BOLETÍN
DE LA
ASOCIACIÓN
CULTURAL “LOS SITIOS DE ZARAGOZA”
Número
22 – 18 de febrero de 2005
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Sumario |
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Palabras
del presidente.
Noticias
de la Asociación.
¡Hacia
2008!
Actividades
de la Fundación 2008.
Nuevos
libros de la Asociación.
Altoaragoneses
distinguidos en la defensa de Zaragoza
durante sus dos
Sitios.
Medallas
y premios.
Estimados
socios y amigos: La alegría alborozada con que recibimos en diciembre pasado la
noticia que confirmaba la Expo/2008 para Zaragoza, quedó ligeramente empañada
en nuestra Asociación por la dimisión de la Junta Directiva. Paco Binaburo,
que tanto esfuerzo ha desarrollado en el tiempo de su mandato por consolidar la
Asociación e incrementar sus actividades, ha dejado paso a un nuevo equipo que
salió elegido en la Asamblea General del 31 de enero próximo pasado. La nueva
Junta se fijó como objetivos inmediatos la reforma de la letras de los vigentes
Estatutos, obviamente obsoletos en buena parte de su contenido; conseguir una
sede estable —fin acariciado por todas las juntas desde la fundación de la
Asociación—, construir un estado de opinión favorable a la conmemoración de
la gesta de 1808-9 y fijar el horizonte conmemorativo muy por encima del 2008,
entendiendo tal fecha como inicio de las actividades conmemorativas y no su
conclusión. Pero sobre todo, debemos incrementar el número de socios. Este es
el reto fundamental para los años inmediatos.
En
este empeño no sobra nadie; necesitamos a todos los socios y particularmente a
aquellos cuya experiencia en la gestión de la Asociación ha dado tantos y tan
singulares frutos en el pasado inmediato y remoto. La evolución en la cantidad
y calidad de los trabajos presentados al Premio Literario es buena muestra del
creciente interés de investigadores y eruditos por desentrañar las parcelas
insuficiente o deficientemente tratadas hasta el momento. Sé que la nueva Junta
Directiva cuenta con vuestro apoyo entusiasta, ingrediente fundamental para
conseguir nuestros objetivos.
Este
año, cuando vamos a hacer memoria del 196º aniversario de la capitulación trágica
y heroica de Zaragoza, con la que se concluyó el segundo sitio, vamos a
homenajear a personas e instituciones que se han distinguido en el apoyo a
nuestras actividades y el recuerdo de Los Sitios y su época. Además, nuestro
Premio Literario ha proporcionado en esta edición una singular sorpresa, con
una brillante aportación al conocimiento de la tauromaquia y la afición
taurina durante la ocupación francesa de la península. Esperamos que su pronta
edición, con la indispensable ayuda institucional, sin cuyo mecenazgo no
podemos alcanzar los objetivos editoriales previstos, preste una ayuda notable
al conocimiento de esa parcela de la vida pública de los españoles en momentos
tan delicados para su convivencia.
Con
la esperanza y la ilusión de aglutinar voluntades políticas, económicas y
sociales, aunar el esfuerzo de todos para conseguir que Zaragoza sepa quedar a
la altura de nuestros antecesores y con el deseo de que en el próximo Boletín
pueda saludaros con la conclusión de alguno de los proyectos enunciados, os envío
mi más afectuoso saludo.
José Antonio Armillas Vicente
Presidente
de la Asociación
HOMENAJE
A LAS HEROÍNAS
El
10 de octubre y dentro del Programa de Fiestas del Pilar, nuestra Asociación
organizó un homenaje en reconocimiento a las mujeres protagonistas de Los
Sitios, extensivo a nuestras madres, hermanas y compañeras, nuestras heroínas
particulares. Se llevó a cabo una ofrenda floral en el Monumento a las Heroínas,
en la Plaza del Portillo, a cargo de numerosas mujeres ataviadas con uniformes
(vestidos por soldados de Numancia y Pontoneros) y trajes regionales.
