| El Coronel de Caballería D.
Mariano Renovales lanza dos contraataques junto al Huerva,
consiguiendo hacer retroceder las avanzadillas enemigas, que
abandonan 4 banderas y 5 cañones (en la llamada Batalla de las
Eras). En los primeros momentos del combate en las murallas,
Palafox abandona la ciudad y entrega el mando a
Vicente Bustamante, lugarteniente del rey en Aragón. Los franceses se reorganizan y lanzan nuevos ataques contra
la Aljafería, el Portillo (donde por tercera vez son
rechazados en los pasillos del cuartel de Caballería),
Puerta del Carmen (donde ocupan temporalmente algunas
casas) y Santa Engracia (donde vuelven a penetrar los
lanceros polacos), siendo finalmente rechazados en todos los
puntos por el entusiasmo popular y la llegada de los 1.100
hombres traídos por el Coronel
Marcó del Pont desde el pueblo de San Gregorio. Al final
de la jornada, los franceses montan su campamento en lo que
ahora es Carretera de Logroño, y allí intentan reponerse
tras haber sufrido 700 muertos (sobre un total de 6.000
hombres), frente a los 300 de los defensores.
Durante toda la segunda quincena de Junio, ambos bandos van
acumulando medios y organizándose para la lucha,
al tiempo que se suceden las escaramuzas y duelos
artilleros. En la ciudad se hace acopio de tejas, piedras y
ladrillos para emplearlos como armas arrojadizas, se montan
barricadas en los accesos y calles y se fabrican municiones a
partir de toda clase de metales (especialmente de las rejas de
las casas) bajo la dirección del hombre de negocios
Lorenzo Calvo de Rozas, que lleva a cabo una gran
labor de intendencia. Mientras tanto,
Napoleón se muestra inquieto por la rebelión zaragozana, que
teme pueda extenderse a toda España e, incluso, Europa, e insta
a sus generales a ocupar la ciudad. A final de mes, los
franceses, mandados por el Gral.
Verdier,
suman unos 14.000 infantes, 1.000 jinetes y más de 20 piezas de
Artillería pesada, y se preparan para lanzar un nuevo ataque.
Palafox
es derrotado el día 21 en Épila, cuando intentaba cortar las
líneas de abastecimiento enemigas.
El 1 de Julio de madrugada comienza una gran preparación
artillera, que hace caer sobre la ciudad más de 1.400 granadas
de todo tipo en sólo 27 horas, abriendo grandes brechas en los
muros de la Aljafería y toda la zona del Portillo.
Palafox
vuelve a la ciudad con 1.300 hombres de refuerzo y se hace cargo
de la defensa.
El 2 de Julio se produce el esperado ataque sobre Puerta Sancho
(rechazado por Renovales),
Agustinos (mandado por
Sas) y Portillo, donde mueren gran número de defensores y
huyen los restantes, por lo que
Agustina Zaragoza Domenech (Agustina de Aragón) ha de frenar
la incursión enemiga disparando una carga de metralla con un
cañón en el que habían muerto todos sus sirvientes. Se producen
ataques secundarios en todas las puertas de la ciudad, pero
todos son rechazados. En conjunto, los franceses han sufrido ese
día 200 muertos y 300 heridos sin conseguir nada positivo, por
lo que su General se resigna a establecer un asedio tradicional
en base a trincheras y acumulación de artillería. En la victoria
española fue fundamental la dirección de
Palafox
desde su Cuartel General en el Convento de San Francisco
(actual Plaza España), desde donde rápidamente podía acudir o
enviar refuerzos allá donde se precisaran.
Durante todo el mes de Julio, los franceses avanzan en sus
trabajos de sitio siguiendo las instrucciones del propio
Napoleón, quien marca las prioridades de asalto en torno a
la Puerta de Santa Engracia y la Torre del Pino (una torre es
una casa de campo aragonesa), por considerarlo punto débil de la
defensa, al encontrarse en un saliente y frente a terreno
elevado al otro lado del río Huerva, desde donde se podía hacer
fuego con las baterías de asedio. Tal zona corresponde
actualmente con las Plazas de Aragón y Basilio Paraíso, por las
que pasa el río canalizado subterráneamente. Al mismo tiempo, se
suceden pequeños ataques de diversión y ocupación de puntos de
apoyo (días 9, 10, 11, 17 y 20), todos ellos con escaso
resultado. Consiguen cruzar el Ebro a través de un puente
construido en una noche, con lo que establecen un ligero bloque
o del Arrabal y saquean los huertos, molinos y fábricas que
aprovisionan a los sitiados.
