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Calle
Doctor Palomar, esquina con Pozo |
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La
forma de avanzar sobre seguro, para los franceses, era hacer
volar por los aires cada casa con sus defensores dentro (si
era posible, pues los ruidos de los zapadores minadores
alertaban con frecuencia a los emboscados).
Por esta razón resulta tan
sorprendente encontrarse en pleno escenario de batalla,
una casa aún en pie, en la calle Dr. Palomar
esquina con la del Pozo. Su fachada aparece de tal modo
acribillada, que podemos hacernos idea (mejor seguramente que
con cualquier relato) del "viento de plomo",
como fue descrito por uno de los sitiadores en su diario de
campaña, que azotó sus muros.
Por su carácter excepcional,
puesto que es la única que se conserva (y en perfecto estado
si exceptuamos la fachada tiroteada) y aún habitada, se la
consideró en cierto modo, como un monumento a los héroes,
por sí misma, según atestigua la placa adosada:
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Esta piedra / recordará
perpetuamente / el valor indomable del / Ejército y del
pueblo de Zaragoza / en la defensa de esta parte / de la
ciudad los años / 1808 y 1809 / A su memoria, a la del
/ P. Fr. JOSE DE LA CONSOLACION / y a la de / D. JOSE DE
LAHERA / le dedican las parroquias / del Salvador, San Gil,
/ San Miguel y / Santa María Magdalena / en el Ir.
Centenario / de aquellos dos / gloriosos / asedios. / El P.
José
Consolación, agustino descalzo,
fue (junto con el P.Boggiero) uno de los consejeros de
confianza de Palafox. Y también, junto con el P.Boggiero, velaría el lecho del General, cuando tan
enfermo y postrado hubo de esconderse tras la Capitulación.
La coincidencia con el sacerdote escolapio no acaba ahí:
también el P. Consolación sería preso por los franceses, el
30 de noviembre de 1809, y conducido a la Aljafería. Sólo
saldría ya para morir.
En efecto, el 8 de diciembre, día
de la Inmaculada, se le incorporará a una cuerda de presos y
caminará con ellos, Ebro arriba. Al llegar a las cercanías
de Luceni será separado del grupo, asesinado a tiros y
arrojado después al Canal Imperial. Parece ser que siete años
después, en 1816, sus restos volvieron a salir a flote en el
mismo lugar. Piadosamente recogidos fueron depositados en la
sacristía de la iglesia de Luceni, hasta su definitiva
inhumación en el Convento en el que siempre vivió, el de
Agustinos Descalzos, el 23 de Agosto de 1816. (OLIVAN BAYLE,
F. y SAN VICENTE, A. El Templo del Pilar durante los Sitios
de Zaragoza. Zaragoza. |
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Separata Col. particular. El
original consultado por el autor no lleva ninguna otra reseña
bibliográfica. No obstante, en los cuadernillos editados en
la Semana de las Fuerzas Armadas (año 1982) por Capitanía
General, CAZAR y otros aparece como "Cuadernos de
Filosofía y Letras", serie I, nº 61. Publicaciones de
la Revista Universidad nº 20, Zaragoza, 1967"). Desaparecido
hoy tal convento, que se hallaba situado entre la Basílica
del Pilar y la Iglesia de San Juan de los Panetes, se supone
que sus restos se encontrarán aún allí, bajo el solar de la
Hospedería.
La hazaña por la que
José
de la Hera (tataranieto directo de José de la
Hera -vía abuela materna- fue el ilustre prócer zaragozano,
D. Juan Moneva y Pujol) ha merecido que su nombre se esculpa
en piedra, simboliza la bravura y la determinación del pueblo
llano: en efecto, este hombre, un carpintero de 76 años,
viendo en el transcurso de las violentísimas refriegas que se
sucedieron el 4 de agosto, que dos soldados franceses, después
de haber dado muerte a los moradores de una casa, se dedicaban
al pillaje más brutal, arremetió contra ellos sin pensarlo
dos veces, matando a uno y apresando al otro, al que condujo
por las calles hasta llevarlo a presencia de Palafox.
Se cuenta que el pozo que da
nombre a la calle quedó completamente lleno de cadáveres de
los combates.
Para más
información, ver "Escapada urbana. Recordando los sitios
de Zaragoza", en
Boletín
12
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