Mariano
Martín y Santiago Gonzalo relataron por megafonía los hechos llevados a cabo
por Manuela Sancho, Agustina Zaragoza, María Agustín, Casta Álvarez, María
Blázquez, Josefa Amar y Borbón, la Condesa de Bureta, la Madre Rafols y tantas
otras mujeres que de manera anónima apoyaron, defendieron y se sacrificaron en
aquella tragedia. La Agrupación Musical Lausín, la Agrupación Folclórica El
Royo del Rabal y el Coro de las Delicias pusieron la nota musical al acto.
La presencia institucional fue numerosa y de calidad, tanto del Ayuntamiento,
como de las Fuerzas Armadas. E incluso mayor el calor del numeroso público que
se dio cita para una propuesta novedosa en el programa de fiestas.
Para
terminar la brillante mañana, las autoridades hicieron una ofrenda floral en la
Cripta de la Iglesia del Portillo, donde reposan Agustina Zaragoza, Casta Álvarez
y Manuela Sancho
CHARLAS
Seguimos atendiendo las llamadas, cada vez más frecuentes, que nos llegan de
diversas asociaciones de la ciudad. Se cumple así nuestra autoimpuesta obligación
de difundir la gesta protagonizada por los zaragozanos hace casi doscientos años.
Lo pudieron comprobar los asiduos del Centro de Día del barrio de San Pablo y
los miembros de la Asociación de Comerciantes de San Vicente de Paúl.
Particularmente destacada es la petición efectuada por la Academia General
Militar para el asesoramiento de un seminario sobre Los Sitios y su repercusión
sobre la ciudad. Dirigido a unos cuarenta universitarios y militares, tendrá
lugar del 14 al 18 de marzo, incluyendo un cine-fórum, una ruta por los
escenarios de los combates y siete conferencias, seis de ellas a cargo de
miembros de nuestra Asociación.
XIV
RUTA DE LOS SITIOS
Un
año más se convocó nuestro tradicional paseo ciudadano. Y de nuevo fue un éxito;
no deja de sorprendernos que más de doscientas personas se decidan a madrugar
un día de fiesta como el 1 de noviembre para revivir “nuestro” episodio de
la Guerra de la Independencia.
En esta ocasión los escenarios recorridos fueron el convento de Santa
Rosa, las plazas de Miguel Salamero y de San Roque, la calle de Alfonso I, la
plaza de Santiago Sas, la Torre Nueva, la casa de Bureta (vulgo SEPU), el
mercado central, la iglesia de San Juan de los Panetes y el puente de Piedra. En
ellos dieron las oportunas explicaciones Mariano Martín, José Luis Cintora y
Gonzalo Aguado.
En el recorrido no faltaron los "Voluntarios de Aragón", abriendo
camino en el trayecto de la Ruta, los trajes de época, ni el homenaje al
general Palafox, protagonista de Los Sitios y enterrado en la cripta del Pilar,
donde nos despedimos hasta el próximo Día de Todos los Santos.
El 16 de diciembre de 2004 fue
un día histórico para Zaragoza. La consecución de la Expo 2008 fue recibida
con una explosión de júbilo por parte de la mayoría de los zaragozanos. No en
vano era la culminación de una labor de varios años, en los que instituciones
y ciudadanos se han implicado a fondo, dando lo mejor de sí y, sobre todo,
poniendo mucha ilusión y esperanzas de prosperidad y proyección hacia el
futuro.
Para los miembros de nuestra Asociación la designación deja un sabor
agridulce. Por un lado estamos satisfechos con ella, por el indudable impulso
económico que va a suponer para nuestra ciudad, que debería ser incluso
superior al provocado por la Exposición Hispano-Francesa de 1908. Por otro lado
vemos que no se está dando la debida importancia al auténtico motivo de la
celebración: recordar que hace doscientos años los zaragozanos hicieron frente
al mejor ejército del momento.
