la gran ofensiva, no se atrevieron a seguirles; al caer la noche, el
ejército francés quedaba reunido y se retiró hacia sus posiciones
estratégicas de Samper.
Las pérdidas humanas
fueron considerables:
“Recorrido al amanecer, el campo de batalla, se encontraron 500
cadáveres enemigos, principalmente en las acequias de riego; según las
gentes, han abandonado en su huida y los heridos que han hecho
transportar, se puede calcular la perdida de 2.000 hombres” .
[6]
Los
españoles, sin embargo, perdieron 300 soldados entre muertos y heridos.
[7]
Nicolas Sancho, cifra el
número de 1.000 muertos y 40 prisioneros:
”Quedó el campo cubierto de cadáveres y sobre todo del estanque próximo
a la Cruz de las Eras en el que murieron dos compañías de polacos”
(soldados que apoyaban a los franceses).
|

Obelisco conmemorativo a la batalla de Alcañiz, en
el lugar de la contienda |
De estos sucesos se da
cuenta de cierta crítica hacia Blake, con fundada prudencia, de su
indecisión por no perseguir en su retirada las fuerzas francesas y así
poder aniquilarles definitivamente, proclamándose un victoria triunfal;
tal vez debido a la situación crítica española, inferior de soldados y
la poca caballería preparada que poseía, para ir en pos de una
persecución del enemigo. Esta justificación la expresa el propio general
en el informe de guerra que envió posteriormente al monarca Felipe VII.
Sin embargo la batalla
se ganó, los franceses se replegaron a lugar seguro en donde tenían sus
antiguas posiciones, trasladándose una semana después las tropas,
bastante desmoralizadas a Zaragoza sin tan siquiera dar noticia de los
sucesos:
El ejército de Blake, se
estableció en Alcañiz durante seis días hasta restablecer la normalidad
y organizar su ejército, marchando a Caspe el 30 de Mayo en donde, con
un desfile militar, hizo celebrar su victoria.
El brigadier Loigorri, obtuvo a primero de Junio siguiente, el empleo de
mariscal de campo y posteriormente la cruz laureada de San Fernando que
brilló en el uniforme del cuerpo.
|

|
Fernando VII, por Real Orden del 14 de mayo de 1815, premia al
Ejército de Aragón con una condecoración oficial por la batalla
presentada al mando de D. Joaquín Blake el 23 de mayo de 1809, en la
que derrotaron a las fuerzas francesas de los generales Laval y
Suchet en Alcañiz. La medalla, consta de aspa de cuatro picos
esmaltados en rojo y separados por llamas de color fuego, surge de
un centro ovalado que presenta las siglas "F. VII" sobre
campo blanco, con una orla con la inscripción "Al-ca-ñiz". En la
parte superior una corona de laurel y la anilla que la sujeta a la
cinta también de color rojo |
[1]
Archivo Histórico Municipal. Periódico” ALCAÑIZ
1909”. En el “Conmemorativo a
la fecha del 23 de Mayo” Sobre una publicación de la época con título
“Acontecimientos ocurridos en Aragón en la guerra con Francia”,
posiblemente escrito por un tal Schépeler decía:
“Acantonados los franceses en Hixar, La
Puebla y Samper, esperaban los refuerzos de Zaragoza; y los españoles de
Valencia. Entretanto Blake destacó al regimiento de caballería de
Santiago, para que reconociese a Samper, que fue evacuado y volcados los
ranchos. No teniendo otro objeto, pidió raciones para regresar a Alcañiz;
y habiendo vuelto los franceses a Samper, arcabucearon a su Alcalde por
las raciones que habían dado”.
[2]
A.H.M. Periódico “Alcañiz”(23/4/1909). nº 2. pag.1-3. [3]
SANCHO MORENO, Nicolas. “Descripción Histórica de la
Ciudad de Alcañiz”. [4]
A.H.M. Periódico “Alcañiz”(23/3/1909). pag. 1-3. Sobre
documento de Blake. [5]
SORANDO MUZAS, Luis. “La batalla de Alcañiz del 23 de
Mayo de 1809”.
[6]
Sobre el
documento del archivo del nieto de Blake.
[7]
Joaquin Blake, hijo del general en jefe, calcularon 2000
las pérdidas francesas; Toreno da la de 800; Schépeler dice que los
españoles encontraron más de 500 muertos. Tomado del libro de Domingo
Gascón.
|