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La
página web de la Asociación.
Trafalgar
1805. El cambio de coyuntura.
Breve
relato del Primer Sitio.
¿Sabía
que ...?
Parece
mentira cuán rápido pasa el tiempo. Un año más volvemos a vernos en esta
tarde veraniega para recordar cómo se alzó el pueblo zaragozano frente al ejército
napoleónico en 1808. Precisamente en la conferencia se pretende explicar la
evolución de la sociedad española en aquellos años de comienzos del siglo XIX
que lo hizo posible. Y lo hará el profesor y novelista José Luis Corral, autor
de la exitosa “Trafalgar”. Para el homenaje a los héroes contamos, como es
habitual, con las bandas de la Diputación Provincial de Zaragoza y del
Regimiento de Caballería “Numancia”.
Queremos
agradecer muy especialmente la presencia y trabajo del Regimiento de Pontoneros,
que ha vivido duros momentos en las últimas semanas, como todos los miembros
del Arma de Ingenieros.
En
este boletín damos cuenta de iniciativas de la Asociación que pretenden
mantener vivo el recuerdo de Los Sitios. Esperamos que fructifiquen, pues se
empieza a notar cierto cosquilleo en
la sociedad zaragozana ante la cada vez más cercana llegada del Bicentenario.
Parece que las semillas sembradas por la Asociación en los largos años de sequía
empiezan a brotar.
...
llegó la gente de Belchite y otros lugares, y se tuvieron noticias favorables
del campamento de Tudela, e igualmente se aseguró la derrota del enemigo en
Cataluña.
Prosiguieron
en darse fusiles, y salieron varias compañías hacia Tarazona. Se llevaron a la
cárcel algunos franceses domiciliados y personas sospechosas, entre ellos a D.
José Viga, italiano, director de máquinas hidráulicas del Canal Imperial.
Este
día llegaron 200 ingenieros zapadores de Alcalá y algunos Guardias de Corps
escapados de Madrid, la mayor parte sin caballos ni armas.
Del
Diario de Los Sitios de Zaragoza,
de
Faustino Casamayor.
Ed.
Comuniter, 2000.
ÉXITO
EDITORIAL
El
11 de marzo tuvo lugar la presentación de nuestro XIV Premio, obra de Felipe Gómez
de Valenzuela. Casi increíblemente para cuantos llevamos unos años peleando
con el poco interés de nuestros conciudadanos hacia estos temas, se está
vendiendo muy bien. Los socios pueden recoger su ejemplar en nuestra sede.
PUBLICACIONES
Se
pueden conseguir los boletines anteriores en FOTOKOPIAS,
C/ Corona de Aragón, 22-24, 50009 Zaragoza, Tel/fax 976 56 58 53 (preguntar por
Charo) fotokopias@cepymearagon.es
En
http://cervantesvirtual.com
se pueden encontrar numerosos libros de todas las épocas y estilos literarios
como el Bosquejillo de Mor de Fuentes
o el Zaragoza de Pérez Galdós (http://cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=4598).
CHARLAS
Algo
se mueve en Zaragoza. Así puede interpretarse el interés de ciertas entidades
por conocer algo más sobre Los Sitios. En los últimos meses se han dado
charlas en la Universidad Popular, el distrito Universidad y el Ayuntamiento de
Longares. Está prevista una mañana, a
las 18 horas, en el Centro Cultural Casablanca y otra en el Pabellón
Municipal de Juslibol, el día 20 a las 19, como inauguración de las
Jornadas Culturales.
PROMESAS
ELECTORALES
El número 2 del PP en el Ayuntamiento de Zaragoza, Domingo Buesa, mantuvo una reunión con varios asociados durante la campaña electoral. Destacó que el Museo de los Sitios era una asignatura que debía aprobarse antes del 2008 y se comprometió a construirlo en tres años y a tenernos en cuenta en su definición. También prometió solucionar la ubicación de la Asociación en el Museo. Esperemos que el nuevo equipo de gobierno asuma tales objetivos.
XIX
PREMIO LITERARIO
Se
convoca el certamen para trabajos sobre la Guerra de la Independencia. Deberán
ser inéditos y pueden entregarse en nuestra sede hasta
el 9 de enero de 2004. Se identificarán con pseudónimo; en sobre aparte se
adjuntará documento acreditativo de la identidad del autor. Se presentarán por
triplicado, a una cara, en A-4, y con un mínimo de 100 páginas para el Premio
Especial y de 20 para el de Jóvenes (hasta 18 años). Se adjuntará en soporte
informático. La entrega de premios se realizará en el Paraninfo el 20 de
febrero. El Premio de Investigación Histórica
está dotado con 1.500 euros y medalla.
Para el Premio a Jóvenes la Academia
General Militar cede libros por 300 euros y medalla.
Heraldo
publicaba el 1 de junio una extraña noticia sobre la rehabilitación de la Casa
de Los Sitios, en la calle Doctor Palomar. Por un lado hablaba de iniciativa
privada y por otro dejaba caer la intención de los propietarios de venderla a
alguna institución pública. ¿Estamos ante una nueva “Casa Palafox”?.
