Número
6 Enero 1997
| Sumario |
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En
Memoria de la Duquesa de Villahermosa.
Uniformes y distintivos de los Sitios de Zaragoza (V). Las
De nuevo con
vosotros para transmitiros nuestro saludo más afectuoso y para agradeceros
vuestro apoyo y vuestra confianza. Seguimos avanzando con ilusión y con
entusiasmo hacia esa meta común que es conseguir para Zaragoza el
reconocimiento que merece la gesta que nuestros antepasados supieron escribir
para la Historia.
El tiempo pasa y
estamos un año más cerca de esa fecha emblemática que es el Bicentenario de
los Sitios, el 2008. Desearíamos fervientemente que no sólo el pueblo de
Zaragoza sino también sus instituciones apostaran por tan gloriosa efeméride.
El recuerdo de todo lo hecho con ocasión del 1er. Centenario nos estimula.
Animamos a todos los que así lo sientan, a colaborar con nosotros en esa
dirección.
Hay una asignatura
que desearíamos especialmente aprobar al fin: honrar al Héroe de los Sitios,
el General Palafox. Son muchas las voces que se han alzado lamentando que la
ciudad no haya tenido para su Capitán General el gesto de agradecimiento y
admiración que su colosal figura merece , pues en ninguna parte figura estatua
alguna en su memoria.
Nosotros vamos a
intentar recoger esa antorcha. Vamos a intentar aunar los esfuerzos de todos
para conseguir hacer realidad la estatua ecuestre del General, que como sabéis
existe ya, a la espera únicamente de ser fundida. La ciudad, que logró en
tiempos pasados, incluso por suscripción popular, empresas similares, vibra hoy
más al unísono. Hoy nos sentimos más hermanados y más fuertes. Por eso creo
sinceramente que entre todos tenemos el deber de conseguir saldar la gran deuda
que Zaragoza tiene con Palafox. Esperamos vuestro aliento cuando pongamos en
marcha el proyecto.
Un afectuoso saludo
para todos.Carlos Melús Abós
Presidente
de la Asociación
El
pasado 15 de febrero se cumplió el CL Aniversario del fallecimiento en Madrid.
Del General Palafox. "El Ejército
ha perdido en tan benemérito general a uno de sus más ilustres campeones, y el
país al hombre que con su espada y su esforzado espíritu contribuyó a
principios de este siglo a lograr la independencia nacional". Así
informaba EL HERALDO, en su edición del día 16, de la muerte del héroe de los
Sitios que ocupaba entonces el cargo de Director General del Establecimiento de
Inválidos.
En
este magnífico retrato del Duque de Zaragoza, obra de Miranda (Museo del Ejército,
Madrid), que nos muestra al Palafox sereno de su segunda juventud, podemos ver
prendida en su pecho (primera a la izquierda) la medalla de los Dos Sitios de la
que se habla en este mismo boletín.
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Felicitaciones muy sinceras a nuestro querido amigo Luis Sorando, miembro fundador de nuestra Asociación y colaborador habitual. El Ministerio de Defensa le ha concedido la Cruz al Mérito Militar con Distintivo Blanco, por su valiosísima y desinteresada (y difícil) catalogación de las banderas de la Guerra de la Independencia que se custodian en el Museo del Ejército de Madrid.
Zaragoza
fue la sede del Iller Congreso de la Real Asociación de Amigos de los Museos
Militares que se celebró entre los días 22 y 24 del pasado mes de mayo.
Durante unos días nos convertimos en anfitriones de tan entrañable grupo de
amigos. Tuvimos así ocasión de corresponder a tantas atenciones recibidas en
los pasados encuentros.
Con
extraordinaria y creciente participación popular se celebró una vez más la
conmemoración de la Batalla del Llano, en Leciñena. Nos encontramos este año
con una grata sorpresa: presidía el acto una cuidada reproducción de la
bandera del Batallón de Pardos que defendió el Santuario en 1809.
Coronel
Julio FERRER SEQUERA
"Guarda
en tu corazón como en un templo,
de
Velarde y Daoiz el alto ejemplo"
(lema
de una espada)
Por tercer año consecutivo insistimos en la idea de informar a nuestros lectores de las características y posibilidades del armamento usado en nuestra Guerra de la Independencia.
Hemos
hablado de su alcance, de su precisión y de su manejo;
hora
es, pues, de que hablemos del agente propulsor que le daba vida: La pólvora
negra.
