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Día
de Los Sitios.
Zaragoza
hace cien años. Más allá de las fronteras nacionales.
Zaragoza
y la Exposición hispano-francesa de 1908.
Hay
más de un tipo de Caballería....
¿Sabía
que.....
Los
Sitios en el Rabal zaragozano.
Estimados socios y amigos: Un año más nos reunimos para recordar el comienzo del primero de los dos asedios que nuestra ciudad sufrió hace casi doscientos años. De nuevo contamos con la Banda de la Diputación Provincial de Zaragoza, a la que en esta ocasión se une la del Regimiento de Caballería “Numancia”. Y como es habitual, el Regimiento de Pontoneros nos permite contar con un brillante escenario para la ofrenda floral en el Monumento a Los Sitios, lo que es más destacable hoy por estar un importante número de sus miembros en Afganistán. Es de destacar que la vistosidad y colorido aportado por nuestros Voluntarios de Aragón y Dragones de Numancia se ve aumentado con la presencia de varios miembros de los Grupos de Reconstrucción Histórica del 3º Batallón de Chasseurs de Montagne francés y del 3º Regimiento de Artillería de La Coruña.
Previamente
escucharemos la conferencia del profesor Enrique Bernad, complementaria de la
impartida en febrero por Eloy Fernández Clemente, pues aborda otro aspecto de
la organización de la Exposición Hispano-Francesa de 1908, en este caso con
datos novedosos sobre la colaboración entre los antiguos adversarios. Y es que
se acerca el segundo Centenario, que debe ser adecuadamente celebrado, con
actividades habituales como la publicación de libros y otras más recientes y
que están resultando exitosas, como la colaboración con Onda Cero Zaragoza y
la revista Viajar por Aragón.
XVIII
PREMIO LITERARIO
Se
ha convocado nuestro ya tradicional premio para trabajos relacionados con la
Guerra de la Independencia, en general, o en particular sobre Los Sitios de
Zaragoza.
Los
trabajos deberán ser inéditos y podrán presentarse hasta
el 10 de enero de 2003 en la Fundación Empresa Universidad de Zaragoza
(Paseo Fernando el Católico, 2, de Zaragoza -50005-), entre las 9 y las 14
horas.
Los
trabajos se entregarán identificados por pseudónimo en plica cerrada. En sobre
aparte se adjuntará documento acreditativo de la identidad del autor. Se
presentarán por triplicado, a una sola cara, en tamaño A-4, y con una extensión
mínima de 100 páginas para el Premio Especial y de 20 para quienes opten al
Premio a Jóvenes (hasta 18 años). Se adjuntará en soporte informático.
La
entrega de premios se realizará en nuestro tradicional acto del Paraninfo de la
Universidad de Zaragoza, que en este caso se celebrará el 21 de febrero de
2003.
El
Premio Especial de Investigación Histórica
está dotado por el Ayuntamiento de Zaragoza con 1.500
euros y medalla. El Premio a Jóvenes
cuenta con la colaboración de la Academia General Militar, que cede libros
por valor de 300 euros y medalla.
Animamos
a todos los socios y simpatizantes para que participen o inciten a amigos y
conocidos a que se pongan manos a la obra.
El
pasado 26 de mayo dieron comienzo los actos conmemorativos del Primer Centenario
de la Iglesia del Portillo como parroquia. Junto a una misa oficiada por el
arzobispo de Zaragoza y un concierto, en los que nuestra Asociación estuvo
representada por el presidente, es de destacar la exposición abierta hasta el
24 de junio, en la que ocupa un destacado papel la Capilla de las Heroínas.
En
la dirección www.geocities.com/area51/
labyrinth/7331/Zaragoza.htm se encuentra una buena reseña del libro de
Raymond Rudorff “Los Sitios de Zaragoza. Guerra a muerte”, del que tanto
hemos aprendido. Incluye los mapas.
El
pasado 15 de febrero celebramos nuestra habitual entrega de medallas y premios,
ilustrada en esta ocasión con la conferencia impartida por Eloy Fernández
Clemente, quien transmitió una llamada a la unidad ciudadana ante el ya próximo
Segundo Centenario. En este Boletín incluimos un fragmento de su recuerdo a
cuantos hicieron posible la brillante conmemoración de 1908.
D.
Jaime Murillo Jaso, profesor del Instituto Cervantes en Londres, nos ha enviado
la foto del cuadro “Zaragoza no se
rinde”, depositado en el Victoria&Albert
Museum de la capital británica. La escena es fácilmente identificable como
de Los Sitios pero no se tiene noticia de su autor ni título. Se agradecería
cualquier información que sirviera para descubrir el misterio de cómo llegó
esta magnífica obra hasta Londres.
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MÁS
ALLÁ DE LAS FRONTERAS NACIONALES.
