RADIO BICENTENARIO
 

 

Onda Cero Zaragoza, 4ª época, programa nº 31

Emitido el jueves 14 de agosto de 2008

Interviene: Paco Escribano, José Antonio Alaya, Mariángeles Pérez, Jorge Muñoz (soldado) y Sergio Sánchez como
el General José Palafox.
 

Para facilitar la descarga del archivo de sonido, lo hemos dividido en dos partes.     I Parte      II Parte

 

 

ZARAGOZA 2008: BICENTENARIO DE LOS SITIOS
 

    AGENDA.  

Del 29 de mayo al 14 de octubre. Centro de Historia de Zaragoza (Pza. San Agustín s/n)

Exposición: “La ciudad de Los Sitios”

Fundación Zaragoza 2008.

LIBRE

Del 5 de junio al 15 de septiembre. Lonja de Zaragoza (Plaza del Pilar)

Exposición: “Encrucijada de culturas”. Incluye un interesante apartado de Los Sitios.

Ibercaja

LIBRE.

14 de agosto, 20,30 h. Iglesia de Santa Engracia.

Misa conmemorativa de la voladura del Monasterio de Santa Engracia y del final del Primer Sitio

A.C. “Los Sitios de Zaragoza”

ENTRADA LIBRE.

15 de agosto, de 11 a 21 horas. Plaza Mayor de la Venta del Olivar (Zaragoza)

MERCADO DE LOS SITIOS:

Incluye romances de ciego y actuaciones.

Ayuntamiento de Zaragoza. Participación Ciudadana.

ENTRADA LIBRE.

Puede encontrar la agenda actualizada de los actos de todo el año, no sólo con los ya confirmados, sino también con otros en diversas fases de organización y que incluso podrían no llegar a realizarse en:


 

CRÓNICA DE ZARAGOZA, DOMINGO 14 DE AGOSTO DEL AÑO DEL SEÑOR DE 1808
 

Titulares:

-                LOS FRANCESES LEVANTAN EL SITIO A ZARAGOZA.

-                DESTRUIDO EL MONASTERIO DE SANTA ENGRACIA.

-                RELATIVA VUELTA A LA NORMALIDAD EN NUESTRAS CALLES.


 

LOS FRANCESES LEVANTAN EL SITIO A ZARAGOZA.

Esta mañana hemos amanecido libres de franceses, que han desamparados todos los puntos del asedio con tal precipitación que han dejado muchos efectos de cartuchos, armas y un cañón de a 8 que tenían colocado en el Coso; en Torrero se ha hallado el amasijo del pan y muchos carros, siendo todo ocupado por nuestras tropas. Las calles han quedado llenas de minas, de cadáveres suyos y de sus caballos, que todo da un hedor insufrible, pero todo ha sido dado por bueno por el valeroso pueblo por la alegría de verse libre de enemigos.

El Ayuntamiento, llevado de la más sincera devoción, ha aprobado la celebración de una fiesta a Nuestra Señora con la mayor solemnidad, y se ha acordado con el Cabildo Eclesiástico un Te Deum para las 6 de la tarde[1], convidando la Ciudad a Su Excelencia a dicha función. Ahora mismo hay gran concurrencia de personal en la Basílica del Pilar, dándole a la Virgen el más expresivo agradecimiento por el triunfo alcanzado.

 

Para palpar ese ambiente, conectamos con Paco Escribano, que se encuentra en la Plaza del Pilar:

-                 A las 12 en punto se anunció al público la evacuación de los franceses con las campanas de las Catedrales, y si alguna vez excedió en
         regocijo y demostración fue en la ocasión presente, pues todo el pueblo se enardeció de nuevo en la devoción a María y en
         manifestarle nuestro justo reconocimiento.

-                 Está previsto que venga el Capitán General Palafox con su comitiva a dar las gracias a Nuestra Señora.
 