Esperemos que “Don Quien Corresponda” tome las medidas para que esa esquina
no siga el triste camino de tantos otros inmuebles víctimas de la piqueta o de
una inmisericorde “rehabilitación”. Al respecto, hemos enviado una carta al
párroco de Santiago, pidiéndole respeto a los restos de Los Sitios en las
obras de restauración de la iglesia.
Un año más disfrutamos de la hospitalidad de la Asociación de Vecinos Tío Jorge-Arrabal, que el 24 de mayo conmemoró la entrada de Palafox en Zaragoza en 1808. En este caso, además, se le entregó a nuestro Presidente de Honor una placa para la Asociación. Muchas gracias.
De cara a la conmemoración del segundo centenario de Los Sitios, en 2008,
La
Alfranca recobrará al fin su importancia histórica.
Publicado
en Heraldo el 16 de febrero de 2002
Se
asienta cerca del Ebro, en término municipal de Pastriz, a 17 kilómetros de
Zaragoza capital. En realidad, el topónimo corresponde a una finca de igual
nombre, la torre de La Alfranca, que tiene su mejor acceso desde La Puebla de
Alfindén. Es una explotación agrícola, administrada por el Instituto de
Reforma y Desarrollo Agrario. Así es como yo la conocí, hace de ello ya varios
lustros. Allí residieron en el pasado alrededor de cuarenta familias. Yo acudí
buscando el recuerdo de Palafox, a sabiendas de que en Aragón somos poco
aficionados a bucear en nuestra historia para desentrañar los orígenes del
presente y aprender lecciones provechosas.
Al
fondo se levanta la torre de Palafox, conocida también como palacio de los
Marqueses de Ayerbe, escoltada por árboles corpulentos, quién sabe si testigos
ya del primer capítulo de Los Sitios, los que vieron llegar un día a Jorge
Ibor, el "Tío Jorge", en compañía de Bus, Aced y otros patriotas
del Arrabal, en busca de su caudillo.
José
Rebolledo de Palafox y Melci se instaló allí en mayo de 1808. Había llegado a
Zaragoza el día 4 de ese mes, con la intención de constituir un consejo de
regencia que debería presidir el infante don Antonio. Los amigos de Palafox habían
preparado el secuestro de Su Alteza, a su paso por Tolosa. Pero estos planes
fueron descubiertos por el capitán general de Aragón, Jorge Juan de Guillelmi,
y Palafox recibió la orden de trasladarse inmediatamente a Madrid. Fue entonces
cuando decidió ocultarse en su torre de La Alfranca. El 24 de mayo estalló la
ira popular, al conocer la renuncia del rey de España, Fernando VII. Los grupos
capitaneados por el "Tío Jorge" invadieron la casa del capitán
general, al que obligaron a entregar las armas al pueblo. Al día siguiente se
presentaron en La Alfranca y regresaron a la ciudad llevando en triunfo a
Palafox.
A
mí me deprimió, en aquella visita que recuerdo, el abandono de aquel histórico
escenario, la dejadez que se apreciaba en él. La iglesia contigua, de ladrillo
caravista y dos cortas torres octoganales, no había corrido mejor suerte. Un
cartel recordaba la generosidad y el celo de los Marqueses de Ayerbe, familia
vinculada a Palafox. Confío en que el sino de La Alfranca cambiará a mejor con
motivo de la conmemoración del segundo centenario de Los Sitios de Zaragoza.
Alejandro
Toquero
Publicado
en “Viajar por Aragón”, febrero de 2003.
En la finca de La Alfranca existe un conjunto arquitectónico notable y muy poco conocido en el que destacan la casa palacio de los marqueses de Ayerbe, el convento de San Vicente de Paúl y la fachada principal de las caballerizas. Después de pasar por distintos usos y ser testigos de épocas de esplendor y de otras de abandono, en estos momentos el Gobierno de Aragón ha asumido su recuperación con el objetivo de ubicar en la finca el Centro Medioambiental de Aragón. Las obras avanzan a buen ritmo y en pocos meses este centro abrirá sus puertas al público, por lo que las diez mil personas que el año pasado visitaron la reserva natural y su centro de interpretación es previsible que se incrementen notablemente. En la casa palacio, rodeada de jardines y estanques, se ubicará una exposición histórica y en el convento de San Vicente de Paúl se instalará el centro de interpretación de la naturaleza, con más de mil metros cuadros de superficie expositiva. Se trata, sin duda, de un magnífico proyecto, de un observatorio privilegiado que deberá compartir intereses y objetivos con la cercana reserva natural de los galachos de La Alfranca de Pastriz, La Cartuja y el Burgo de Ebro. Ojalá lo consiga.
Ubicado
en la antigua Finca de La Alfranca, a dos km de Pastriz y tres de La Puebla de
Alfindén. Abierto al público los fines de semana y festivos de todo el año
excepto agosto y fiestas navideñas. De 10 a 14 horas y de 15 a 18 horas.