Enrique
Bernad Royo
es Doctor en Historia y Profesor Titular de Historia Contemporánea en la
Universidad de Zaragoza. Fue
profesor del Departamento de Humanidades Contemporáneas de la Universidad Autónoma
de Madrid y participa en el desarrollo del Tercer Ciclo, cursos de doctorado, de
la Universidad Pública de Navarra. Ha publicado numerosos artículos y libros
sobre historia de la cultura popular y educación, entre los que podría
destacarse Regeneracionismo,
industrialización e instrucción popular. Zaragoza (1894-1914). Durante las
tres primeras legislaturas, fue diputado en las Cortes de Aragón, desempeñando
responsabilidades como la presidencia de la Comisión Institucional o la
Secretaría General del Grupo Socialista.
En
su conferencia pretende mostrar los esfuerzos de una ciudad, que inicia su
modernización por trascender el ámbito nacional. Relacionará
la Exposición de 1908 con los efectos que tuvieron las Asambleas de Comercio y
de Productores de 1898-99 (Regeneracionismo político) en la ciudad de Zaragoza.
Se tendrá así la oportunidad de hablar de Costa
y las contradicciones de su programa "neoliberal", de Paraíso o de
alguna sorprendente candidatura "regeneracionista" al Ayuntamiento de
Zaragoza, así como dar a conocer algunos datos novedosos que sobre la
organización de la Exposición ha aportado una reciente tesina, elaborada a
partir de documen-tación del Ministerio del Exterior francés.
Como
indicó Eloy Fernández Clemente, “debemos a la pluma de Enrique Bernad la
indagación sobre cómo se fue organizando la Exposición. Con suficiente
antelación, en 1902, el Ayuntamiento decidió «crear una Junta Magna para
organizar tal celebración, y llamar a colaborar a todas las fuerzas vivas
zaragozanas, así como a representaciones de todas las cabezas de partido
aragonesas. La junta organizadora preparó festejos y actos tradicionales; también
se pensó en una exposición industrial, sin poder especificar su magnitud, ya
que se desconocían los fondos económicos con los que se podía contar. Pero en
diciembre de 1906, el gobierno comunicó a la junta su decisión de subvencionar
el Centenario con dos millones y medio de pesetas. Inmediatamente se creó en el
seno de aquélla el comité ejecutivo de la Exposición, presidido por Basilio
Paraíso, quien se dedicaría intensamente a planificar y realizar el magno
certamen. Paraíso planteó la Exposición como un acontecimiento económico y
social moderno, acorde con las ideas que él mismo defendiera años antes desde
la Unión Nacional; como una muestra de la moderna industrialización aragonesa
(aunque concentrada en Zaragoza), así como un proyecto de futuro para la economía
regional, es decir, planteó la Exposición también como un acontecimiento
aragonés, de significado regio-nalista; y, además, concibió el certamen como
un acto de acercamiento y reconciliación con Francia, país representante del
progreso europeo al que la burguesía regionalista aragonesa representada por
Paraíso, aspiraba a alcanzar algún día»”.
Fragmentos
de la conferencia de D. Eloy Fernández Clemente
el
pasado 15 de febrero en el Paraninfo de la Universidad en el acto de la Asociación.
Agradezco
mucho a los organizadores de esta sesión, tan entusiastas estudiosos y
promotores de cuanto se relaciona con Los Sitios de Zaragoza, su invitación a
participar en ella, como historiador interesado en las cosas de Aragón. Lo haré
en esa condición, procurando enmarcar lo que significó la fecha, tan emblemática,
de 1908, en que tuvo lugar la por tantos motivos celebérrima Exposición
Hispano‑Francesa de 1908, verdadero quicio entre dos tiempos bien
definidos de nuestra historia, tanto que con frecuencia he señalado con ella la
verdadera división entre el siglo XIX y el XX, entre el fin de una sociedad
regida por una burguesía progresista y el comienzo de una etapa convulsa por la
lucha de clases y el aferramiento a viejos privilegios y prácticas políticas
egoístas. Culmina con tan magna manifestación un tiempo de fe en la industria
y el progreso, una era aún romántica en muchas cosas, una sociedad bastante
tradicional, con clases sociales instaladas y alejadas unas de otras. Acercarse,
pues, a 1908, con el ánimo de comprender qué significó en el ir y venir de
los aragoneses, puede tener, pienso, y por eso estoy aquí, alguna utilidad para
cuantos, además, soñamos con el año 2008 como un nuevo hito de empuje y
desarrollo para la ciudad y el territorio de que es capital.
El Regeneracionismo
El Regeneracionismo tuvo un importante eco en Aragón; hubo en él un claro componente de resurgir aragonesista, pero se trataba de un aragonesismo crítico, nada autocomplaciente y con proyección de futuro, más en lo cultural que en lo político. Hubo también un claro contenido regnícola, un deseo de recuperar y dar brillo a una tradición más o menos mítica, como base para la reafirmación de los aragoneses en el presente y su proyección hacia el futuro.