 

 

Declaraciones de soldado:
Día memorable para Zaragoza y que perpetuará su gloria inmortal, por haberse defendido de un Ejército que habiendo empleado 48 días para entrar en la ciudad destituida de muros, tropa, y que en 11 días que han pisado su suelo, no han podido trepar sus calles, teniendo baterías en ellas, lo que acredita el gran valor de
sus vecinos, y el amor de nuestra Patrona; cuyo borrón no podrá jamás cubrir la Nación Francesa, ni su
inicuo Emperador.

 

DESTRUIDO EL MONASTERIO DE SANTA ENGRACIA.

Este feliz desenlace parecía lejano aún ayer mismo, pues durante todo el día estuvieron los franceses haciendo fuego por todos los puntos y mucho daño, así por las calles como en los edificios, pegando fuego a cuantas casas pudieron, inutilizando especialmente el Convento de San Francisco, el Hospital y casas inmediatas, y tirando tantas granadas que parecía un infierno. Nuestras fuerzas les hicieron un vivo fuego desde las Casas del Coso, hasta lograr desalojarlos del Hospital, Santa Catalina y algunos puntos del Azoque, encontrando las casas muy maltratadas y sin mueble alguno.

Con todo ello, las gentes tuvieron más miedo que nunca y se salieron muchísimas a pueblos inmediatos y Arrabal. Al anochecer era tanto el fuego que había en el Coso, que todo él parecía una hoguera, pues ardían las casas inmediatas al Hospital, éste por todo el Convento de San Francisco y edificios de frente e inmediatos. El fuego duró sin cesar, afligiendo más y más, hasta media noche, en que volaron con una gran mina el Real Monasterio de Santa Engracia. Aquel terretiemblo inesperado suspendió los ánimos por un momento, pero al poco ya caminaban los paisanos a Torrero saltando los parapetos para comprobar la retirada de los invasores[2]

 

RELATIVA VUELTA A LA NORMALIDAD EN NUESTRAS CALLES.

Aunque a lo largo de los últimos días han continuado los combates, con particular virulencia en el entorno del Hospital, el Convento de la Victoria y la Misericordia, en ningún momento ha estado en peligro la ciudad y aun se fue reconquistando parte de los barrios que habían caído en manos de los franceses. Ello fue posible por el ardor y pericia de las tropas que han continuado llegando en nuestro refuerzo.

Además, el ánimo popular ha ido mejorando, pues ha empezado a normalizarse la entrega del correo y noticias, dando cuenta del abandono de los invasores de Madrid y de la pronta llegada de una división con tropas de Cartagena y Valencia, así como de las unidades que se han organizado en Calatayud. También han llegado sucesivos convoyes con alimentos provenientes de Cataluña, las Cinco Villas y la Tierra Baja, por lo que han vuelto la carne y el pan a las tiendas de la ciudad, dando por terminada la carencia de días anteriores.

 

Desde la Plaza del Pilar nos pide una nueva conexión Paco Escribano:

-         Acaba de llegar el Capitán General y va a dirigirse al público que llena la plaza.

¡Aragoneses!: Después de tantos días de penalidad y de aflicciones, llegó por fin la deseada época que podía prometerse de la constancia y del valor con que habéis defendido esta ilustre capital. Testigos ya de la vergonzosa huida de los esclavos franceses, que han abandonado la artillería, municiones y los víveres que su detestable rapiña habían amontonado, llenemos nuestra primera obligación, que es dar gracias al Todopoderoso por el bien merecido castigo a esos miserables soldados que profanan templos, ultrajan las imágenes sagradas y no conocen la moral ni son dignos de alternar con los demás hombres. Dejemos a Su Emperador entre los remordimientos y aflicciones, único patrimonio de todos los malvados, y roguemos al Altísimo que bendiga de nuevo nuestras armas, para que los Ejércitos que marchan en seguimiento de la fugitiva canalla logren su completa derrota.