LA
POLVORA NEGRA
Aunque
la fecha de invención de la pólvora (como la de la rueda, el arco y las
flechas, etc.) se pierde en la noche de los tiempos y que según Marco Polo
(1254‑1323) los chinos ya la conocían de antiguo, dado que éstos no la
empleaban con fines bélicos, parece evidente que la paternidad de su uso en la
guerra “pertenece sin duda a españoles,
fueran éstos moros o cristianos" (ALMIRANTE).
Respecto al momento de su “estreno", es tan probable que los primeros cañonazos que sonaron en el mundo fuesen los disparados por los musulmanes en el sitio de Niebla por Alfonso X (1257), como los de Alicante en 1331 o los que recibió la hueste de Alfonso Onceno en el segundo sitio de Algeciras (1340), siendo siempre sarracenos los usuarios de la nueva arma.
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Lo
cierto es que al finalizar la XIVª Centuria, las armas de fuego estaban ya
listas para su específico destino: aclarar la nómina de la Humanidad. Y que
con la creación de los ejércitos permanentes recibieron el espaldarazo
definitivo.
La
composición de la pólvora negra es muy simple y casi no ha variado en cientos
de años. Unicamente su preparación, más minuciosa, hacía superiores las
fabricadas en el s. XIX a las del s. XIV. La fórmula se ha basado siempre en la
primitiva :
6
AS
AS
o
sea, 6 partes de salitre o nitro (nitrato potásico, NO3K), 1 parte de carbón vegetal en polvo y 1 parte de azufre.
Hasta
el final de su período de vigencia, desplazada por las pólvoras sin humo o de
algodón nitrado (VIEILLE 1886), la fórmula industrial ha sido en líneas
generales, la siguiente:
Salitre,
62 a 75%; Azufre, 10 a 20%; Carbón, 5 a 12%.
El
carbón vegetal empleado ha sido, según las épocas, el de madera de sauce o el de tallo
de cáñamo (AGRAMIZA). Inicialmente la mezcla de estos ingredientes se hacía
directamente, resultando irregular y grosera, por lo que pronto se recurrió al empastado
con agua, vinagre u orina, siendo conseja admitida que el "pis" de
un buen bebedor producía una pólvora de la llamada soberbia,
que así se la llamaba cuando era fuerte y viva.
La
pólvora negra, a pesar de ser menos potente y limpia (después del tiro es
necesario limpiar las armas con agua corriente hasta que salga clara) tiene una
estabilidad química y una capacidad de conservación admirables, hasta el punto
de que la pólvora extraída de antiguas granadas encontradas en los campos de
batalla pretéritos, convenientemente desecada y cribada, ha deflagrado
perfectamente a pesar de sus doscientos o más años de antigüedad. El que esto
escribe ha hecho la prueba con pólvora encontrada en un viejo fusil, que llevaría
enterrado más de ciento cincuenta años y el cartucho con ella cargado produjo
un disparo perfecto y preciso.
Durante
los Sitios, en la ciudad de Zaragoza (a pesar de la voladura, probablemente
accidental, del polvorín principal a comienzos del asedio) nunca faltó la pólvora,
pues se disponía de la "Real
Salitrería", se había almacenado carbón de madera y de cáñamo y
puestos en servicio "dos molinos de
doce morteros” (ALCAIDE IBIECA). Bajo la dirección de operarios de
Villafeliche producían diariamente la pólvora necesaria para la defensa,
encargándose frailes y clérigos de la fabricación de los cartuchos de papel
para los fusiles y demás armas ligeras.
En
fin, amigos míos, os reitero el mismo ofrecimiento de ocasiones anteriores:
llamadme o escribidme si queréis saber más sobre estas cosas, que también son
Historia.
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Doña
María del Pilar Azlor de Aragón y Guillamas,
Miguel
PLOU GASCÓN
Cuando
el día 20 de febrero de 1990, en el Paraninfo de la Universidad, de manos del
rector don Vicente Camarena, doña María del Pilar recibía la Medalla de Honor
de los Sitios de Zaragoza, estábamos rememorando la gloria alcanzada por sus
antecesores en la Guerra de la Independencia, y más concretamente, en los célebres
Sitios de Zaragoza, Tenía plena conciencia de que esta distinción le
trasladaba a los méritos de la casa ducal de Villahermosa, la rnás importante
de la nobleza aragonesa cuyos titulares supieron vivir y sufrir los momentos más
difíciles de la historia de nuestro reino.
Se
estaba en el mes de mayo de 1808. La entonces duquesa doña María Manuela de
Pignatelli y Gonzaga, Princesa del Sacro imperio, ya viuda de don Juan Pablo de
Aragón Azlor y Zapata de Calatayud, residía en la Corte.