No querría cansar más su atención, que agradezco mucho. Acaso únicamente algunas consideraciones al hilo de la preparación para dentro de seis años de un nuevo certamen conmemorativo de ambas fechas: la de 1808, porque Zaragoza no debe olvidar nunca esos episodios de valor y entrega de sus ciudadanos, uno de sus hechos históricos principales; la de 1908, porque es muestra de una buena manera de conmemorar, un siglo después, la primera efemérides. Hubo, incluso, un sesquicentenario en 1958, con bastantes actos y publicaciones.
Aprendamos
de 1908 muchas cosas: la preparación con tiempo y tiento; el logro de ayudas
oficiales; la convocatoria de todas las fuerzas vivas de la sociedad, la economía
y la cultura... y lo menos implicada posible la política partidista. Y cuando
he dicho todas esas fuerzas, no me he quedado en Zaragoza ni en Aragón, sino,
claro es, en toda España y en Francia y en otros países de Europa y del mundo.
La amplitud de miras, la variedad de temas, incluyendo sin excluir. La mirada
historicista, erudita, rigurosamente científica hacia el pasado, editora de
estudios y fuentes; pero también la mirada hacia el futuro, que ha de deparar
cuanto sepamos lograr desde ahora mismo. Nada más, y muchas gracias.
UNA
VIDA DE NOVELA. EL INGENIERO MANUEL CABALLERO.
Muchos
de los Defensores de Zaragoza en los Sitios llevaron una vida posterior de lo más
azarosa y complicada, Entre ellas destaca, ya desde antes de venir a Zaragoza,
la
del ingeniero militar D. Manuel Caballero y Zamorátegui
José
Luis Perla Goñi
Empezó los Sitios de Capitán y los terminó de Teniente Coronel por méritos de guerra. Era el segundo de Sangenís y el que le sucedió en la Jefatura de Ingenieros a su muerte el 12 de enero de 1809. Anteriormente era profesor de la Academia de Ingenieros en Alcalá de Henares, como Sangenís, y al marcharse con él tras los sucesos del 2 de mayo en Madrid vino con el grupo de profesores a Zaragoza. Fue un hombre de ameno trato, grandes conocimientos y valor.
Sus
andanzas empezaron cuando le comisionaron los Ingenieros de Alcalá para ir a
Madrid a comunicar al General Samper, Ingeniero General, la marcha del
Regimiento y de la Academia que, vista la situación en Madrid, habían decidido
desobedecer las órdenes de Murat y, organizando lo que se llamó "la Fuga
de los Zapadores", salir de Alcalá el 24 de mayo de 1808, con su bandera,
su caja y a tambor batiente, hacia Cuenca para sublevarla y estimular con este
ejemplo a toda España. En realidad no salió el Regimiento pues siendo el único
de su especialidad en España, sus Compañías estaban repartidas entre el ejército
expedicionario en Portugal, el del Marqués de la Romana en Dinamarca y
distintas guarniciones de la península. Sólo estaban en Alcalá la Plana Mayor
y dos compañías, que con los profesores y alumnos de la Academia fueron los
que salieron y llegaron hasta Valencia donde el 7 de junio se unieron a su
guarnición, ya sublevada contra Napoleón.
Caballero
había partido hacia Madrid disfrazado de estudiante pero no pudo llegar. En el
camino se encontró con un grupo de soldados que, al mando de un sargento, huían
de la represión de Murat; al principio le tomaron por un espía y, cuando se
dio a conocer como oficial de Ingenieros, le nombraron su jefe y le obligaron a
volver a Alcalá. Allí se presentó a sus jefes pero sus nuevos subordinados
armaron tal alboroto, exigiendo que siguiera a su mando, que el Coronel le mandó
a tranquilizarlos y, como los otros profesores ya se iban, él salió con sus
nuevos soldados tras Sangenís y los incorporó a todos al ejército de Palafox
en Zaragoza.
Los
Sitios de Zaragoza
En ambos Sitios trabajó en el diseño y construcción de baterías y fortificaciones y aspilleró casas y conventos. Él y los demás ingenieros a las órdenes de D. Antonio Sangenís consiguieron que Zaragoza, que no lo era, tuviera que ser atacada como una plaza fuerte, hasta el extremo de hacerle decir al Comandante de Ingenieros francés Belmas que "el espesor de los muros de Zaragoza debía medirse por la extensión que ocupaba la ciudad". En los escritos de Caballero, de los que luego hablaremos, se ve su gran humanidad pues cuenta que a veces las fortificaciones no se construían en el sitio y de la forma más adecuada por atender las ideas del dueño de la casa, dice Caballero: "... cómo no atender las preferencias del que luego había de defender la obra y tenía que destruir su patrimonio para poner la ciudad en estado de defensa". Hay que pensar que a aquellos hombres se les pedía destruir su casa o al menos parte de ella, o talar con sus manos el olivar o los frutales que eran su patrimonio y su vida y lo hacían gustosos por defender hasta más allá de lo humano su ciudad.