La sangre de más de 8.000 franceses, que han pagado con la vida la temeridad de su Jefe en los campos de Zaragoza, sus puertas y algunas de sus plazas y calles, es el único fruto que ha cogido hasta ahora de su entrada en Aragón. Toda la Europa, y aun el Universo todo, oirá con admiración el detestable nombre de Lefebvre y de Verdier, sus Gobernadores, que olvidados del buen tratamiento que se ha dado en Aragón a los prisioneros franceses y demás naturales de aquel país, han cometido las mayores iniquidades y verán justamente la diferencia que hay de un sistema de gobierno vergonzoso y falaz al de una Nación que cimenta su felicidad en principios de equidad y que no considera como enemigos verdaderos a los que no tienen parte en los delirios de su gobierno. La Francia llorará muchos siglos el mal de la guerra con España, y no podrá sin vergüenza pensar en los medios que se han empleado para hacerla.

Labradores, artesanos, huérfanos, religiosos, viudas y ancianos que habéis quedado reducidos a la indigencia y a la miseria por haber incendiado vuestros campos, destruido vuestras haciendas y casas, y robado los franceses una propiedad que, aunque limitada, constituía vuestra fortuna y era vuestro único consuelo, tranquilizaos. Tenéis la fortuna de vivir en España y la gloria de haber defendido la capital de Aragón, impidiendo que nuestros enemigos asolasen el resto de esta hermosa provincia. Habéis sufrido con resignación vuestros quebrantos, disimulando vuestras penas, desestimado vuestra fortuna, y aun despreciándola por atender sólo al bien general. Mi corazón no puede ser indiferente a tantos rasgos de heroísmo y no sosegaré hasta proporcionaros algún alivio.

¡Viva Zaragoza!, ¡Viva la Virgen del Pilar!, ¡Viva Fernando VII!
 

 

FUENTES:

-                CASAMAYOR, F. Años políticos e históricos de las cosas sucedidas en Zaragoza (1808), (Comuniter, 2008).

-                CASAMAYOR, F. Diario de Los Sitios (Comuniter, 2000).

-                ALCAIDE IBIECA, A. Historia de los dos sitios que pusieron a Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón.

-                BELMAS, J. Los Sitios vistos por un francés, (Comuniter, 2003).

-                Gazeta de Madrid de los días 6, 7, 9 y 12 de agosto de 1808.

-                Gazeta ministerial de Sevilla del día 27 de julio de 1808.

-                Gazeta extraordinaria de Zaragoza de los días 9, 10, 17 y 18, y Gazeta de Zaragoza del día 16 de agosto de 1808.



Diario de Los Sitios, de Faustino Casamayor.

Versión actualizada para lectura radiofónica por Paco Escribano.

 

Martes 9 de agosto de 1808

Muy de mañana empezó el fuego del enemigo, procurando ganar el Convento de la Victoria, el cual sufrió un vivo ataque de bombas y granadas que arruinaron muchísimo, pero fue tal el ardor de nuestros paisanos y el tesón con que los voluntarios y tropa catalana defendieron sus puntos, que a pesar de habernos muerto y herido varios Artilleros, se logró hacer inútiles todos sus esfuerzos, apoderándonos de la puerta del Carmen con el cuchillo en mano, matando a todos los que estaban en la batería de dicha Puerta, quitándoles el cañón de a 16 y un obús que tenían, con los que habían hecho mucho daño, en cuya ocasión acreditaron su valor y patriotismo, tirándose a ellos a gatas, evadiendo con esta estratagema el fuego del cañón. Desde esta hora, que era antes del mediodía, ya no pudieron los franceses hacer ningún progreso, sino ir perdiendo mucha gente.