Visitas
guiadas al observatorio. Fines de semana: 11, 12, 13, 16 y 17 horas. Teléfono:
976 277638.
En
la actualidad, cualquier labor de difusión como la que pretende la Asociación
Cultural “Los Sitios de Zaragoza” debe contar con esa poderosa herramienta
que es Internet.
Cualquier
investigador acude a ella con una naturalidad y una confianza muy chocantes para
cuantos se han curtido en el estudio de la Historia con procedimientos muchos más
pegados al papel mohoso y la oscura biblioteca o el recóndito archivo. Y ello a
pesar de las dudas de credibilidad que plantea la Red, pues en ella se vuelcan
informaciones difícilmente contrastables o, en muchas ocasiones, directamente
falsas o erróneas.
La
Asociación era consciente de ello y hace años se dieron unos tímidos pasos
para cubrir este flanco del conocimiento histórico. Se consiguió un importante
avance con el trabajo desarrollado por Francisco
Perla Mateo, estudiante de 3º de
Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Zaragoza e hijo de
nuestro querido José Luis Perla, que diseñó una estructura inicial de página,
con buenas relaciones cruzadas entre sus diversos componentes.
Pero
el mayor problema de cualquier página web es su necesidad de permanente
actualización. Y esa labor ha sido asumida con gran entusiasmo por Angel
Muñoz, un nuevo socio “fichado” hace pocos meses y que está
desplegando toda la experiencia acumulada en su
http://www.terra.es/personal4/filomenas/,
de la que ya dimos cuenta en estas páginas.
El resultado se presenta ahora en sociedad. Con un formato atractivo y que permite los rápidos saltos entre todas sus secciones, la página informa de los diversos aspectos de la Asociación y su trabajo, estructurados en tres grandes bloques:
1.
Asociación:
Que incluye sus objetivos, historia y estatutos, así como la hoja de solicitud
de inscripción para nuevos socios.
2.
Los
Sitios:
Con diversos aspectos de carácter histórico, incluido un listado bibliográfico
y los enlaces con otras páginas web, como la de nuestros Voluntarios de Aragón y de otras asociaciones similares a la
nuestra.
3.
Pero
es el apartado de Actividades el
llamado a ser la “estrella” de la página, pues en él se están incluyendo
los avisos a los asociados y aficionados, las Rutas, la convocatoria del Premio
Literario y las publicaciones de la Asociación o sobre Los Sitios. De hecho, se
pueden encontrar todos los boletines publicados hasta la fecha, incluido el que
ahora mismo está leyendo.
Se
dispone, además, de un contador, que permite comprobar el número de entradas
recibidas, y un libro de visitas con las opiniones de quienes quieran pedir
información, dar ideas o aportar conocimientos a “nuestro tema”, del que
tantos creen saberlo todo y todos ignoramos tanto.
Pero
es sólo el principio. Para que la página se mantega viva y sirva a nuestros
fines es precisa la colaboración de todos. ¿Tiene usted la biografía de algún
personaje?, ¿un trabajo sobre una acción, una fecha o la uniformidad de algún
Cuerpo?, ¿un documento original y poco conocido?, ¿alguna noticia sobre una
actividad de maquetismo o reconstrucción?, ¿la presentación de un libro?. En
esta página será bienvenida y se puede difundir de la misma forma que los
trabajos ya incluidos.
Tenemos
la posibilidad de dar un gran salto adelante. Internet es un medio de difusión
y crecimiento para el futuro. Aprovechémosla.
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"TRAFALGAR
1805: EL CAMBIO DE COYUNTURA".
José
Luis CORRAL LAFUENTE
nació en Daroca (Zaragoza) en 1957. Es licenciado en Filosofía y Letras (Sección
de Historia) por la Universidad de Zaragoza, con la calificación de
sobresaliente "cum laude" y premio extraordinario de licenciatura. Se
doctoró en Filosofía y Letras (Sección de Historia) por la misma Universidad
en 1983, también con sobresaliente "cum laude". En la actualidad es
profesor y director del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de
Zaragoza.
Como
investigador ha dirigido diversos proyectos sobre la Historia y la Arqueología
del Aragón medieval, ha participado en medio centenar de congresos nacionales e
internacionales y ha dirigido más de medio centenar de cursos y seminarios.
Como historiador ha publicado más de ciento cincuenta libros y artículos sobre
Historia, Arte y Arqueología de Aragón y de la Edad Media, entre otros Historia de Daroca (1983), Cartulario de Alaón (Huesca), La formación
territorial de Aragón (1985), La cultura islámica en Aragón (1986), La
Comunidad de aldeas de Daroca en los siglos XIII y XIV (1987), Historia de Aragón
(1992), Zaragoza musulmana (1998), Historia del dinero y de la moneda (1998),
Historia contada de Aragón (2000), Mitos y Leyendas de Aragón (2002) o
La torre y el caballero (2002).