En
la guerra de minas en el barrio de San Agustín, reconociendo unos sótanos, se
encontró con un fraile que, habiéndose sentido más fraile que combatiente,
tenía escondido a un oficial polaco herido en las minas desde el primer Sitio.
Caballero comprendió la humanitaria acción del fraile y nada dijo, ayudándole
a salvar al polaco.
Cautiverio
y exilio
Prisionero
como toda la guarnición de Zaragoza a la capitulación, fue conducido a Francia
y se hizo célebre en los depósitos por donde pasó por sus calaveradas y su
ingenio que ayudaba a los demás a soportar su desgracia. Pero al final en el
largo cautiverio perdió la fe y terminó por reconocer al rey José. Encontrándose
en París sin empleo y sin dinero, ya durante el reinado de Luis XVIII, se
presentó a su antiguo adversario el General Rogniat,
que siendo Coronel sitiador de Zaragoza había sucedido a su jefe el General Lacoste
como jefe de Ingenieros de los franceses. Se da la circunstancia de que en el II
Sitio de Zaragoza murieron los dos jefes de Ingenieros, el sitiado y el
sitiador, con diferencia de días y en parecidas circuns-tancias, Sangenís el
12 de enero en la Tapia del Asalto, observando los trabajos de los franceses en
la gola del recién conquistado fuerte de San José y Lacoste el día 30 en la
calle de Santa Engracia observando el efecto de unas minas. Rogniat que conocía
la valía de Caballero le dio trabajo como ingeniero y le encargó la redacción
de una crónica de los sitios que
fue editada en Francia en 1815 como "Defense
de Saragosse. Relation des deux sièges soutenues par cette ville en 1808 et
1809, Traduit de l´espagnol par M. V. Angliviel de la Beaumelle". Este
nombre, que desde luego parece "camelo", escondía al propio Caballero
que fue autor y traductor.
Con
problemas en Francia y sin poder volver a España se fue a pie y con una
mochila, cruzando media Europa hasta Polonia, dependiente entonces de Rusia y
donde trabajaba como ingeniero al servicio del Zar un tío suyo, Agustín
de Bethencourt. Al llegar a Polonia y decir que había combatido en los
Sitios de Zaragoza le presentaron a un médico polaco que también había estado
en ellos y era un entusiasta de los españoles porque allí le salvaron y
consiguió la libertad. Resultó ser el oficial salvado por el fraile y por
Caballero que naturalmente vio la ocasión de devolverle el favor. Le acogió y
le ayudó a encontrar a su tío. Con sus antecedentes no fue difícil conseguir
el permiso del Gran Duque para residir en Polonia y su nombramiento como
profesor de una Academia que Bethencourt había fundado en Varsovia, y allí
permaneció quince años.
Posteriormente
murió su tío, y poco después la Reina Gobernadora María Cristina, que ejercía
la Regencia durante la menor edad de su hija Isabel II tras el fallecimiento de
Fernando VII, dio un decreto de amnistía para todos los que habían estado al
servicio de José I y acogido a él pudo volver a España donde no reingresó en
el Ejército pero sí ingresó en el Cuerpo Civil de Ingenieros de Caminos,
muriendo en 1850 tras varios años de ejercicio profesional.
HAY
MÁS DE UN TIPO DE CABALLERÍA ....
Estamos
familiarizados con los hechos y los nombres,
pero
¿sabemos diferenciar un dragón de un húsar o un lancero?
Es
necesario entender que un Instituto de Caballería es mucho más que una
denominación tradicional: es la herramienta necesaria para cumplir unas
determinadas misiones en el campo de batalla, y consecuentemente implica una orgánica,
una táctica y unos medios (tanto en armas como incluso en tipos de montura y en
uniformidad). Así mismo hay que tener presente que el concepto de empleo de
cada uno de ellos ha variado a lo largo del tiempo a la par que lo hizo geográficamente,
con las interpretaciones nacionales a conceptos tácticos o técnicos tomados de
otros ejércitos.
Lanceros
Herederos
de los antiguos Hombres de Armas Medievales, en España fueron clasi-ficados
como Caballería Ligera o de Línea, según épocas y a diferencia de otros ejércitos
en donde formaban parte de la Caballería Pesada. Recibieron un nuevo impulso en
el siglo XIX por el impacto que causó la actuación de las unidades francesas
en nuestra Guerra de la Independencia (lanceros polacos). La lanza, arma
eminentemente me-dieval, renace como respuesta a las forma-ciones en cuadro
defensivo de la Infantería: se trataba de, protegidos por la velocidad de la
carga, alcanzar las masas de fusileros mien-tras éstos recargaban los
mosquetes. De ahí la necesidad de cargar en líneas sucesivas, ya que la de
vanguardia absorbía el impacto de la primera descarga, siendo necesario
reiterar el esfuerzo. Las siguientes líneas podían atravesar a los soldados de
los cuadros, dado que la lanza tenía mayor longitud que el fusil con bayoneta.
Igual ventaja producía ese tamaño frente al sable de Húsares, Cazadores,
Dragones o Coraceros.