Es
momento de recordar que los estatutos de nuestra Asociación, aprobados el 2 de
mayo de 1988 recogían entre sus fines “promover los actos conmemorativos que
en su día puedan celebrarse con ocasión del bicentenario de Los Sitios de
Zaragoza”. Ese día está a punto de llegar y no debemos dejarnos caer en la
autocomplacencia, ya que corremos el riesgo de que las obras de la Expo no nos
dejen ver el anhelo ciudadano de mantener viva la llama de Los Sitios y sus
repercusiones.
Y se nota en la proliferación
de actividades relacionadas con los asedios y su conmemoración del Primer
Centenario. Una buena muestra de ello es "La modernidad y la Exposición
Hispano Francesa de Zaragoza de 1908", magnífica iniciativa de la
Universidad que se puede visitar hasta el 27 de febrero en este Paraninfo que
hoy nos acoge. Y no hay que olvidar el continuo batallar de la Asosiación de
Vecinos Tío Jorge-Arrabal, impulsando la recuperación del casco histórico de
su barrio, bajo el eje director del recuerdo de su papel durante Los Sitios.
Muy destacado fue el acto convocado por la Asociación de Comerciantes de San
Vicente de Paúl y el Coso Bajo. Y el motivo era claro: reivindicar la creación
de un “Museo de Los Sitios” en la Casa
Palafox, como elemento dinamizador de la zona. Cientos de personas
asistieron la luminosa mañana del domingo 19 de diciembre al acto amenizado por
la Banda de Botorrita y la Rondalla "El boterón", con el colorido de
los Voluntarios de Aragón.
Para afrontar los retos que se
plantean en los próximos años, el pasado 31 de enero nuestra Asociación eligió
una nueva Junta Directiva, cuyo mandato se extenderá hasta más allá de 2008.
No hay que olvidar que ese año “sólo” se recuerda el comienzo de una
guerra, que no terminó para Zaragoza hasta su liberación el 9 de julio de
1813. Incluso cuando terminen definitivamente los fastos conmemorativos de la
Guerra de la Independencia (en ese 2013 que tan lejos parece estar) quedará la
tarea de gestionar el Museo
de Los Sitios que tanto (y esperemos que no ilusamente) anhelamos.
Como primer objetivo se ha
establecido la inmediata reforma de los estatutos, para flexibilizarlos de cara
a una gestión más ágil en los múltiples frentes que se están abriendo. Y
habrá que seguir con los esfuerzos por promover los trabajos de investigación,
difundirlos y animar a la ciudadanía a participar en los actos con los que
pretendemos mantener viva la llama del homenaje a nuestros heroicos antecesores.
Y tendrá que ser con la ayuda de todos.
ACTIVIDADES
DE LA FUNDACIÓN 2008
Nuestra Asociación está integrada desde
su origen (en 2002) en la Fundación 2008, cuya finalidad es la celebración del Segundo
Centenario de Los Sitios. Tras una primera fase de constitución y puesta en
marcha, en los últimos meses hemos tenido ocasión de ver los primeros frutos
de su actividad. Y la verdad es que son bastante halagüeños.
Por
un lado está la revista “2008”, cuyo primer número se presentó durante
nuestro acto del pasado 11 de junio. Posteriormente han visto la luz dos más,
por lo que ya hemos podido leer más de cien páginas a color en los que han
aparecido veinticuatro artículos de investigación y numerosas noticias e
iniciativas relacionadas con Los Sitios. Particularmente interesantes, por lo
novedoso, están resultando los trabajos sobre la repercusión de la Guerra de
la Independencia en el cine, la música o la filatelia. Esperemos que se
consolide y siga ofreciéndonos cada cuatro meses un buen rato de lectura.