Ha
realizado diversos guiones para radio y televisión y dirigido programas de
radio y suplementos especiales en prensa diaria. Por su guión y dirección histórica
en la Historia de Aragón en vídeo recibió la medalla de plata en el
XXXIV Festival Internacional de Cine y TV de Nueva York en 1992. Ha sido asesor
histórico del director Ridley Scott en la película 1492. La conquista del paraíso, de Paramount. Es colaborador
semanal en el programa "La rebotica", de Radio Zaragoza, y escribe un
artículo semanal en El Periódico de Aragón.
Ha
participado en numerosas actividades literarias y encuentros de escritores, y
fue invitado por el Ministerio de Cultura para participar en la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara, Méjico (noviembre de 2000) en el año
dedicado a España.
Como
escritor ha publicado las novelas históricas El
salón dorado (1996), El amuleto de bronce. La epopeya de Gengis Kan (1998), El
invierno de la Corona (1998), El Cid (2000) y Trafalgar (2001), su última
novela en Edhasa, ambientada en la España de 1804 a 1808. Ha publicado la
novela corta El espejo griego (1999) y
el relato El corazón rojo (1998).
Además ha escrito varios relatos para obras colectivas.
En
su conferencia pretende reflejar cómo, a principios del siglo XIX, España ha
dejado de ser una gran potencia. Agotada tras varios siglos de esfuerzos, tal
vez demasiado grandes para sus posibilidades, España ha pasado a ocupar un
segundo nivel en la política internacional. En 1804, recién proclamado Napoleón
como emperador de los franceses, son Francia e Inglaterra la potencias entre las
que se dirime la hegemonía mundial. España, atenazada por la tradicional
alianza con Francia desde la llegada al poder de los borbones, se verá obligada
a combatir en una lucha desigual en el mar contra la poderosa Armada británica,
que en los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX irá minando la
resistencia y el poderío naval español hasta la derrota fatídica del cabo de
Trafalgar en octubre de 1805. Trafalgar es el verdadero fiel de la balanza que
marca, definitivamente, el declive de la Marina española y anuncia el cambio de
estrategias y de planes bélicos que conducirán en 1808 a la Guerra de la
Independencia.
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El príncipe de Asturias sonrió. Sus ojos denotaban ambición sin límites y su rictus era el de un hombre cruel y sin escrúpulos, capaz de vender a su madre al mismísimo diablo con tal de lograr sus propósitos. Si la amoralidad tuviera un rostro humano, ése sería si duda el del príncipe de Asturias. Se le veía impaciente por alcanzar el trono, y no dudaría en calumniar, mentir y traicionar a quien hiciera falta y cuantas veces fuera necesario para alzar sobre su cabeza la corona del reino de España.
Faria había tenido en más de una ocasión la tentación de saltar sobre el cuello de Carlos IV y estrangularlo a causa de su desgana por los asuntos de Estado y por estar más pendiente de cazar perdices o de lijar sillas que de gobernar el país, pero a la vista de los oscuros ojos del príncipe, que rezumaban envidia, odio y traición, compadeció a los españoles si alguna vez tenían la desgracia de caer en manos de aquel individuo.
- Me alegra que defienda a mi madre, conde, hasta las arpías fueron creadas por Dios y les dio un lugar en la tierra, pero no en los palacios reales, sino en los pedregales y en las cuevas, que es su sitio natural. Y en cuanto a la propuesta de vuestro tío.... déjeme que le diga una cosa, y transmítasela así a Godoy: ni aunque me ofreciera todo el imperio inglés embalado en una caja de oro lo admitiría a mi lado. Ese hombre ha intentado humillarme cuantas veces ha tenido ocasión para hacerlo; yo soy el heredero legítimo a la corona de España y el Choricero no es sino un advenedizo soldado de fortuna que tuvo la suerte de que una reina inane se encaprichara de él. Yo lo maldigo y le deseo que se pudra cuanto antes en el infierno, que es donde por sus pecados le corresponde estar.
- Pero alteza, los franceses están acantonados a las puertas de Madrid, debemos estar todos unidos, o en caso contrario sólo gobernaréis un reino de cadáveres y de muerte, o un recuerdo imposible.
- Mejor gobernar un cementerio o una quimera que tener como primer secretario a esa víbora. ¡Cómo puedo confiar en alguien que es capaz de vender a quien lo ha colocado en su puesto para mantenerse en el mismo con una traición! El pueblo me desea, me aclama, quiere que yo sea su rey, y odia a Godoy y a mi... a la reina. Godoy es el culpable de las penurias que atraviesan los españoles, y dice usted que lo ratifique en su puesto a cambio de que me reconozca como rey... Sepa, señor conde, que si en mi futuro gobierno apareciera su tío como jefe del mismo, yo sería tan odiado por mi pueblo como lo es él. Dígale que su única salida es el exilio y su único capital su propia vida. En cuanto a usted, conde, podrá quedarse aquí en Madrid, me he comprometido a mantener en sus puestos a todos los oficiales del ejército que me juren fidelidad; en caso contrario puede ir preparándose para acompañar a su tío al exilio, porque si no me jura lealtad, no le auguro un final feliz. Ya me entiende. Usted pertenece a una de las familias más nobles de Extremadura, y por lo que sé, todavía no existe un heredero al condado de Castuera. Si usted traicionara a su soberano, perdería su puesto, sus cargos y su título, que pasarían a la corona. Piénselo, conde, piénselo bien y pronto.