Su Excelencia estuvo todo el día a la vista de sus tropas. Habiendo advertido que había en el pueblo quien daba aviso a los franceses con voladores del sitio a donde se debían dirigir sus bombas y granadas, como sucedió con una que cayó en la Plaza del Pilar, donde habían disparado hacía poco rato un volador, que por desgracia había muerto al golpe a un artillero, mandó publicar un bando en que condenaba a pena de muerte ejecutiva a todo aquel que tirase alguno de ellos, sin darle más lugar que para morir como cristiano, e igual pena a todo aquel que con sus voces alarmase al pueblo o lo incitase a la deserción, no concediendo cuartel a ningún francés y dando licencia para quemar las casas ocupadas por ellos, por el daño que desde ellas nos estaban haciendo, y concediendo grandes gratificaciones a todo aquel que se adelantase en estos servicios; cuyo bando se publicó, firmado de Su Excelencia, a voz de Pregonero.

Toda la tarde y noche siguió el fuego con el mismo tesón, sin adelantar los enemigos nada, y salió la gaceta extraordinaria con muy buenas noticias de la evacuación de Madrid y la venida de las tropas de nuestra defensa, las que inundaron de gozo a todos los habitantes de esta ciudad, en la que no cesaba un instante el tiroteo, y en todos los puntos se trababan continuas escaramuzas, no pudiéndose dar en una narración la multitud de acciones parciales que hubo en estos días, ni menos una idea del cuadro que ofrecía esta capital de edificios ardiendo, de hogueras que se hacían para quemar los cadáveres enemigos, al mismo tiempo que se continuaban las obras de fortificación, de parapetos, cortaduras, alarmas y agitaciones, finalmente todo lo que puede presentar de más terrible el teatro de la guerra.

 

Miércoles 10 de agosto de 1808

Los franceses muy de mañana empezaron su fuego contra la Casa de Misericordia y Convento de la Victoria, al que arrojaron tanta bala rasa, granadas y bombas que lo inutilizaron. Pero a pesar de esto, la defensa fue tan bárbara que no pudieron aprovecharse de ninguno de los dos puntos, habiendo durado el fuego todo el día sin poder adelantar un paso, antes se les ganó la acción de arrinconarlos hacia los barrios del Carmen, sin dejarlos salir ni del Hospital ni de San Francisco, cuyos edificios han inutilizado mucho más para formar sus defensas, en tales términos que para poderse librar de sus fuegos, mandó Su Excelencia se diese fuego al Hospital, como se verificó desde muy de mañana, ardiendo todo el día, para ver si de ese modo lo desamparaban.

Fue tan grande el ardor de nuestras tropas en estas acciones que se logró quitarles un cañón y un obús con los que después se les hizo mucho daño, retirándose hacia Torrero con lo mucho que habían robado en el discurso de estos días sin haber perdonado casa, convento rico o pobre, causando las mayores perjuicios.

Un trozo de Caballería enemiga intentó pasar el Ebro por el termino de Ranillas, pero luego que fue vista por las tropas del Coronel Don Felipe Perena, Comandante de la Ciudad y Partido de Huesca que constaban de 2000 hombres, que estaban apostados en las alturas de San Gregorio, y que les acometían, desistieron de su intento, retrocediendo inmediatamente sin esperarlos hasta el camino de Alagón.

Nuestro General con su plana mayor se trasladó al Convento de San Lázaro para estar más desembarazado y poder acudir a las tropas apostadas en las inmediaciones de la ciudad, el que tuvo noticia de la proximidad de las que venían de Cartagena y Valencia, que ya estaban dentro de Aragón, como también las del Partido de Calatayud.

Estos días no se vendió sino oveja y macho en las tablas, con lo que se socorrió al pueblo, el que se ha disminuido notablemente por los muchos que han marchado hacia Huesca, Alcañiz y otros pueblos, especialmente los que vivían en las casas que tuvieron la desgracia de ser ocupadas por los enemigos.