La segunda iniciativa fue espectacular y se
saldó con un gran éxito de público. Se trató de la exposición "Los
Sitios de Zaragoza en la tarjeta postal", que tuvo lugar en el
Palacio de Capitanía en los primeros días de diciembre. La magnífica colección
de postales de Francisco Palá Laguna lució en el esplendor del Salón del
Trono y provocó largas colas en la Plaza de Aragón, a pesar del frío
reinante. Y el catálogo de la exposición es una inigualable recopilación de
la iconografía sobre Los Sitios. Es de destacar el buen trabajo de maquetación
realizado por Contexto Gráfico, que permite una fácil lectura y admirar las ¡211!
ilustraciones de buen tamaño y detalle. Esperemos que este primer volumen de la
Colección Editorial de la Fundación tenga pronto continuación.
Durante el pasado año, la anterior Junta Directiva se volcó en la solución de
un problema que nos afectaba bastante: el retraso en la publicación de los
trabajos premiados en nuestra convocatoria anual. La omnipresente penuria económica
de la Asociación obliga en cada ocasión a buscar fórmulas de financiación no
siempre fáciles y por ello es bastante complicado asegurar el ritmo de
publicación.
Las intensas gestiones realizadas por Paco Binaburo (presidente) y Manolo Baile
(vicepresidente y editor) han permitido la firma de sendos convenios con los
ayuntamientos de Zaragoza y Barbastro, permitiendo así la edición de tres
libros en apenas cuatro meses. Se trata de los trabajos premiados en las
ediciones XVI,
XVII y XVIII, todos ellos ganados por nuestro conferenciante de hoy, Ramón
Guirao Larrañaga. Además, la editorial Comuniter ha mejorado sus vías de
distribución, por lo que se pueden conseguir fácilmente en cualquier librería.
Se ha conseguido así que sólo quede por publicarse el trabajo de Luis Arcarazo
ganador en 2004, y, naturalmente, el hoy premiado. Sería un logro notable
llegar en 2006 a este acto anual con ambos editados. Ya se está trabajando en
ello.
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EDITORIAL COMUNITER S.L.
Avda.
de Madrid, 195, 1ºA-B, 50017 Zaragoza
Tfno. [34] 976 53 05 53 Fax 976 31 01 50 |
Ramón
Guirao Larrañaga
nació en Irún, Guipúzcoa, en 1951. Reside en Huesca desde 1977 trabajando
como Médico Adjunto Especialista de Aparato Digestivo en el Hospital San Jorge
desde 1978. Es vocal del Colegio Oficial de Médicos de Huesca, miembro de la
Sociedad Española de Vexilología, de la Asociación de Amigos de la Historia
Militar, de la Sociedad para el Estudio de la Guerra de la Independencia, del
Instituto de Estudios Altoaragoneses y de nuestra Asociación.
Autor de numerosos trabajos relacionados con la Guerra de la Independencia, ha
sido ganador, nada menos que de cuatro de nuestros premios de investigación. El
primero de ellos fue el de la VII edición (1992), sobre El
Alto Aragón durante la Guerra de la Independencia.
En su conferencia recordará que Los Sitios de Zaragoza fueron un crisol donde
se fundieron entre otras virtudes el ansia de justicia y el amor al rey y a la
religión con la generosidad y el deseo de libertad.Y entre esas virtudes no
iban a faltar las de los altoaragoneses que ya desde el inicio del alzamiento
contra los invasores franceses se significaron en puestos de responsabilidad.
A partir de aquí se van recordando los personajes altoaragoneses que
participaron en la defensa de Zaragoza durante sus dos Sitios, comenzando por
los que ayudaron a Palafox en el levantamiento inicial (Cornel, Ric y el obispo
de Huesca), siguiendo por lo que combatieron en el primer Sitio (Ena, Perena,
Villacampa, Sangenís, Sarasa, Boira...) y los que lo hicieron en el segundo
(García Marín, José de Sangenís, Nogueras...) hasta la rendición de la
plaza.