Faria salió de su entrevista con el príncipe de Asturias tan confuso como un preso al que hubieran liberado sin previo aviso, a la luz del mediodía y en medio del paseo del Prado un soleado domingo de junio tras haber permanecido en una celda aislada de los sótanos de la cárcel de la Inquisición durante diez años.
José
Luis Corral Lafuente
Trafalgar.
Ed. Edhasa, 2001, pp.417-9
Reproducido
con permiso del autor y la editorial.
José
Antonio Alaya
Presentador
de Protagonistas Zaragoza
El
siglo XX ha pasado a la historia como “El Siglo de las comunicaciones”. El
arrollador progreso de las tecnologías de la comunicación durante este período
ha hecho posible que hoy no tenga ninguna dificultad dar con crónicas, imágenes
o sonidos de cualquiera de los conflictos bélicos que, desde la Primera Guerra
Mundial, han sacudido el planeta.
La
Guerra Civil Española, el ataque a Pearl Harbour, el hongo exterminador de
Hiroshima, el horror de los campos de concentración nazis, los helicópteros
americanos sobrevolando la selva vietnamita, cascos azules asomando de carros
blindados en los Balcanes, los recientes bombardeos nocturnos sobre Bagdad; cada
una de las guerras del siglo XX ha dejado para la posteridad imágenes y sonidos
que todos recordamos.
A
falta de un legado audiovisual, la guerra de la Independencia nos dejó un
legado artístico. No hubo reporteros gráficos jugándose el tipo para grabar
un fusilamiento, aunque el pincel de Goya inmortalizó
Los Desastres de la Guerra. Han sido los libros de historia, los antiguos
archivos o los diarios de los altos mandos militares los que han cumplido el
cometido que en estos tiempos nos facilitaría la tecnología.
Cuando
nació el espacio sobre Los Sitios en Onda Cero nos planteamos el reto de
familiarizar a los oyentes con la realidad de aquellos meses en los que los
zaragozanos desayunaban tazones de coraje, a falta de leche y pan con la que
alimentar el valor. Queríamos, con toda la humildad que nos permitía nuestra
ambición, ejercer como cronistas de Los Sitios dos siglos después.
A
estas alturas del viaje, cuando rectificar el rumbo ya no remendaría los traspiés
dados (que no habrán sido pocos por mi parte) espero que quienes nos escuchan
se encuentren seducidos por la Historia de aquellos meses de horror, al menos
una mínima parte de lo que yo lo estoy.
Hoy,
camino por Echegaray y Caballero, a la sombra del Pilar, y sé que los
desperfectos de una de sus esquinas son la secuela de un bombardeo de la
artillería francesa; que el actual Paseo de la Constitución fue el punto del
mapa sobre el que Napoleón puso su dedo indicando por dónde había que tomar
la ciudad; sé que donde hoy se levanta El
Corte Inglés de Sagasta, se defendió el reducto del Pilar; y, a veces,
pienso, mirando al Ebro, en los restos de los paisanos muertos que,
probablemente, reposan bajo algún semáforo próximo al puente de Piedra.
Sin
dejar de recrearnos en lo que de legendario, y hasta de novelesco, tienen los Héroes
de los Sitios, hemos tratado de fotografiar con la imaginación instantáneas
tan reales como nos permiten los datos objetivos y contrastados, planteados en
cada programa. Así es como hemos narrado las circunstancias en las que Agustina
de Aragón, Palafox, el Tío Jorge, Mariano Renovales, Antonio Sangenís, la
Madre Rafols o tantos otros, forjaron su mito.
Como
informadores, cada viernes intentamos hacernos las mismas preguntas que nos hubiéramos
hecho en 1808 de haber existido la radio, de haber sido reporteros de una guerra
de dentadura y navaja contra sable y pólvora. Al comenzar estos espacios
convinimos con nuestros “reporteros” de la Asociación que no sólo debíamos
contar la historia escrita ya en los libros. Debíamos trabajar sobre un manido
eslogan periodístico, aquello de “la otra cara de la noticia”. Queríamos
detallar, por ejemplo, cómo llegaban los suministros durante el asedio, qué
picardías utilizaba una madre para alimentar cada día a su familia, con poco más
que unas peladuras de patatas. Despertaba nuestra curiosidad el armamento que se
utilizaba, los uniformes que distinguían a los militares, la atención
sanitaria, las epidemias que diezmaron a la población o qué papel desempeñaron
las mujeres.
Tras
más de cincuenta programas quiero pensar que aquellos que nos siguen tienen ya
compuesta una idea clara de lo que ocurrió hace menos de diez generaciones
sobre el suelo que hoy pisamos.