Los
Regimiento de Lanceros requerían, por contra, de terrenos aptos para las máximas
velocidades y limpios de obstáculos, que permitieran cargar grupa con grupa y
rodilla con rodilla. De ahí también que su armamento secundario lo
constituyese el sable recto (para herir de punta por delante del caballo y no de
filo en golpe hacia el flanco del jinete). También emplearon a veces carabinas
y pistolas.
En
España, después de un extraño desin-terés, resucitaron con la leyenda
levantada por los garrochistas en los campos de Bailén. Tendrían sus altibajos
a lo largo del siglo XIX, en función de los avatares políticos (es decir, económicos)
y militares, pues no debe olvidarse que un lancero requiere de un periodo de
instrucción largo y complejo. Su uniforme incluía la levita de cola y como
prendas de cabeza diferentes modelos de morriones o cascos (el llamado tarletón).
Dragones
El
Instituto hace su aparición en 1635. Formaba un Arma aparte, junto a la
Infantería, la Artillería y la propia Caballería. Nacen para combinar
selectivamente el impacto que las armas de fuego están causando, salvando las
limitaciones que el terreno desfavorable impone a las unidades montadas, como la
velocidad y la movilidad proporcionadas por el caballo en terrenos abiertos.
Combaten
tanto a pie (con arcabuces, mosquetes, fusiles y bayonetas en su caso), como a
caballo (con espadas, sables o pistolas). Para poder desmontar solían llevar
una maza y estacas que, clavadas al suelo, les permitían dejar los caballos
amarrados a ellas. En el Siglo XIX aparecen ya plenamente integrados en la
Caballería, hecho impuesto por el grado de especialización que requería la
conservación del ganado y la instrucción montada. En España, en 1707, cada
Regimiento constaba de 12 Compañías a 35 hombres, siendo una de ellas
distinguida como de Granaderos, encabezando los asaltos a pie.
Caracteriza
su vestuario inicial una casaca de origen francés llamada “dragonard”,
nombre que pudo evolucionar al de dragón, unido al concepto de “escupir
fuego” de sus arcabuces. Hasta bien entrado el siglo XIX su color tradicional
fue el amarillo y su emblema era una palma cruzada sobre un sable. Los caballos
solían ser de menor alzada y peor calidad que los del Arma de Caballería, por
contemplarse su empleo montado sólo de una forma parcial.
Cazadores
Caballería
ligera creada por Federico II de Prusia, combatían empleando preferentemente el
arma de fuego (carabina o tercerola e incluso pistola), aunque podían emplear
el sa-ble curvo. Durante la Segunda Guerra Carlista recibieron la misión de
actuar en apoyo de la infantería, cometido prácticamente definitivo en su
futuro, llegando a contar cada División con un Regimiento (siglo XX).
El
uniforme de los Cazadores (tradicionalmente verde), su armamento y su táctica
serán similares a los Dragones (por sus posibilidades de combate a pie con la
carabina), o a la de los Húsares (por sus posibilidades en misiones de
reconocimiento y seguridad), en beneficio de las grandes unidades de Infantería.
Como nota curiosa cabe decir que su emblema también era la hoja de palma y el
sable cruza-do, típico del resto de la caballería ligera (es decir Dragones y
Húsares de los siglos XVIII y XIX), si bien invertían la posición de éstos.
Línea
Denominación
general de Regimientos de lo que fueron distintos Institutos en un principio
(siglo XVIII), y que desplegaban a los flancos de las líneas formadas por la
Infantería. Con los primeros Borbones formaba la masa de la Caballería,
estando sus jinetes armados con espada y pistola. Encuadró posteriormente a
Coraceros y Lanceros hasta que en 1803 pasó a estar constituido por los
segundos exclu-sivamente. La gran reorganización de Ferraz a mediados del XIX
transformó en Caballería de Línea a toda el Arma, excepción hecha de los Húsares
de la Princesa. Posteriormente resucitaron los antiguos Institutos y
en 1892 la I Brigada de la División de Caballería consta de dos
Regimientos de Dragones y uno de Lanceros.
Húsares
Los regimientos de Húsares formaron siempre parte de la Caballería Ligera. Eran originarios de Hungría, pues “huszar” significaba el jinete y el caballo que una demarcación debía aportar por cada 20 hogares, para defenderse del turco. Combatían principalmente con el sable curvo (ideal para cortar a ambos lados del caballo, cargando en formaciones abiertas de guerrilla), junto a la pistola y ocasionalmente la carabina. Sus misiones normales fueron las de reconocimiento, seguridad, enlace y exploración.
En
España nacieron gran cantidad de Regimientos de este tipo en la Guerra de la
Independencia y en la I Guerra Carlista, debido a su menor coste económico a la
hora de equiparse, y a la especial idiosincrasia del guerrillero, pues la carga
en orden abierto no requiere de una especial disciplina ni instrucción montada,
a la par que se compensa la disparidad en la calidad del ganado, que hace
insostenible una carga en orden cerrado de líneas con tan desiguales monturas.