Los zaragozanos continúan con los trabajos de fortificación,
talando los olivares que ocultaban el avance francés y
efectuando continuas salidas con pocos efectivos, un tanto
desorganizadas y de escaso provecho. Ante el bloqueo en la
margen izquierda comienza la escasez en la ciudad, por lo que se
comienza a fabricar pólvora en su interior, aprovechando el
salitre de las paredes y la mano de obra de mujeres y niños. Se
producen casos de indisciplina y choques entre paisanos
(ansiosos de efectuar salidas y "excesivamente patriotas") y
soldados (más conscientes de la inferioridad militar en campo
abierto). Al mismo tiempo van llegando las primeras noticias de
la victoria de Bailén (19 de Julio), primera rendición de un
ejército napoleónico en combate.
El 1 de Agosto comienza una nueva y más intensa preparación
artillera y los 15.000 franceses se preparan para el gran
asalto. Durante tres días continúa el bombardeo, causando gran
pánico en la ciudad e inmensos daños en las murallas. Por fin,
el Cuatro de Agosto
al mediodía se produce el ataque a través de las brechas de
Santa Engracia, Torre del Pino y Puerta del Carmen. Consiguen
ocupar algunas casas en los inicios de las calles Azoque y Santa
Engracia, pero son detenidos por las piezas ligeras enfiladas en
el otro extremo. De acuerdo a las reglas de la guerra,
Verdier
exige la rendición una vez dentro de la ciudad, con un lacónico
mensaje ("Cuartel General Santa Engracia: Paz y Capitulación"),
pero Calvo la rechaza
de forma no menos cortante ("Cuartel General Zaragoza: Guerra a
cuchillo"). Finalmente consiguen alcanzar el Coso por Santa
Engracia, donde hoy en día se encuentra el Banco de España,
provocando el pánico entre los defensores, que abandonan
masivamente la lucha. El propio
Palafox deja la ciudad, dándola por perdida,
contribuyendo a aumentar aún más la desbandada.
La infantería francesa avanza ordenada y cautelosamente por el
Coso en dirección al Mercado, San Gil y la Magdalena cuando se
producen varios hechos clave:
-En el Puente de Piedra, el Teniente de Caballería D.
Luciano Tornos frena la huida plantándose en el
centro con un cañón ligero con el que amenaza a los que huyen,
consiguiendo que vuelvan a la ciudad.
-En
la Magdalena, la vanguardia francesa es atacada a pecho
descubierto por un grupo de monjes, que la frena y causa algunas
bajas.
-La columna que se dirigía al Puente de Piedra entra por la
Puerta Cinegia (actual calle Mártires, en el Tubo) en lugar de
por S. Gil (calle D. Jaime), siendo detenidos en las callejas
del Tubo.
-La columna dirigida al Mercado comienza a saquear algunas casas
y es detenida por los habitantes, que combaten casa por casa.
Se reinicia en ese momento la lucha generalizada y los invasores
deben retroceder a la zona de San Francisco. Paisanos españoles
se infiltran en la retaguardia enemiga por los tejados, llevando
el combate cuerpo a cuerpo a zonas ya ocupadas y a las puertas
de la ciudad. Al final del
día, los franceses tienen 462 muertos y 1.505 heridos (un 15%
del total), habiendo conseguido introducir una estrecha cuña en
el centro del recinto, pero encontrándose completamente rodeados
por los defensores.
Los días siguientes, la situación continúa estabilizada, con
escasos avances franceses hacia los conventos de Jerusalén y
Santa Catalina y el Jardín Botánico (junto a la actual Plaza de
los Sitios) y San Francisco , debiendo ocupar las habitaciones
una por una, a través de agujeros abiertos en paredes y techos.
La lucha es agotadora, en medio de un calor agobiante, y
desanima a los franceses, no acostumbrados a este tipo de
combate.
El 9 de Agosto vuelve
Palafox con 200 carros de armas y municiones y 4.000 hombres
(entre ellos, grupos de voluntarios catalanes). Comienza de
inmediato el avance español, con contraataques en Santa Catalina
(calle San Miguel) dirigidos por
Renovales, y los franceses van replegándose dejando
franco-tiradores para cubrir sus líneas. El 14 de Agosto se
produce la rápida marcha de los ocupantes, tras hacer estallar
una gran mina en Santa Engracia e incendiar el convento de San
Francisco, abandonando numerosos víveres, municiones e incluso
armamento pesado (hundiendo los cañones de sitio en el Canal).
Verdier se dirige a Tudela para asegurar el flanco
izquierdo del repliegue general francés hacia el Norte,
consecuencia de la derrota de Bailén y el desembarco de
Wellington
en Portugal.
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