Si
es así, no nos corresponde a nosotros mayor mérito que el de haber abierto
nuestros micrófonos a las personas que, de verdad, se han comprometido con esta
ardua misión: los “reporteros” de Los Sitios, que con datos contrastados,
nombres, fechas y lugares, han venido elaborando los excelentes documentos
radiofónicos que hasta ahora hemos emitido. De estos reporteros (sí, esta vez
sin comillas) es el auténtico mérito de la buena aceptación que tiene el
programa.
Además
de la aprobación de nuestros oyentes, tenemos otras ambiciones. Como Napoleón,
pretendemos seguir conquistando territorios y que, además de ser un instrumento
de difusión, podamos serlo de reivindicación. Que la inquietud generada se
traduzca en una apuesta firme de las instituciones por la riqueza histórica que
el tiempo nos ha brindado. Reivindicamos que se mire de frente al año 2008 y
que se impulse con energía el Museo de Los Sitios, para empezar.
Aunque
la auténtica reivindicación está dirigida a cada uno de nuestros oyentes. Les
animamos a que desarrollen el interés que les hayamos podido despertar por este
capítulo apasionante y desgarrador de nuestra Historia y se detengan a pensar
en aquellos miles de paisanos cuyo coraje quitó el sueño al pequeño emperador
francés que sembró el terror por Europa. Al cabo, por las venas de cualquiera
de nosotros debe de correr la sangre de un héroe (anónimo o célebre) de Los
Sitios de Zaragoza. Así es como a mí me gusta verlo.
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LOS
SITIOS EN LA RADIO A
LAS 13,15 HORAS, EN
ONDA CERO ZARAGOZA (99,4
Mhz FM) |
Llegados
a Zaragoza, encontramos ya los ánimos muy inflamados, y los fogueamos más y más
con la relación individual de los hechos, poniendo siempre por corona o
ramillete, la atrocidad infernal de que a cuatro esquiladores aragoneses que salían
del Retiro, sólo porque llevaban sus tijeras, [...] los habían también
ejecutado, esto es, asesinado en el acto.
Es
de saber que el 2 de mayo, el jaquetón Murat, ateniéndose al sistema de D.
Quijote en la aventura del rebuzno, con aquello de que es de varones prudentes
el guardarse para mejor ocasión, al primer estruendo del alboroto, tuvo a bien
poner pies en polvorosa. [...] Aplacada la tormenta, acudió a Madrid con
altanera soberanía para sacrificar al pundonoroso Cienfuegos y demás patriotas
indefensos. Hacíamos volar estas especies por Zaragoza, y así iban ya sonando
por el gentío las voces de muera Murat, y sus semejantes, con algunas mucho más sucias y
acaloradas.
Por
fin el 25 de mayo llegó el correo que traía el cohete incendiario, [...], el
notición de las renuncias en Bayona, y el nombramiento del fugitivo Eneas, del
héroe de la Mancha, para la lugartenencia general de la Monarquía. Desde muy
por la madrugada se fueron agolpando corrillos frente al Palacio del general
Guillelmi, que estaba cerca de mi casa; y a eso de las diez, habiéndose
reforzado en gran manera, subieron hasta su vivienda, y sin usar de rodeos, le
pidieron armas para defenderse de los Franceses. Es de saber que a la sazón no
había en la ciudad ni en Aragón una sola compañía de soldados, excepto los
miñones, que, como se sabe, no son tropa de línea, y se reducían a unos 200
hombres.
El
General contestó que carecía de medio y sobre todo de órdenes. Los
demandantes replicaron si las esperaba de Murat, actual soberano de la nación,
y que éstas serían de aherrojarlos a todos. El paradero de la contienda fue
prender al mismo Guillelmi, y cercado de gente armada, lo vi pasar con bastante
serenidad por debajo de mi balcón, camino del castillo de la Aljafería, donde
le dejaron encerrado.
Ya
se habían descargado del superior que se oponía aferradamente a sus miras,
pero ¿quién se encargaba del mando en circunstancias tan azarosas? Brindaron
con él a Cornel, que había sido ministro de la guerra, al Conde de Sástago y
a otros; todos se estremecieron a semejante propuesta, y se negaron con
desesperados extremos a tan arriesgado trance.
Los desalados vecinos andaban de calle en calle con las armas en la mano, buscando ansiosamente, y sin cometer el menor exceso, un oficial aragonés que se dignase empuñar el bastón. En esto, a la hora de la siesta del 25, asomaron en mi casa dos clérigos de la Iglesia de San Miguel, y me dijeron que se había pensado en mí para general; y que si yo aceptaba la propuesta, vendrían luego los labradores de su parroquia armados para aclamarme y escoltarme a la Audiencia para solemnizar mi nombramiento. Contestéles con las mismas veras que me manifestaban, que habiendo presenciado las atrocidades de los ya enemigos en Madrid, estaba pronto a sacrificarme por la causa nacional; pero que me constaba de ciencia cierta haber ido varios mozos de la clase media en busca de Palafox, que se hallaba en la torre de Alfranca, recién venido de Bayona, que por mi cuenta debía llegar aquella misma noche, y cuando no, la mañana siguiente se tomaría el partido que se juzgase más acertado.