Por cierto que en este periodo húsares, cazadores y dragones se entremezclan
sin una muy clara diferenciación.
La
táctica del Húsar le hizo muy útil en misiones de seguridad y limpieza, como
se demostró en las Guerras Carlistas, operando contra las partidas guerrilleras
de la Mancha, Despeñaperros o el Maestrazgo, allí donde el terreno o el
enemigo hacían difícil el empleo de grandes formaciones tácticas. Eran
unida-des dotadas de gran iniciativa, acometividad y enorme disposición para la
acción ofensiva, formadas en muchos casos por personal de la propia tierra en
la que operaban. Posterior-mente (tras la I Guerra Carlista) fueron
constituyendo la élite de la Caballería, encuadrando a personal y ganado de la
mejor calidad.
Los vivos colores de sus uniformes eran una acertada medida de cohesión, que permitía la acción coordinada de los jinetes en las grandes distancias que originaba la amplitud de sus despliegues. Sus chaquetillas a medio poner sobre una sola manga no eran sino una forma de dejar libre el brazo que había de empuñar el sable. Generalmente tocados con chacós o mirlitones, reservaban para los primeros escuadrones el empleo de los costosos colbacs de piel.
¿SABÍA
QUE .....
...el
cuadro de Agustina que preside el despacho del Alcalde de Zaragoza fue pintado
en 1885 por Agustina Cobos Atienza, nieta de la heroína?. El cariño y
agradecimiento que la ciudad manifestaba por Agustina de Aragón llevaron al
Ayuntamiento a becar a la pintora para perfeccionar sus cualidades. En
agradecimiento ella donó el retrato al consis-torio y se presentó en la
Exposición Aragonesa de 1885-86. La autora fue ase-sorada por su madre, quien
le proporcionó la información relativa a los rasgos y vesti-menta usada por la
heroína, incluyendo el collar de perlas. Debido a su mal estado de conservación
fue restaurado por el pintor Manuel Navarro, quien lo recortó de un modo
desigual, llevándose parte del paisaje, la boca del cañón y la firma de la
autora, lo que originó un malentendido que llevó durante años a catalogar el
cuadro como obra de Marcelino de Unceta.
...Mariano
Renovales murió en 1820 en la prisión de Cabañas, en La Habana (Cuba), donde
se encontraba preso por participar en una extraña conspiración que pretendía
instaurar el liberalismo en España... apoyando a los indepen-dentistas
americanos?.
...el
coronel Antonio Sangenís tiene dedicado un vértice topográfico en el Campo de
Maniobras de San Gregorio, al que unos duendes de imprenta han acabado por
convertir en San Ginés?.
...Pedro
Villacampa se casó en 1799 con Leonor María de las Mercedes Serri, a quien en
su solicitud de licencia de ma-trimonio se define como “sol-tera de quince años,
hija legítima de D. Pedro Pablo Serri, de empleo comerciante, difunto, y de Dª
Isabel Periá-ñez, natural de la villa de Alcalá de los Gazules, de familia
honrada, de estado llano y sangre limpia”?.
...la
plaza José María Forqué, donde se encuentra la estatua de Palafox, se asienta
sobre el antiguo patio de armas del cuartel de Pontoneros, construido al tapiar
lo que en Los Sitios era Plaza de la Misericordia, escenario de combates en el
Primer Sitio?.
...la
cruz que coronaba la Torre Nueva fue instalada, en el momento de su derribo, en
el vecino templo de San Felipe y allí se encuentra hoy?.
...la
placa de cerámica que recuerda, en la calle Asalto, a los defensores de
Infantería fue colocada en 1958 para sustituir a la anterior de bronce (80
kilos), colocada en 1942 y que había sido robada?.
...Manuela
Sancho vivió hasta 1864, por lo que es el único personaje de Los Sitios del
que se conoce una foto?. Fue enterrada en Torrero y en 1901 se llevaron sus
restos a la iglesia del Portillo, donde ahora se encuentran, en la Capilla de
las Heroínas.
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LOS
SITIOS EN EL RABAL ZARAGOZANO
Santiago
Gonzalo y Paco Escribano
Andrés
Millán nos proponía el pasado septiembre desde estas páginas un paseo por las
calles del Rabal, ese pintoresco y poco conocido barrio zaragozano situado casi
a tiro de piedra del Pilar. Nosotros queremos volver a ellas para verlas con
otros ojos, para recordar lo que allí ocurrió durante Los Sitios de 1808 y
1809. En aquellos tiempos, el caserío apenas ocupaba el espacio hoy limitado
por las calles Sixto Celorrio, Valle de Zuriza y Matilde Sangüesa, con el añadido
extramuros del convento de Jesús. Sin embargo, su importancia fue tal que la
ciudad sólo pudo resistir dos días una vez hubo caído este arrabal, cortando
toda posibilidad de llegada de refuerzos y permitiendo el bombardeo del corazón
de la defensa: el Pilar.