 

Jueves 11 de agosto de 1808

Siguieron los enemigos con el mismo furor en hacernos todos los daños posibles, no cesando un instante en procurar arruinar cuantas casas podían, dándoles fuego de manera que todo el tránsito de la Ciudad que ocuparon quedó todo ya en este día hecho ruinas, y los barrios inmediatos poco menos que desiertos, como sucedió en la Iglesia de San Miguel, que fue preciso trasladar el Santísimo a la Magdalena.

Pero lo que más lastimó el corazón de toda Zaragoza fue el arruinar el magnífico y hermoso Obelisco, pasmo y asombro del arte, y el triunfo más completo de la fe Cesaraugustana, la Santa Cruz del Coso que a impulsos de un cañón que colocaron a su frente la arruinaron, sólo por mostrar su rabia y herético furor, lo que fue muy sensible a nuestro General y a todo el vecindario, por haber perdido un recuerdo el más constante de la fe de nuestros mayores.

Una columna francesa pasó el Gállego por el vado con ánimo de interceptar unos carros de municiones de boca que venían de Cataluña, pero las tropas que guarnecían el puente lograron hacerlos huir y poder introducir dichos carros y 50 más que llegaron de las Cinco Villas, y 150 de la tierra baja con abundantes comestibles.

El General estuvo esta tarde en las casas del Coso a reconocer la situación del enemigo y ver los horrorosos daños que están haciendo, y se retiró a su Cuartel General de San Lázaro. La gente prosiguió en pasarse al Arrabal, donde es tanto el gentío que abruma aquel vecindario. Esta tarde salió al público gaceta extraordinaria donde se confirman de oficio la salida de los franceses de Madrid y la pronta llegada de una división compuesta de las tropas de Cartagena y Valencia, que vendrán mandando el Brigadier Saint-March y el Excelentísimo Señor Conde de Montijo, lo que ha llenado de gozo a todo este Pueblo.
 

Gaceta extraordinaria de Zaragoza del 9 Agosto de 1808

Por las valijas que estaban detenidas y han llegado ayer, ha recibido el Intendente de este Ejército dos cartas de su hermano Don Ramón Calvo de Rozas, Ministro de la Real Audiencia de Valencia y auditor general de dicho Ejército, en que le participa la agradable noticia de haber obtenido de la Junta suprema de aquel Reino, que conforme a los oficios pasados por el Excelentísimo Señor Capitán General de Aragón, había dispuesto enviar al socorro de esta Capital una división de aquel Ejército, compuesta de las tropas de Cartagena y Valencia, que vendrán mandando el Brigadier Saint-March, y el Excelentísimo Señor Conde de Montijo, y otros oficiales.

 

Otra extraordinaria del 10 de Agosto

El Excelentísimo Señor Capitán General tiene la satisfacción de anunciar a los valerosos habitantes de esta ilustre Capital que tantas pruebas de heroísmo y constancia han mostrado, que el Ejército de Valencia con fuerzas muy numerosas y una artillería respetable está ya en Aragón, va a llegar por momentos y lograremos el deseado exterminio de nuestros viles enemigos.

Por orden de Su Excelencia se ponen a continuación los oficios que recibió ayer del Ilustrísimo Señor Don Arias Mon de Velarde, Decano Gobernador de Consejo de Castilla a nombre de este tribunal, como también la respuesta de Su Excelencia dirigida por extraordinario a Madrid.

 

Viernes 12 de agosto de 1808

Siguió el fuego de granadas todo el día, causando el mayor trastorno, especialmente en las casas inmediatas a la Seo y algunos dentro de su Iglesia, y la mayor parte en el Arrabal. En el Ebro cayeron en tanta abundancia que se vieron muchos peces muertos sobre el agua.

Los franceses estuvieron todo el día haciéndonos fuego, quemando y talando las casas del Coso que el día anterior no habían incendiado, y los catalanes lograron a fuerza de brazos introducirse en el Convento de Santa Catalina, del que arrojaron a los enemigos, cuya noticia se anunció al público por el pregonero, para que las gentes que vivían en aquellas inmediaciones pudiesen ir con seguridad a sacar sus ropas y cuanto tuviesen.