Vino
en efecto aquella noche Palafox, le vi la madrugada inmediata; y dígase cuanto
se quiera de la resistencia que opuso al principio, lo cierto es que admitió el
mando, y con este arriesgadísimo arrojo, reunió los ánimos, concentró las
providencias y las operaciones, e hizo un servicio señaladísimo a la patria.
El
entusiasmo general rayaba en frenesí. Se alistaron facilísimamente los
batallones, las compañías se solían formar por gremios u oficios, y la de
albañiles en especial, encerrándose en la plaza de toros, rehusaba todo género
de respiro en larguísimas horas; [...] en el término de una semana se habilitó
perfectamente en el manejo del arma y en los principales movimientos del ejército.
Pero se padecía suma escasez de oficiales, y este vacío no se suplía con la
excelente voluntad de los más cabales en miembros y en potencias.
Extendí
desde luego un plan de operaciones, encargando particularísimamente no se
presentasen nuestros reclutas a la caballería enemiga, que ya estaba en marcha,
y que forzosamente los había de arrollar. Llevé mi escrito al general con todo
estudio a la hora de hallarle en la mesa, y recomendé a cuantos le rodeaban se
tuviese muy presente su contenido. Así lo ofrecieron todos, pero luego
trascordaron su palabra en el acto de su ejecución.
Llegaron
nuestras avanzadas hasta Tudela; vinieron los enemigos y las dispersaron al
vuelo, haciendo luego otro tanto con nuestros cuerpos bisoños en Aragón, de
modo que sin un destacamento de voluntarios de Aragón que milagrosamente se
apareció aquellos días, a las órdenes de mi íntimo amigo y bizarrísimo
oficial D. Pedro Gasca, que guarecido de unas tapias a las orillas del canal,
con sus oportunas descargas contuvo al enemigo, aquella misma tarde se apodera
éste de la ciudad absolutamente desprevenida.
Se
presentó el día siguiente, y aun se internaron algunos soldados por las
calles, mas perecieron casi todos, y los demás fueron rechazados. Entonces se
acudió a formar una especie de reductillos o baterías por las puertas con
ramaje, sacos a tierra, en fin como se pudo, pero sin resguardar la tapia larga
y bajísima del Carmen y Convalecientes, como que todo pertenecía a una ciudad
cercada de paseos amenísimos sin el más remoto viso de plaza militar, y
careciendo de tropas y de fortificación, no le quedaba más recurso que oponer
como dice Arriaza: Brazos de hierro y pechos de diamante; cual lo practicaron en
efecto sus ínclitos moradores.
Ocurrióme
aquel mismo día 15 de junio subir a la torre nueva para observar a los
enemigos, y casualmente tuvo en aquel punto el mismo pensamiento el Comandante
de Artillería, y desde luego convinimos en la necesidad indispensable de que se
estableciese allí mismo una especie de atalaya, para otear de continuo las
operaciones de los Franceses, y como el otro tenía que acudir a las urgencias
de su ramo, me suplicó que me encargase de aquel destino. Como faltaba el
General, y no vino hasta pasado algún tiempo, fue preciso participar aquella
determinación a su hermano el Marqués de Lazán, que ejercía el mando, quien
la aprobó altamente.
Mi
amiga la condesa de Bureta tenía su casa en la inmediación, subió a visitarme
brindándome con los excelentes anteojos que heredó de su padre, muerto de
Teniente General hacía algún tiempo. Por este medio atalayaba a mi satisfacción
al enemigo, y así en mis partes solía especificar el número cabal de tropa, y
el calibre y la calidad de las piezas que se ponían en movimiento, para sus
ataques o expediciones.
Como
los Franceses se habían apoderado, por los ardides vil y soezmente
bonapartescos que son bien notorios de la ciudadela y plaza de Pamplona, tenían
expedita la carretera de Navarra para enviar cuantos refuerzos necesitaban a
Lefebvre, sobrino del Mariscal, que era el encargado del sitio. Con este motivo
sus movimientos eran incesantes, y así Martínez de la Rosa estuvo muy
escasamente informado, cuando dice que los enemigos dieron a la ciudad hasta
seis ataques. [...] aun cuando añadiera un cero a su escasillo guarismo, no
alcanzaría a expresar la verdad, pues en efecto fueron más de 60 los avances o
refriegas que se empeñaron en los dos meses que duró la contienda.
Apenas
sonaba el eco de arrebato en mi Torre nueva, todo el vecindario abandonaba sus
faenas, y volando al Coso para informarse del rumbo que traía el enemigo, se
abalanzaba en riada al punto amenazado, y no volvía a sus hogares sino
triunfante y satisfecho. Las mujeres, hechas unas furias infernales, clamaban
por metralla, y en cuajando sus canastos iban a carrera a llevarla en persona a
las baterías, aguijoneando y tal vez avergonzando a los hombres que las servían.