Un
poco de historia
En
el Primer Sitio, los franceses no llegaron a cercar completamente la ciudad,
pues no contaban con suficientes fuerzas para ocupar la margen izquierda del
Ebro. Por ello se limitaron a mantener algunas fuerzas de Caballería y realizar
pequeños ataques con escasas fuerzas. Eso hizo que los zaragozanos tuvieran la
posibilidad de entrar y salir de la ciudad, y recibir suministros y refuerzos, a
través del Puente de Piedra, lo que impidió la caída de la capital. Episodio
muy famoso fue el protagonizado por el teniente Luciano Tornos, quien frenó en
el Puente la desbandada del 4 de agosto apuntando con un cañón de San Lázaro
a la multitud que huía del asalto francés.
Cuando
los franceses volvieron en diciembre, ya era conscientes de la importancia del
arrabal para la defensa. Por ello la división Gazan comenzó el Segundo Sitio
con un furioso ataque por el camino de Villanueva (calle Sobrarbe), el día 21,
que estuvo a punto de alcanzar el éxito. La rápida reacción dirigida
personalmente por Palafox obligó a los atacantes a retirarse hacia Juslibol,
dejando más de setecientos bajas, entre muertos y heridos. Durante los dos
meses siguientes, el cerco se iría estrechando progresivamente, impidiendo todo
contacto de los defensores con el exterior, hasta que se produjo el definitivo
asalto, el 18 de febrero de 1809. El avance provino de la carretera de
Barcelona, en la que había caído días antes el convento de Jesús. La ocupación
de los conventos de San Lázaro y Altabás cortó las comunicaciones con la
margen derecha, obligando a rendirse a más de 2.000 defensores. Zaragoza
capitulaba dos días después.
Un
breve paseo
Comenzaremos
nuestro paseo por el Puente de Piedra. En su arcada central encontramos una
cruz, colocada en 1908, que nos recuerda que “aquí
fueron vilmente asesinados el reverendo padre Basilio Boggiero y el presbítero
Santiago Sas. Aquí cayó mortalmente herido el general Barón de Warsage”.
Los dos sacerdotes fueron asesinados a bayonetazos el 22 de febrero de 1809, con
la ciudad ya en manos francesas, en flagrante incumplimiento de la Capitulación,
según la cual “la religión y sus
ministros serán respetados”. Se les consideraba impulsores de la defensa:
Boggiero como asesor de Palafox, de quien había sido preceptor en los
Escolapios, y Sas como jefe militar, ejemplo de “cura trabucaire”. Sus cadáveres
fueron arrojados al río, quedando los manteos enganchados en las estacas de
pilotaje, por lo que los zaragozanos tuvieron pronta noticia del crimen. El
militar bilbilitano fue herido el 18 de febrero cuando intentaba llegar al
arrabal para tomar el mando de su defensa.
A
la izquierda del Puente podemos ver la Arboleda de Macanaz, lugar de
esparcimiento de los zaragozanos desde hace siglos y que en 1809 se convirtió
en un gigantesco cementerio, pues allí fueron enterrados, en una fosa común,
los restos de miles de caídos del Segundo Sitio. El que fuera alcalde de
Zaragoza, D. Luis Gómez Laguna, contó a los autores que en unas obras de
acondicionamiento de los accesos al Puente, realizadas en los años 50, apareció
el principio del enterramiento. No deseando perturbar el descanso de aquellos
desdichados, la obra municipal volvió a cubrirlo, pero dejando, como pista para
futuros estudiosos, un semáforo en su vertical. ¡Lástima que no nos dijo cuál!.
La
calle Sixto Celorrio discurre casi exactamente por el perímetro del arrabal en
1808, por lo que fue fortificada, aprovechando como obstáculos militares los
canales y aliviaderos de la zona, que terminaba en las Balsas del Ebro Viejo,
hoy entrada al Parque del Tío Jorge.
Los
conventos
La
defensa del arrabal se había estructurado en torno a sus tres grandes
conventos. El de Nuestra Señora de Jesús se ubicaba en la actual plaza de ese
nombre; nada queda de este bastión defensivo avanzado, cuyas riquezas y
biblioteca causaron la admiración de los franceses tras ocuparlo el 8 de
febrero de 1809. Frente al puente, donde ahora se contruye un hotel, se
encontraba el convento de Nuestra Señora de Altabás (derivado de attahabas,
arrabales), que desde 1577 era Convento de Damas de Santa Isabel, regentado por
las clarisas, y del que sólo queda alguna tapia y el recuerdo en la iglesia
construida en 1892, en un solar distinto al original. Al otro lado de la avenida
de Cataluña y llegando hasta el Ebro, donde ahora hay un aparcamiento de
autobuses y un jardín, se alzaba el convento de San Lázaro, antiguo hospital
de malautos, leprosos, a cargo de
frailes mercedarios. Junto a él se encontraba un molino de aceite cuyos muros
caían a pico sobre el pozo de San Lázaro, en el Ebro.