Continuó en salirse la gente al Arrabal y pueblos de Huesca. Siguió el incendio del interior del Hospital donde tan sólo quedaron algunos pocos franceses, e igualmente del Convento de San Francisco, en cuya Iglesia y junto a la Capilla de los Ángeles tenían colocado un cañón. También se pudo lograr apagar por dos veces la Casa de Sástago, a la que daban fuego por la parte del jardín y San Diego.

Se dieron ya cartas de todo el Reino que estaban detenidas en la administración, puesta interinamente inmediata a la Aduana, en la que había más de 4 mil cartas. El pueblo fue tomando ánimo con la noticia de la proximidad de las tropas de Valencia y que los franceses de Torrero habían retirado parte de su artillería, como así lo aseguraron varios prisioneros, a quienes habían dado libertad bajo palabra de honor.

 

Sábado 13 de agosto de 1808

Todo el día nos estuvieron haciendo fuego por todos los puntos y mucho daño así por las calles, como en los edificios, pegando fuego a cuantas casas pudieron, inutilizándolo todo, especialmente el Convento de San Francisco, en el Hospital, casas inmediatas, y además tirando tantas granadas que parecía un infierno, no obstante el vivo fuego que de las Casas del Coso y de todos los puntos se les hacía, hasta lograr desalojarlos del Hospital y Santa Catalina, e inmediaciones.

Al anochecer era tanto el fuego que había en el Coso, que todo él parecía una hoguera, pues ardían las casas inmediatas al Hospital, éste por todo el Convento de San Francisco y edificios de frente e inmediatos. Este día se pudo entrar en los barrios de Santa Catalina y parte de los del Azoque, por haberlos hecho los nuestros salir de ellas, encontrándolas muy maltratadas y sin mueble alguno. Las gentes este día tuvieron más miedo que nunca y se salieron muchísimas a pueblos inmediatos y Arrabal.

El fuego duró sin cesar, afligiendo más y más, hasta media noche, en que volando la suntuosa Iglesia del Real Monasterio de Santa Engracia, desalojó el enemigo todos los puntos que ocupaba dentro y fuera de la Ciudad, dejándonos libres después de dos meses cabales que nos estaban sitiando, sin haberse podido internar, ni pasar adelante en los 11 días que han estado dentro de ella.
 

Aragoneses y Soldados que defendéis a Zaragoza

Dos meses ha que los llamados invencibles Ejércitos Franceses tienen sitiada esta capital y han usado de cuantos medios pueden sugerir la crueldad y la vileza para afligiros. No contentos de ejercer el robo de las cosas más sagradas, de incendiar los campos, de degollar a los rendidos e inocentes, y de violar sin pudor a las infelices que la casualidad y la desgracia han hecho caer en sus manos, han arrasado en la ciudad más de 5 mil bombas y granadas, han atacado con furor y a un tiempo mismo repetidas veces todos los puntos y baterías, y por fin no os han permitido un solo día y noche para el descanso.

A todo habéis sabido resistir, vuestro valor, vuestra constancia, y el fuego sagrado de la Religión y la Patria han hecho olvidar el descanso y preferir la muerte a la humillación y abatimiento del nombre Español. Vuestras mujeres, las zaragozanas, cuyo valor admirable las hace superiores a cuantas la historia nos recuerda, han desplegado su extraordinario espíritu y esfuerzo, presentándose en medio de los peligros para animaros y suministraros generosamente, durante los combates, los alimentos y auxilios necesarios. La Europa admirará la defensa que ha hecho Zaragoza. Toda la Nación Española dirige sus votos al Altísimo en favor nuestro y cuando llegue a saber que la vista misma de tantas desgracias como han sobrevenido, la ruina de muchas casas, y los robos cometidos por los viles esclavos de Bonaparte no han podido arrancar una sola lágrima, ni queja, y que tan solo respiráis armas y venganza; la posteridad llegará a dudar de tanto heroísmo, mas no podrá dejar de vencer la memoria de tanto oficial de mérito y tantos héroes ya Paisanos, ya Militares, como se han distinguido, y cuyos nombres se publicarán en días de más quietud.

