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Tomar los bastiones exteriores (Convento de San José y
Reducto del Pilar, que cayeron los días 12 y 15 de enero
respectivamente) había costado a los franceses mucho tiempo,
pero al fin, el 20 de enero pudieron empezar a ocuparse
directamente de la muralla, que fue ferozmente atacada entre los
días 22 y 27, hasta ser reventada. No por ello les resultó fácil
progresar a los napoleónicos.
Sobre el heroísmo derrochado en
la defensa, baste considerar que la conquista de los 100 metros
que separan al Coso, del cinturón Constitución-Paseo de la
Mina-calle Asalto costó UN MES a los poderosos y
experimentados invasores (que emplearon a fondo no sólo
artillería, sino también minas subterráneas).
¿Cómo no sentir un respeto
emocionado por el grado de resistencia, el grado de aferramiento
a las piedras, el grado de desesperación, que nuestros heroicos
antecesores debieron alcanzar?.
No es cometido de este anecdotario
ir narrando escaramuza por escaramuza, voladura por voladura,
esquina por esquina, toda la gesta (para quienes pudieran tener
interés, existe bibliografía suficiente y adecuada). Nos
limitaremos aquí a traer ciertos testimonios de los propios
combatientes, para conseguir imaginarnos de algún modo, el
clima tan atroz que se respiró.
El propio Mariscal
Lannes
escribía así su informe: una muralla en cada calle, un
parapeto en cada esquina, una mina en cada casa, ¡qué guerra!,
inhumana y antirrazonable... (LANNES, J. "Cartas al
Jefe del Estado Mayor, Berthier").
El coronel Rogniat,
segundo Jefe del Cuerpo de Ingenieros francés, hombre
capacitado y serio: ... estas ruinas malditas se convertirán
en nuestras tumbas, antes de que hayamos expulsado al último de
esos fanáticos de su reducto final (ROGNIAT, Barón de, "Relato
de los sitios de Zaragoza y de Tortosa por los franceses").
El coronel Brandt,
oficial polaco del Regimiento del Vistula: ... entrábamos en
una habitación y se nos disparaba desde el techo o desde la
pared inmediata, a quemarropa, a través de improvisadas
aspilleras hechas por los defensores desde el cuarto de al
lado... (BRANDT, H. von, "Recuerdos de un militar
polaco: escenas de la vida militar en España y en Rusia de 1808
a 1812").
El barón Lejeune,
... las andanadas convierten los parapetos en piezas como de
encaje, por tantos agujeros... para desalojarlos hundimos el
muro que nos separaba de la pieza contigua, aplastando así a
los defensores resguardados detrás, y todo para descubrir entre
medio del polvo una habitación similar, y así una y otra
vez... al acometerlos, volvieron a repasar con gran velocidad el
agujero abierto en la pared, y desde su primitivo refugio, nos
tirotearon, sin dejarnos tan siquiera asomar ... (LEJEUNE,
BELMAS, BILLON y otros., cit. en RUDORFF, R. Los Sitios de
Zaragoza 1808-1809: Guerra a muerte. Ed. Grijalbo,
Barcelona,1977, y en GARCIA MERCADAL, J. Palafox, Duque de
Zaragoza (1775-1847). Ed. Gran Capitán, Madrid, 1948).
En la Plaza de la Magdalena es
obligada la referencia a la antigua Universidad.
Ubicada en el solar del actual Instituto de Bachillerato
"Pedro de Luna", sobrevivió, aunque muy maltrecha, a
los combates. Supuso el punto de máximo avance de los franceses
en el Segundo Sitio. Remozada, sirvió de sede al Instituto
femenino "Miguel Servet" de Enseñanza Media hasta
finales de los años 1960 en que fue derribada en parte.
Conservada sin convicción la capilla "Pedro Cerbuna",
los escasos cuidados que se le prodigaron acabaron propiciando
su hundimiento, perdiéndose con ella gran parte de su magnífica
biblioteca, que fue objeto de indiscriminado expolio,
desprotegida siquiera por una simple valla.
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