POR UN MUSEO DEL SOLDADO

 

 
 

Artículo publicado en "Tribuna Ajena" de Heraldo de Aragón el 29 de febrero de 2004

"Sería un eficaz instrumento para potenciar esa conciencia de defensa y una excelente contribución de las Fuerzas Armadas y de las instituciones aragonesas a los actos del Bicentenario"

Por Alfredo Ezquerro Solana, general de división
 

HACE poco más de un año desaparecían de nuestros cuarteles los soldados de reemplazo. Con ellos, el viento de la historia se llevaba más de 200 años de vida militar, desde la ordenanza para el reemplazo anual de 1770, con la que Carlos III pretendió sistematizar por vez primera el reclutamiento. Durante los siglos XVI y XVII, la profesión de soldado era de por vida. La honrada ambición y el espíritu aventurero bastaban para llenar con voluntarios los puestos disponibles en nuestros temibles tercios. Con el declinar del imperio español en el siglo XVIII desaparece también el espíritu militar de aquellos "señores soldados" que asombraron al mundo y el Ejército se convierte en refugio para huir de la miseria. Acuden a filas gentes de baja condición moral y las levas forzadas de vagos y maleantes se convierten en práctica habitual.

En 1768, el aragonés Conde de Aranda somete a la sanción real las "Ordenanzas de Su Majestad", conjunto de reglas muy detalladas que pretendían atajar el desorden organizativo y moral de las unidades militares. Su importancia fue tal que han estado vigentes hasta 1978. Como los voluntarios no eran suficientes, durante el siglo XVIII se impone también el odiado sistema de "quintas” por el cual se fijaba a cada pueblo el cupo de soldados que debía proporcionar a los ejércitos reales. Esta llamada "contribución de sangre" recae sobre las clases más desfavorecidas, pues los hijos de las familias acomodadas eludían su incorporacion pagando una elevada cantidad en metálico (redención) o bien "comprando" a otra persona para que se incorporase en su lugar (sustitución). Las protestas fueron constantes y dieron lugar a violentos incidentes. El grito de "¡Abajo las quintas!" se escuchó con frecuencia en nuestros pueblos y ciudades, y fue una de las causas determinantes del triunfo de la Revolución de 1868 y del posterior advenimiento de la I República en 1873. Por fin, durante el gobierno de Canalejas en 1912, se establece el servicio militar universal y desaparecen las temidas "quintas", recibidas con pavor por las clases pobres, al no disponer del dinero suficiente para redimirse o comprar un sustituto.

La duración del servicio, que comenzó siendo de ocho años con Fernando VII, fue reduciéndose poco a poco hasta llegar a los nueve meses en el último reemplazo de 2002. Durante estos doscientos años, nuestros soldados defendieron los intereses de España a lo largo y ancho del mundo, en condiciones más que lamentables, con mal equipo, sanidad deficiente y escasa alimentación. A pesar de todo, son numerosos los ejemplos de acciones heroicas protagonizadas por simples soldados en Cuba, Filipinas, Marruecos, etc.

También aquí, en Aragón, hay muestras de esos actos meritorios. Nos disponemos a celebrar dentro de unos años el bicentenario de los Sitios de 1808 y 1809. En ellos, numerosas unidades del Ejército regular y de voluntarios (Huesca, Teruel, Barbastro, etc.) acuden a Zaragoza para defenderla de las tropas francesas. El general Palafox forma con ellos cinco tercios, con esa tropa veterana que poco antes se había batido en Tudela, Mallén y Aragón. Más de 1.000 soldados y de 5.000 a 6.000 paisanos "reglamentados" fueron la base de esas unidades que, junto con todo el pueblo zaragozano, rechazaron las acometidas de Lefebvre y Verdier. El coronel Mariano Renovales o el comandante de Ingenieros Antonio Sangenis se distinguieron en la lucha junto a paisanos como el "tío Jorge" Ibort, Agustina Zaragoza o el cura Sas.

Se trabaja ahora con gran ilusión para conseguir que la Exposición Internacional de 2008 se celebre en Zaragoza. El Consorcio Zaragoza 2008 ha contagiado su entusiasmo a todos y grande es nuestra confianza en lograr la ansiada sede. Pero echo en falta la participación militar en esos fastos. Mucho se habla ahora sobre la conciencia de defensa, de estrechar los lazos entre civiles y militares en la sociedad española. ¿Por qué no crear, aquí, en Zaragoza, un Museo del Soldado? Sería un eficaz instrumento para potenciar esa conciencia de defensa y una excelente contribución de las Fuerzas Armadas y de las instituciones aragonesas a los actos del Bicentenario.

Un notable historiador militar ha escrito en fecha reciente que España es una de las pocas naciones de nuestro entorno que nunca ha erigido "ab initio" un monumento al Soldado Desconocido. ¿Qué mejor homenaje que levantarles un museo aquí, en Zaragoza, en la ciudad de los Sitios? Material hay de sobra, sin duda disperso por otros museos. No conozco que existan en otros países, así que España podría ser avanzada en rendir un merecido homenaje a tantos de sus hijos que dejaron, lo mejor de sus vidas en las filas de los Ejércitos como simples soldados.

Quedan cuatro años para el Bicentenario. Todavía estamos a tiempo.