MEDALLAS
DE HONOR DE LA ASOCIACIÓN
La
Muela
El pasado año entregábamos nuestra medalla al pueblo de Villafeliche, en
reconocimiento de los esfuerzos de sus habitantes en apoyo de los defensores de
Zaragoza durante los asedios de 1808-9. Análogamente, ahora es momento de
recordar a los muelanos que dejaron bienes y vida en apoyo de sus vecinos de la
capital, como bien recuerda en estas páginas Miguel Plou. Por si fueran pocos
los méritos del pasado, la ejemplar instalación de su nuevo Ayuntamiento ha
permitido la puesta en valor de la casa de los hermanos Torres, dos de los más
destacados defensores de Zaragoza.
Antonio Becerril Gutiérrez
Quinto
Teniente de Alcalde, responsable del Área de Participación Ciudadana y
Concejal Delegado de Juntas Vecinales del Ayuntamiento de Zaragoza. Desde su
puesto se ha mostrado plenamente receptivo a cuantas propuestas de colaboración
se le han planteado, lo que ha permitido la exitosa realización del Acto de
Homenaje a las Heroínas y la publicación de libros de la Asociación. Esperamos
que su actitud sea la pauta a seguir por el Ayuntamiento de Zaragoza en los
importantes años que faltan hasta llegar al Bicentenario de 2008.
XX
PREMIO DE INVESTIGACIÓN
Por unanimidad, el premio
ha correspondido este año a D. Enrique
Jesús Asín Cormán por el trabajo titulado“Los
toros josefinos”.
El
autor, conocido entusiasta del mundo taurino en los círculos zaragozanos,
describe uno más de los esfuerzos que José Bonaparte, hizo para ganarse el
aprecio de los ciudadanos de Madrid. Fiel
a la máxima del “pan y circo”, organizó con gran éxito numerosas corridas
populares. El espectáculo, en sí oneroso, no lo fue para el rey, porque olvidándose
repetidamente de pagar a los empresarios, los fue arruinando uno tras otro.
Multitud de anécdotas jalonan la obra. Enhorabuena.
LA
MUELA EN LOS SITIOS
Miguel
Plou Gascón
Cuando
el pueblo de Zaragoza se levanta contra los franceses, el 24 de Mayo de 1808,
dirigido por los alcaldes de barrios, un grupo del mismo irrumpe en las
habitaciones del Capitán General don Juan Guillelmi para pedirle las armas que
hay en el arsenal de la guarnición, a lo cual éste se niega. Con la mayor
urgencia acuden los dos únicos militares que mandan las escasas fuerzas de la
guarnición: los hermanos Antonio y Gerónimo de Torres Gimeno, coronel y jefe
de la Compañía Suelta de Aragón, “Miñones” el primero; teniente coronel
jefe de la Comandancia del Resguardo, el segundo. Ambos naturales de La Muela,
de la dinastía de los Infanzones, donde con casal propio poseen el patrimonio más
importante de la localidad.
Su padre Gerónimo de Torres Monreal, nacido y vecino del dicho pueblo, patria
chica de los “Ilustres Torres” (como les llamaba el general Gómez de
Arreche, historiador), fue fundador, a sus expensas, de la Compañía Suelta del
Reino, cuerpo semejante al que luego sería el de la Guardia Civil: “destinado
a perseguir vagos mal entretenidos, desertores, ladrones; y auxiliar en todos
los casos a los ministros de Justicia y todos otros servicios que el Capitán
General les encomendase”. Es creación que se promulga por decreto de Carlos
III con fecha 13 de septiembre de 1766.
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Antonio
y Gerónimo permanecen al lado de don Juan Guillelmi, cumpliendo el deber de
proteger su integridad física, así de excitados están los ánimos, y le
acompañan cuando los amotinados insisten en conducirlo al castillo de la
Aljafería, donde estaban las armas. Llegados a éste, don Juan entrega las
llaves a los Torres, haciéndoles responsables, en todo caso, del uso que
pudiera hacerse de las mismas. Él quedó preso en dicha fortaleza.