Soldados, ya la suerte está decidida, nuestro triunfo es seguro, completad la obra que tan dignamente habéis sabido sostener, que no se salve ni uno solo de estos pérfidos destructores de la paz del género humano. Ya corren presurosos a vuestro favor los valerosos Ejércitos Españoles acostumbrados a vencer siempre. Estad preparados, y cuando llegue el momento de llamaros, que será en breve, acudid, obedeced a vuestros Jefes y acábese de exterminar el Ejército Francés, que tan mal se ha conducido en España.

Cuartel general de Zaragoza 13 de Agosto de 1808. Jose de Palafox y Melci.

 

 

Domingo 14 de agosto de 1808

Amanecimos libres de Franceses viendo desamparados todos los puntos, pero con tal precipitación que no tuvieron tiempo para llevarse muchos efectos de cartuchos, armas y un cañón de a 8 que tenían colocado en el Coso frente al Santo Hospital, hallándose así mismo en Torrero el amasijo del pan y muchos carros, que todo se ocupó por nuestras tropas. Las calles quedaron llenas de minas, de cadáveres suyos y de sus caballos, que todo daba un hedor insufrible, pero todo lo sufrió este valeroso pueblo con la mayor bizarría de ánimo al verse libre de tales enemigos, y que María del Pilar había triunfado sin detrimento de Su Santo Templo, al que concurrió todo el lleno del más expresivo agradecimiento a tributarle las debidas gracias.

El Ayuntamiento, llevado de la más sincera devoción, votó en los primeros instantes una fiesta a nuestra Señora con la mayor solemnidad, pasando comisionados al Cabildo Eclesiástico para el Te Deum, como lo acordaron para las 6 de la tarde del siguiente, convidando la Ciudad a Su Excelencia a dicha función.

A las 12 en punto se anunció al público la evacuación de los franceses con las campanas de las Catedrales, y si alguna vez excedió en regocijo y demostración fue en la ocasión presente, pues todo el pueblo se enardeció de nuevo en la devoción a María y en manifestarle nuestro justo reconocimiento. A la tarde se cantaron en ambas Iglesias las Vísperas, pero en el Pilar fue con la mayor solemnidad, y con todo el magnífico aparato de 1ª clase por ser la Titular, habiendo ido Su Excelencia con su comitiva a dar las gracias a nuestra Señora, el que fue sumamente victoreado. Con estas tan lisonjeras felicidades se pasó este día que será memorable en los Anales de Zaragoza y que perpetuará su gloria inmortal, por haberse defendido de un Ejército que habiendo empleado 48 días para entrar en la ciudad destituida de muros, tropa, y que en 11 días que han pisado su suelo, no han podido trepar sus calles, teniendo baterías en ellas, lo que acredita el gran valor de sus vecinos, y el amor de nuestra Patrona; cuyo borrón no podrá jamás cubrir la Nación Francesa, ni su inicuo Emperador.

Este día se evacuaron las casas que habían ocupado, sacando de ellas lo poco que habían dejado. En los campos se hallaron muchos cadáveres y caballerías muertas, especialmente hacia la Torre de Escartín y en el Convento de San Lamberto, donde tenían los heridos, de manera que de los 16 mil que vinieron a la conquista habrán quedado más de las 2 terceras partes.