En
los días posteriores a los sangrientos sucesos del: 2 de mayo en Madrid , se
enteró del levantamiento de Aragón, del grito de guerra lanzado por su sobrino
don José de Palafox, que abría la esperanza de la libertad. Su reacción fue
inmediata, sin dudas del camino a seguir, reunió a sus hijos, don José Antonio
y don Juan Pablo, y comentado con ellos lo ocurrido en nuestra ciudad, les dijo:
- Allí está nuestro deber, a Zaragoza.
El parentesco con los Palafox tiene su origen en doña Josefa Cecilia de Urriés Gurrea de Aragón y Navarra, por los dos matrimonios que contrajo: el primero con don José Lorenzo Bermúdez de Castro y Bardají, marqués de Navarrés, del que tiene de hijos a don José Claudio y doña Gerónima. Esta se casa con don Bernabé Rebolledo de Palafox, marqués de Lazán, abuelo de los generales de la guerra de la Independencia. Viuda del primero, tres años más tarde, celebra su segundo con don Juan Azlor Virto de Vera, conde de Guara, de cuya segunda sucesión, su nieto don Juan Pablo de Aragón Azlor y Zapata de Calatayud será el primer duque de Villahermosa que lleva este apellido.
Vino,
pues, la Duquesa con sus hijos a Zaragoza, donde llegó el día 6 de junio de
1808, y presentados a Palafox, éste nombró inmediatamente a sus primos
capitanes de caballería y ayudantes de campo suyos.
Fue la duquesa doña María Manuela, en los Sitios de Zaragoza, una de sus más distinguidas heroínas no con la canana y el fusil, sino visitando las baterías de sus puertas y gratificando a sus artilleros, entregando mucho dinero para el sostenimiento de los voluntarios de las compañías de Sas y de Cerezo y poniendo, en fin, su patrimonio al servicio de la causa de Zaragoza.
Y
ofreció, como los bienes más preciados, a sus dos hijos: el segundogénito,
don Juan Pablo de Azlor y Pignatelli, después de haber luchado contra los
franceses en todo momento, murió en las postrimerías del segundo Sitio, 8 de
febrero de 1809, víctima de la epidemia que asoló a la ciudad, la que cada día
producía tantas muertes como la propia guerra.
Su
hermano, don José Antonio de Aragón Azlor y Pignatelli, el joven duque, luchó
y sufrió hasta el momento de la rendición de nuestros ejércitos, que llegó
unos días más tarde de la muerte de su hermano. Fue hecho prisionero por los
franceses y conducido a Francia entre los miles de combatientes que, al negarse
a prestar fidelidad a Napoleón, prefirieron el sacrificio de la prisión. Con
encomiable generosidad, en ella compartió con sus compañeros más infortunados
los recursos que su madre le enviaba de España.
Regresado
cinco años más tarde, prestó muy importantes servicios a la nación, fue
embajador del Rey en las cortes de Francia y Portugal, hasta su muerte el 3 de
mayo de 1852.
Es
natural pues, la emoción de la, en aquel momento, duquesa de Villahermosa y
otros títulos, la egregia doña María del Pilar Azlor de Aragón y Guillamas,
primera dama de la nobleza de Aragón, al recibir la preciada Medalla de Honor
de los Sitios de Zaragoza; con ella ya en la mano, la miraba, amorosamente
embelesada, con la añoranza y el orgullo de rememorar las virtudes y heroísmos
de su familia.
Toda
nuestra relación con doña Pilar estuvo presidida por su bondad, delicadeza y
sencillez. Unos años más tarde, invitados a visitar su casa palacio de
Pedrola, aunque ya estaba delicada de salud, viajó a esta villa para acompañarnos
personalmente. Cuando los miembros de la Asociación en grupo numeroso,
presididos por don Carlos Melús, su presidente, llegamos a su palacio, allí
estaba ella para recibimos.
Nos
condujo de sala en sala, auxiliada por su hijo, el Conde del Real, y por don José
Pascual de Quinto y de los Ríos, amigo íntimo de la familia y vicepresidente
de nuestra Asociación, quienes nos dieron pormenores de todas y cada una de las
piezas que componen los ricos fondos documentales, históricos y artísticos
guardados y conservados en esta Casa, joya maravillosa de Aragón, muy poco
conocida.
Es
el último recuerdo que guardamos de su persona, de su atención, de su
amabilidad en complacernos. Dentro de esta familia que constituye nuestra
Asociación, al servicio de las cosas de los Sitios de Zaragoza, la recordaremos
siempre con admiración, simpatía y cariño.
Deseando
que sus ilustres hijos sigan en su mismo amor a esta tierra, rogamos a Dios por
ella.
Descanse
en paz.