Los dos hermanos ya se habían comprometido con el Movimiento al participar en
la reunión conspirativa promovida por el Conde de Sástago, en el acuerdo de
Palafox, con la presencia también del Conde de Cabarrús, Hermida, Lapuyade y López
Pascual.
A partir de este momento, Gerónimo es destinado por Palafox a la recluta de
hombres del Bajo Aragón, principalmente partido de Alcañiz, desde donde
empieza a enviar los primeros miles de voluntarios con que, a toda prisa, se irían
formando los primeros batallones de voluntarios para la guerra.
El
cuerpo de ejército francés del mariscal Lebfevre, estacionado en Navarra, se
pone en marcha hacia nuestras tierras y tiene el primer encuentro con las
fuerzas del marqués de Lazán en Tudela, el día 8 de junio, a las que inflige
una seria derrota. Continúan a Mallén, y nuestras mismas fuerzas, el día 13,
les vuelven a presentar batalla, repitiéndose el mismo adverso resultado. Un
kilómetro antes de llegar a esta población, ordenado por Palafox, se presenta
el teniente coronel Gerónimo de Torres con sus fuerzas: toma posición en el
puente de Valverde, junto al Canal, pero, pese a la bravura con que se emplearon
sus fusileros, no pudieron hacer otra cosa que facilitar la retirada de sus
compañeros que escapaban vencidos de la batalla principal.
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En Alagón, el mismo día 13 por la tarde, Antonio de Torres, con dos
compañías de fusileros entre las cuales formaba algo de tropa veterana,
acudió a sumarse a las tropas que volvían derrotadas. Al siguiente,
tanto él como su hermano, por supuesto al lado de otros ilustres jefes,
se emplean tanto como pueden en batallar contra el ejército invasor; pero
con un ejército, el nuestro, sin preparación, disciplina ni orden acaban
derrotados. Pese a los esfuerzos, incluso a las heroicidades, de algunos,
como la realizada por el oficial Rafael Casellas, que salvando un tanto el
honor de la derrota, con arrojo enorme se internó entre la tropa enemiga
y recuperó la bandera que en el fragor de la lucha le había sido
arrebatada. Nuestras fuerzas vencidas, dispersas y desmoralizadas van
regresando a Zaragoza. Donde, al día siguiente 15 de junio, llega el
enemigo.
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A
primeras horas de la mañana, ya en su periferia, Gerónimo colocó sus hombres
al lado del Canal Imperial, en el puente llamado de La Muela, junto con los
escopeteros de San Pablo, mandados por Mariano Cerezo, y allí, sumados unos
quinientos defensores, sufrieron el primer encuentro con varios miles de
enemigos. Sostuvieron el fuego durante unas cinco horas, hasta que, viendo que
iban a quedar envueltos, se pasaron hacia la zona de Casablanca, sector que
defendía su hermano Antonio y el coronel Obispo. Tampoco pudieron resistir y
después de enormes esfuerzos y un multiplicarse en su defensa no lograron otra
cosa que conseguir una retirada ordenada y lenta, con lo que lograron que la
penetración hacia la Ciudad fuera muy despacio; y los que estaban en el
interior pudieran avanzar en sus preparativos defensivos.
Porque
en la tarde de este día se libró la batalla de las Eras del Rey, la primera en
dureza y en heroísmo. El pueblo de Zaragoza, toda su gente en la calle, venció
por vez primera aplastando a las tropas del repetido mariscal Lebfevre. “Los
que más se distinguieron fueron los hermanos Torres y el coronel Obispo”.
A
partir de aquí, que es el principio de los Sitios, digamos que Antonio de
Torres está presente en todos los puntos de peligro, en el primero y en el
segundo. Aunque su actuación más brillante tiene lugar en la batalla del
Cuatro de Agosto, el día que la Condesa de Bureta empuñó el fusil. Cuando los
franceses han inclinado la batalla a su favor en Santa Engracia, han llegado al
Coso; y Palafox, con sus hermanos generales Luis y Francisco, se retiran de la
Ciudad que, en este momento, la consideran perdida.
