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Coronel Józef
Grzegorz Chłopicki. Llegó a Zaragoza como comandante del 1er
Regimiento –el de los granaderos–de la Legión del Vístula. Su
primera experiencia de combate la obtuvo en la guerra de 1792 contra
Rusia. Luego participó en la Insurrección de 1794 con Kościuszko y
en las campañas de Italia con las primeras legiones organizadas por
Dąbrowski. En Zaragoza sobrevivió, pese a haber estado al frente de
muchos asaltos. Gracias a él se pudieron tomar los Monasterios de
San José, de San Francisco, el Monasterio pequeño de Capuchinos. Fue
también el oficial que se alzó con las victorias de Mallén, Alagón y
Épila. Ya al final de los asedios, el mariscal Lannes le encomendó
dirigir la fuerza de ataque al centro de ciudad, por el Coso.
Por ese motivo, el pintor Sucholdoski lo pinta al frente de los
granaderos que se abalanzan sobre la brecha abierta en el Antiguo
Seminario, en el cuadro que hoy se guarda en la sala napoleónica del
Museo del Ejército polaco en Varsovia. El valor y la destreza que
demostró en Zaragoza le valieron el ascenso a General de Brigada.
Cuando Lannes se desplazó al frente de Valencia, fue él quien quedó
al frente de las tropas empleadas en Aragón. En ese momento es
cuando las acciones de la Legión se van extendiendo por el Valle del
Ebro hasta la costa. Tudela, Calatayud, Belchite, Lleida, Tortosa y
Tarragona. Más tarde la Legión volvería a destacarse en la defensa
del Castillo de Fuengirola y en la batalla de la Albuhera. Dejó
España para combatir en Rusia (Smolenko, Borodino, Moscú) hasta que
en 1813 dimitió por sus discrepancias con el Emperador.
Terminadas las
guerras napoleónicas, entró al servicio del ejército del Reino de
Polonia creado por el Congreso de Viena como región autónoma del
Imperio Ruso, pero sólo permaneció hasta 1818. Sin embargo, su vida
militar no acabó ahí. Con motivo de la insurrección de Varsovia de
1830, en los momentos de mayor desconcierto, se proclamó dictador de
la misma, más para poner orden y contenerla que otra cosa. No
obstante, el curso de los acontecimientos le llevó a enfrentarse de
nuevo a los rusos, a los que batió en la batalla de Groclów. Fue su
última gran victoria antes de caer herido en Olszynka Grochowska
(1831), la mayor batalla europea después de Waterloo. Abandonó la
dictadura ese mismo año y se retiró a Cracovia hasta el final de su
vida.
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