Las señoras principales solían ir también a repartir personalmente la comida
a los artilleros; quienes con estas demostraciones enloquecían de entusiasmo.
[...]
Llegó el regimiento de Extremadura casi en cuadro, pero su bizarra oficialidad
fue de suma importancia para completar y habilitar el cuerpo y desempeñar el
servicio con todo esmero y valentía.
A
primeros de julio asomó un oficial de Marina que quiso encargarse de la
Comandancia de la atalaya, con lo cual pude complacer al General, en ir
absolutamente solo a reconocer el estado de nuestra raya con Francia por la
parte confinante a Cataluña, de donde no se tenía en Zaragoza la menor
noticia.
El
11 de julio salí con dos señoras que iban a Huesca, en un carrito cubierto,
que no parece llamó la atención a los enemigos, que ya habían pasado el Ebro,
e infestaban su izquierda con partidas de caballería. Anduve el Pirineo, [...]
tomé conocimiento del estado y urgencias de Venasque, y bajé a Monzón que
estaba también comprendido en mis credenciales, y traté de dar luego la
vuelta.
Durante
mi ausencia ocurrió la catástrofe de Falcó y de Pesino, y el 4 de agosto fue
la memorable entrada de los enemigos en la ciudad, cuyos habitantes, en especial
los de las parroquias de San Miguel y de la Magdalena, acabaron completamente
con la columna formidable de granaderos que ocupaba el Coso, y desde entonces
los Franceses desahuciados de apoderarse del pueblo, y teniendo a la espalda por
otra parte al Conde del Montijo con las tropas de Valencia, trataron de levantar
el sitio, como lo verificaron atropelladamente la noche del 13 al 14 del mismo
agosto. Con esta novedad, siendo ya infructuosa mi presencia en Zaragoza, me
detuve en casa algún tiempo hasta que dispuse mi viaje para Madrid.
de
José Mor de Fuentes
http://cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/02473867699564819606746/index.htm
¿SABÍA
QUE .....
... los franceses llegaron a tener en cárceles y campos de prisioneros a 65.000 españoles durante la Guerra de la Independencia? ¿Y que hubo 20.000 franceses prisioneros en Cádiz y Cabrera, además de otros 75.000 que fueron enviados a Gran Bretaña?
... los 13.000 españoles capturados en Zaragoza fueron enviados a los campos de Nancy, Niort, La Rochelle, Saintes, Caen y Grenoble, a una media de 650 kilómetros de distancia?
...
fueron los franceses los que diseñaron el actual Paseo de la Independencia, que
fue desescombrado por cien hombres, adornado con cuatro hileras de árboles e
iluminado con grandes faroles que permitían el paseo nocturno?. ¿Y que
ajardinaron la actual Glorieta de Sasera, de forma que se le dio el nombre de
Paseo de las Damas a la zona que frecuentaban las mujeres de los oficiales
franceses?
... Mariano Renovales fue capturado dos veces y en ambas ocasiones se fugó? ¿Y que durante su cautiverio en Joux intentó sobornor a sus guardianes, provocó un intento de motín y sublevó a los demás prisioneros?
... el autor de “Mambrú se fue a la guerra”, el músico militar Fernando Sor, combatió a los franceses hasta 1810 y luego cambió de bando?
...
cuando Suchet se hizo cargo del mando del III Cuerpo de Ejército (mayo de 1809)
se encontró con que 13.123 de sus 26.000 hombres estaban hospitalizados? ¿Y
que Suchet fue el único general de Napoleón que consiguió ascender en España?
...
Espoz y Mina decía que para el ataque a columnas francesesas “con
dos cartuchos por hombre es suficiente”?. Así obligaba a que sus hombres
actuaran con rapidez y emplearan después el trabuco y el arma blanca.
...
durante la Guerra de la Independencia la ciudad de Borja llegó a ser saqueada
trece (13) veces?
...
al tifus que provocó la capitulación de la ciudad le llamaban los españoles “fiebres
heroicas”? ¿Y que duraba de 10 a 14 días, al cabo de los cuales el
enfermo o moría o se recuperaba con sorprendente rapidez?
...
Fray José de la Consolación fue asesinado el 9 de diciembre de 1809 cerca de
Alagón, cuando era llevado a Francia en una cuerda de presos? ¿Y que su cadáver
fue tirado al Canal Imperial, de donde fue recuperado en 1816?
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...
el estado de la Sanidad Militar era tan malo que un coronel francés llegó a
escribir que “no tenemos ninguna
esperanza de volver a ver a un hombre que entra en el Hospital”?
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Página
elaborada con información extraída de “Vivir
en guerra. Notas sobre la vida cotidiana en Aragón durante
la Guerra de la Independencia”,
de Felipe Gómez de Valenzuela. XIV
Premio “Los Sitios”. Editorial AQUA, 2003. Libro
de NO FICCIÓN más vendido durante las últimas siete semanas (Suplemento
Artes y Letras, de Heraldo de Aragón) |