Es
el instante decisivo, cuando nuestros hombres empiezan a abandonar la lucha,
Antonio, ayudado por otros jefes y oficiales, sale detrás de ellos, les exhorta
enérgicamente a volver a sus puestos, y con una bravura sin igual logra que así
lo verifiquen. Cuenta con una ayuda oportuna y excepcional, la del teniente
Luciano de Tornos que volviendo sus cañones a los que huían les amenaza con
disparar sobre ellos si no le obedecen.
Todo
hecho con una urgencia sorprendente. Se rehace la defensa y logran mantener
clavados a los franceses en la puerta Cinegia sin avanzar ni un metro más: este
día fue donde ganó los laureles que años más tarde le habrían de ser
concedidos. La placa que en el año 1908, día 14 de junio, primer Centenario de
los Sitios, colocará el Rey, Alfonso XIII en su casa de la calle de San Gil número
56 dice así:
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”AL
ILUSTRE GENERAL
DON
ANTONIO DE TORRES GIMENO,
CAUDILLO
DEFENSOR DE ZARAGOZA
EN AQUEL DÍA PARA SIEMPRE
MEMORABLE 4 DE AGOSTO DE 1808.
DEDICAN ESTA MEMORIA EN
EL I CENTENARIO DE LOS SITIOS
LA
PATRIA Y LA CIUDAD AGRADECIDAS”
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Su
hermano Gerónimo, con su segundo tercio de Fusileros, luchó y se
distinguió en la batalla de Épila el 23 de junio 1808. Fue parte del ejército
formado en Calatayud por Francisco de Palafox, para cortar la
comunicaciones del enemigo entre Madrid y Zaragoza durante el primer Sitio
y proteger los hornos de pólvora de Villafeliche.
En el segundo mandó las tropas que defendieron la Puerta del Carmen, y
aunque antes de comenzar éste, día 4 de septiembre, fue nombrado
gobernador militar de Huesca, aceptó el cargo con la condición de que no
se le apartara de sus fusileros; es decir, sin abandonar su puesto en la
defensa. Y el día de la capitulación, en la dicha Puerta, herido de
metralla aunque no de gravedad, al frente de lo que le quedaba de sus
tropas, espera a los franceses que le hacen prisionero. En esta calidad es
trasladado inmediatamente a Francia. En sus prisiones ambos hermanos estarán
durante más de cuatro años.
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Gerónimo
de Torres Gimeno, brigadier. |
De La Muela también lucharon, como oficiales, el capitán José Aured
Calvo y Antonio de Torres Mateo, teniente de fusileros, así como la
juventud toda del pueblo, encuadrada especialmente en los batallones de
Fusileros y Voluntarios de Aragón. |
El
pueblo en su retaguardia, que de hecho era casi primera línea, con sus
sacerdotes Manuel Lasartesa Lorda, capellán y don Blas Castelreanas, párroco,
infatigables luchadores por la Independencia. El primero luchó integrado, en el
día a día, en las compañías de Escopeteros de San Pablo, con la graduación
de teniente; bajo la dirección de Santiago Sas, se le confirió el mando de la
batería de “La Salina y Tripería”. Fue uno de los eclesiásticos que,
distinguidos por su popularidad y arrojo, fueron designados por Palafox, con
fecha 28 de Enero 1809, para mandar grupos de paisanos. Con el cargo de
comandantes y portando, como distintivo de este poder, una banda blanca. Y se
conoce que batalló infatigablemente, en los últimos días del Segundo Sitio,
en el sector de la Magdalena: calle por calle y casa por casa. En el tomo III
del registro parroquial de La Muela existe de él la inscripción siguiente:
“Murió en el Sitio de Zaragoza puesto por los franceses. Su cadáver quedó
entre el montón que hacinaban las calles, sin que las circunstancias
permitieran fijar el lugar de su enterramiento".