UNIFORMES
Y DISTINTIVOS DE LOS SITIOS DE ZARAGOZA (V)
Las
condecoraciones (2)
Luis Sorando Muzas
En
un artículo anterior nos referimos a las condecoraciones otorgadas durante
los asedios, para premiar algún acto de bravura en combate. Hoy hablaremos
de las creadas, tras los Sitios, como reconocimiento al mérito de todos los
defensores. Entre 1809 y 1817 fueron varias las condecoraciones que cumplieron
este cometido.
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El
14 de septiembre de ese mismo año la Regencia acordó conceder “a los individuos que se hallaron en aquel memorable sitio y
contribuyeron a su defensa, el uso de una medalla de color de fuego con un pilar
en medio y por el rededor (sic) la inscripción SITIO DE ZARAGOZA AÑO 1809;
dicha medalla se asegurará a una ¿corona? pendiente de cintas de aguas del
propio color de fuego” (2).
Una
carta conservada en el Archivo Palafox (3) informaba a éste de cómo se estaba
vendiendo en París (1814) una cruz para aquellos prisioneros, entonces
liberados, procedentes del Sitio de Zaragoza "que traen puesta Villahermosa, Villalpando y otros (figura 2).
Pero Renovales tiene otra con una Virgen
del Pilar en el medio y orlitas de laurel con otras garambainas, cuyo modelo
traerá esta tarde". Lamentablemente
este segundo dibujo no ha llegado hasta nosotros.
Una
vez vuelto a España, Femando VII creó por R.O. de 30 de agosto de 1814 una
cruz de distinción para todos los generales, jefes y oficiales que se hallaron
en la defensa de Zaragoza en su 2º Sitio y por R.O. del 12 de septiembre hizo
extensiva esta distinción a los soldados y habitantes de Zaragoza. Era ésta
una cruz de San Juan, de brazos rectos y de color rojo. En el centro, la Virgen
del Pilar en oro, rodeada de laurel y sobre un óvalo blanco; en el reverso EL
REY A Ls. DEF. DE ZAR. Tiene corona mural y pende de una cinta color paja con
los cuatro palos rojos de Aragón (4) (figura 3).
Por
R.O. de 25 de marzo de 1817 se aprobó la cruz de distinción para aquellos que
habían participado en el Primer Sitio, siendo ésta similar a la del Segundo,
pero con sus brazos blancos y con corona de laureles en vez de mural; en el
reverso del óvalo y sobre blanco dice EL REY A LOS Dfos. DE ZARAGOZA EN SU 1er.
SITIO. Pende de cinta amarilla con doble canto rojo (5) (figura 4).
El
mismo decreto que acabamos de citar contemplaba la creación de una cruz para
aquellos individuos que se hubiesen hallado en ambos asedios, evitándoles así
el gasto de tener que comprar dos cruces distintas. Su diseño viene a ser una
fusión de las dos anteriores: los brazos son blancos y rojos por mitades, el óvalo
central es azul, hay lises en los antebrazos, una corona mural sobre el brazo
superior y una de laurel sobre el inferior; lleva corona real y pende de una
cinta azul con dos filetes amarillos y dos rojos a cada lado. Al dorso y sobre
azul dice EL REY A LOS DEFENSORES DE ZARAGOZA EN SU 1 º y 2º SITIOS. (figura
5).
Existió
además un proyecto de medalla para el 3er. Batallón de Guardias Reales, por su
entrada en Zaragoza el 5 de agosto de 1808, encabezados por el Marqués de Lazán.
Pero este proyecto, pese al interés demostrado por el propio General Palafox y
el Marqués de Lazán, no llegó nunca a llevarse a cabo (6).
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(1) Archivo Histórico Nacional, Estado leg. 10
C3. Un dibujo de la misma aparece en A. Salcedo
Ruiz “Historia de España.
Resumen Crítico”, Madrid 1914.
(2)
Una copia de este decreto en Archivo Palafox. No conocemos ningún
ejemplar de esta cruz.
(3)
¿Palomino? a Palafox (A.P. Caj. 13, leg. 8 2).
(4)
Un ejemplar puede verse actualmente en el joyero de Ntra. Sra. del Pilar
y otro, precioso,
en el Archivo Municipal de Zaragoza.
(5)
En ocasiones la hemos visto con cinta celeste con cantos amarillos y
rojos a cada lado.
(6)
Carta del Batallón a Lazán (30 IV 1817), correcciones de Lazán (21 VI
1817), el Rey recibió la solicitud en Enero de 1822 (A.P. Caj. 2, leg. 2
1 7). Opiniones de Palafox en 1822 (A.P. Caj. 5 4, leg. 4 1 1).