Los
tres fueron convertidos en formidables bastiones, fuertemente protegidos y
artillados. Además, se dispusieron baterías exteriores de apoyo, con las que
cruzaban sus fuegos. A la izquierda del camino de Villanueva (actual calle
Sobrarbe) se levantó la batería del Rastro, el reducto de los Tejares y la
batería del Macelo eclesiático; por el camino de Barcelona se dispuso una en
el centro y otra en la torre del Arzobispo.
“La
Sublime Puerta”
La
caída de los conventos de Altabás y San Lázaro supuso la rendición de los más
de dos mil defensores del arrabal, la primera que conseguían los franceses tras
sesenta días de asedio. El ingeniero francés Belmas dejó constancia de lo que
luego se ha conocido como “la Sublime Puerta”, hecho ocurrido el 18 de
febrero: “A mediodía, cuatro brechas
se encontraban abiertas en las endebles murallas que formaban el cerco del
arrabal: dos en las primeras casas, cerca del muro del convento de San Lázaro,
una en su iglesia y la cuarta en el convento de Santa Isabel, situado al otro
lado de la carretera de Barcelona. En éste, la batería 31 había comenzado por
abatir una puerta que daba al patio. Pronto quedó destruida, pero los
campesinos la reedificaron y la sostuvieron con sus brazos. Una nueva salva la
destruyó y por segunda vez fue levantada. Para poner fin a esta obra, los
franceses batieron sus pilares. Se encontraron un montón de cadáveres detrás
de esta puerta que, cada vez que caía, sepultaba a los que la sostenían”.
Hoy podemos admirar este ejemplo de heroísmo con toda su trágica intensidad en
el monumento de la Plaza de Los Sitios.
El
Tío Jorge y Villacampa
Continuamos
el paseo por Sobrarbe, para de inmediato sumergirnos en el tipismo de la calle
Horno, que da paso a la Plaza de la Mesa (por la “mesa de contratación” de
jornaleros para las tareas agrícolas) y el callejón de Mariano Lucas,
lugarteniente de Jorge Ibort y su sucesor en el mando de los paisanos armados.
Este último era un anciano labrador, también conocido como Tío Jorge o Cuello
Corto, que trajo a Palafox el 25 de mayo de 1808 para que se hiciera cargo de la
ciudad y se distinguió durante todo el Primer Sitio. Falleció en noviembre,
antes de que volvieran los franceses, de las muchas fatigas sufridas. Una
sencilla placa en la fachada de su casa, en el número 10 de la calle a él
dedicada, nos recuerda que estamos en un punto muy poco alterado por el paso de
los siglos, aunque ahora amenazado por la ruina.
Pronto
llegamos a la Plaza de Rosario, un oasis de paz rural en medio de la gran ciudad
y nos encontramos con la antigua calle Tejar, rebautizada en 1863 porque “al
extremo de esta calle se levantó una batería para resistir los ataques del ejército
francés en el asedio de 1809; allí, y mandando las fuerzas que la guarnecían
estaba el célebre aragonés, coronel entonces, D. Pedro Villacampa. Habiéndose
distinguido tanto aquel jefe antes y después de ella, ha parecido oportuno
atribuir su nombre a la calle que fue teatro de algunos de sus rasgos de valor”.
En esa calle queda en pie un resto de fachada en el que se aprecia un escudo de
distinción concedido a los broqueleros, ciudadanos que ayudaron a sofocar el
motín del pan de 1766, entre los que ya se encontraban personajes tan
distinguidos en Los Sitios como Mariano Cerezo o el propio Ibort.
Nada
queda en la plaza de San Gregorio de las fortificaciones y baterías que
impidieron cualquier intento francés por esa zona. Pero si entramos en el
Parque, sí encontraremos el recuerdo de los hechos que aquí ilustramos: su
paseo central se llama “de los escopeteros del Rabal” y termina ante la muy
deteriorada estatua dedicada al Tío Jorge, ejemplo de la desidia e incuria con
la que los zaragozanos tratamos a nuestra propia historia.
Publicado
en la revista “Viajar por Aragón” –mayo 2002-.
Está
previsto un nuevo artículo en octubre.
ACTIVIDADES
EN EL ARRABAL
Como
viene siendo habitual cada mes de mayo, la Asociación de Vecinos Tío
Jorge–Arrabal ha organizado una serie de actos culturales, entre los cuales
destaca el Homenaje al Tío Jorge, que se está convirtiendo en una cita
obligada para nuestra Asociación. Este año tuvo lugar el domingo 26, con una
notable presencia de público, entre el que destacó la presencia del Cronista
de la Ciudad, el profesor Antonio Beltrán.
Se
está trabajando con la Asociación de Vecinos en una serie de concursos de
redacción, pintura y fotografía sobre “Los Sitios en el Arrabal”,
dirigidos a los colegios de este barrio zaragozano.