El pueblo colaboró en la batalla de Epila, llevando correos a Palafox; y
luchando con las tropas de Gerónimo, allí perdió un brazo el joven Clemente
Rubio. En el Segundo Sitio se formaron guerrillas: el historiador general Gómez
de Arteche, en su Historia de la Guerra de la Independencia, deja constancia de
la actividad guerrillera de la Muela y de Epila.
También
el oficial de ejército francés Daudevard du Férussac, que asistió con
su unidad en los ataques del Sitio, dice al respecto: “Mientras Zaragoza
sostenía los esfuerzos del enemigo exterior, y luchaba al mismo tiempo contra
la epidemia de la peste, se formaron en Belchite, La Muela, Zuera y otras villas
del reino grupos de guerrilleros que perturbaban las comunicaciones de los
franceses y, con frecuencia, interceptaban sus convoyes”
En
los meses finales de la lucha, la población toda del pueblo huyó al monte, a
la Dehesa principalmente, que estaba cubierta de pinos y de matorrales donde se
podían guarecer al abrigo del peligro de un enemigo que, por las acciones de
ellos, se les tenía jurada. Los cumplimientos pascuales, que todos los años
tenían lugar en la primavera, no se hicieron en el año 1809, según el cura
informa en sus registros: “Certifico: yo, el cura de la parroquial iglesia de
La Muela que en el año 1809, habiendo desamparado los vecinos el pueblo, por
haberlo invadido los franceses durante el segundo asedio, nadie cumplió en él
los preceptos parroquiales…”
Después
de la Capitulación, los jóvenes muelanos siguieron la lucha en las
guerrillas. Mantuvieron permanente contacto con el pueblo, donde tenían
cobijo y amparo; pese a la cautela de unos y otro, fueron muertos algunos
de ellos, en ocasiones en que al entrar o salir para aprovisionarse de víveres,
fueron sorprendidos por los franceses. Una de las notas registradas al
respecto señala: “Al amanecer del día 29 de octubre de 1810, fueron
arcabuceados inicuamente seis de estos guerrilleros, en la paridera
llamada de Roda, próxima al pueblo”.
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Luego
de la Capitulación, bajo el dominio enemigo, La Muela fue severamente
castigada: las autoridades sufrieron humillaciones en repetidas veces, fuertes
multas y amenazas; Como muestra, señalemos la del gobernador militar francés
de Zaragoza, Barón de Musnier al Alcalde, en agosto del mismo año: “El
pueblo sufrirá una contribución como la villa de Pedrola, y se asolará el
lugar”
Para reconstruir su iglesia, La Muela tenía, después de imponerse muchos
sacrificios en su economía, reunido de sus vecinos, la cantidad de 125.000
reales de vellón, cantidad que fue entregada en los primeros meses de la lucha
al general Francisco de Rebolledo Palafox. A causa de esta aportación, después
de haberse iniciado las obras, el templo se mantuvo durante muchos años, hasta
1858, con los muros al aire; porque, iniciado el Movimiento, lo primero fue la
guerra contra el invasor. En otro tanto dinero, que era mucho, se evaluaron los
víveres suministrados para nuestras tropas.
Por la parte francesa, el expolio fue total: Se llevaron las caballerías que
pudieron y todos los granos de la localidad existentes en el almacén general;
todo lo que no se pudo esconder fue robado. Además de contribuciones
especiales, cumpliendo la crueldad anunciada, que les resultaba imposible
satisfacer.
La Muela tenía en el comienzo de los Sitios una población adulta de 495
personas; al acabar, el recuento señala el número de 354. Han muerto o
desaparecido 145. No se cuentan las bajas infantiles; los niños y niñas que
sucumbieron por el monte a causa de enfermedades y de frío. O sea, que la pérdida
poblacional fue superior al veinticinco por ciento. Hasta cincuenta años
pasados de la guerra, a duras penas el pueblo recuperó su vecindad y malamente
su economía.