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Hijo de los Marqueses de Lazán, fue
oficial de la Guardia de Corps, escolta de los Reyes de España,
desde 1792. Había sido de niño Infantico del Pilar. Tomó
parte en 1795 en la guerra contra la Convención francesa.
Se escapó de Bayona cuando Fernando VII
fue llamado allí por Napoleón y se vino a Zaragoza donde los
paisanos, que habían depuesto y encarcelado al Capitán
General Guillelmi por negarse a entregarles armas, le
nombraron capitán general. Ratificado su nombramiento por el
Real Acuerdo tomó disposiciones para movilizar tropas y
recursos para contener la invasión francesa, nombrando
Comandantes de los distintos Cantones fronterizos con Francia.Dirigió la defensa de la ciudad en los dos
Sitios, el primero del 15 de junio al 14 de agosto de 1808 y
el segundo del 21 de diciembre de 1808 al 20 de febrero de
1809. En el primero con paisanos voluntarios y muy pocos
soldados intentó defender la ciudad desde fuera, pero las
derrotas sucesivas en Tudela, Mallén, Alagón, Epila,
Belchite... le obligaron a encerrarse en la plaza y defenderse
en una cerrada lucha de casas. El 4 de agosto, cuando los
franceses habían llegado hasta el Coso, salió de la ciudad
para buscar tropas de refuerzo que estaban en Pina y Osera,
este refuerzo y la noticia de la victoria de Castaños sobre
Dupont en Bailén obligaron a los franceses a levantar el
cerco.
En el segundo Sitio dispuso de más tropas
regulares venidas de Valencia, Murcia, Lérida y Mallorca y
también de paisanos voluntarios. pero la superioridad en
hombres y artillería de los franceses le obligaron a
encerrarse en la plaza y recurrir a la defensa casa por casa
frente a una cruel guerra de minas desatada por los zapadores
franceses para ahorrar vidas que la guerra convencional les
costaba a raudales. Después de dos meses de resistencia,
agotadas las municiones y los víveres y diezmadas las tropas
y la población por la epidemia de tifus exantemático del que
también enfermó él gravemente, cedió sus poderes a una
Junta que capituló ante el Mariscal Lannes.
Llevado prisionero a Francia, donde pasó
cinco años, volvió a España tras firmar Napoleón con
Fernando VII el Tratado de Valençay y regresó a Zaragoza con
el Rey, siendo ambos muy aclamados por el pueblo. A partir de
ahí se encontró Palafox entre dos lealtades, a su Rey al que
no abandonó nunca y a la Constitución redactada por las
Cortes de Cádiz en 1812 que al General le parecía
beneficiosa y justa para el pueblo que había salvado a su
rey. Esto le ocasionó el desvío del monarca que no le perdonó
nunca haberse mostrado partidario de la Constitución. No
obstante fue capitán General de Aragón, Comandante General
de Alabarderos y Jefe del Cuerpo de Inválidos. Tras la muerte
de Fernando VII la Reina Gobernadora Mª Cristina le concedió
el título de Duque de Zaragoza. Murió en Madrid en la fecha
citada a los 72 años. Enterrado en el Panteón de Hombres
Ilustres, junto a la Basílica de Atocha, al cumplirse el CL
aniversario de los Sitios en 1958 su cadáver fue trasladado
con todos los honores a la cripta de la Basílica del Pilar de
Zaragoza donde reposa.
J. P. Goñi
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