Los enemigos que últimamente nos intimaban rendiciones y amenazaban con nuestra ruina, nos han dejado libres cuantos puntos ocupaban delante de la Ciudad. El General Lefebvre, alojado en la fonda de Torrero con el sobrino de la Emperatriz que estaba únicamente con el objeto de llevar al Emperador la noticia de la toma de Zaragoza, partieron a media noche, y hoy a la mañana se vio pasar por las Casetas la ultima división del Ejército Francés. Por otra parte, los males con que por último quisieron afligirnos no producirán el efecto que su perfidia se propuso, pues a toda priesa se están atajando los incendios excitados en la parte de la ciudad que tuvo la desventura de ser ocupada, y apenas ha tenido seguida el fuego de las casas de Torrero. Ya no resta sino que fuera de la ciudad nuestro valor les sea tan funesto como dentro de ella y acabemos de vindicar los males y agravios que hemos recibido.
 

Zaragoza y Agosto 14 de 1808

Según los partes que el Excelentísimo Señor Capitán General recibe sucesivamente de todos los puntos de defensa, consta que el enemigo entre 12 y 1 de la noche ha desalojado todos los parajes que ocupaba dentro y fuera de esta Ciudad; y habiendo salido nuestras tropas a hacer la descubierta han recogido algunos efectos, como son cartuchos de todas clases y algunas armas entre ellas un Cañón de a 8 colocado frente al Hospital.

 

Lunes 15 de agosto de 1808

Este día de la gloriosa Asunción ya se cantaron las alabanzas divinas en todos los Templos de esta ciudad no arruinados, y en el Pilar se celebró con toda la solemnidad acostumbrada.

Salió mucha parte de nuestras tropas a alcanzar al enemigo, y habiendo cogido a 4 Franceses en el Puente de la Muela con cartas de su General fueron traídos al nuestro, quien los mandó arcabucear, pero el pueblo los hizo ahorcar en el Mercado. Inmediatamente también trajeron en una pica la cabeza de un teniente coronel francés muy joven muerto por los nuestros en Pedrola, la que presentaron a Su Excelencia con caballo y armas. Se continuó en evacuar las casas incendiadas y arruinadas, sacando de ellas lo poco que habían dejado, que ciertamente era muy poco y en muy mal estado.

 

Función del Te Deum [NOTA: ESTE ACTO TUVO LUGAR EL DÍA 14]

Al mediodía se repitió el campaneo para anunciar la función del Te Deum para las 6 de la tarde, a cuya hora estaba ya el Pilar muy iluminado y con un gentío extraordinario. El Regimiento de Suizos de Wimpfen estaba tendido desde Palacio a la Iglesia. A la hora señalada pasó la Ciudad desde sus Casas Consistoriales a incorporarse con Su Excelencia, quien de antemano había convocado toda la oficialidad. Puesto Su Excelencia en la Presidencia se formó la comitiva la que daba principio por toda la oficialidad, en seguida los timbales y clarines, y detrás el Ayuntamiento; llevando en su cuerpo a los Jefes del Ejército (y entre ellos al Conde de Montijo que acaba de llegar de Paniza donde había dejado su Ejército Valenciano), escoltado todo este lucido acompañamiento del Batallón de Nuestra Señora del Pilar, y del Capitán de la nombrada de Palafox, Don Jorge Ibort Vecino del Arrabal, que desde el día 23 de Mayo ni de día ni de noche ha desamparado a su General.

Habiendo llegado al Santo Templo y colocado Su Excelencia en la Presidencia, se cantó el Te Deum con la mayor magnificencia y con las oraciones de rúbrica. Finalizado, acompañado del Ayuntamiento y Oficiales Generales, pasó a la Santa Capilla en donde después de haber hecho una breve oración subió a besar la mano a nuestra Señora con la mayor devoción, y la confianza que le merecía su soberano patrocinio, acordándose del tiempo que le sirvió de Infantillo.

Vuelto a hacer otra breve oración se restituyó a su Palacio con el mismo orden, y en medio de las mayores aclamaciones del numeroso concurso, y recibiendo nuevamente los obsequios del Ayuntamiento se despidió cortésmente, manifestando su agradecimiento a todo el Pueblo, y dando a los Infantillos una onza de oro. Todo el rato de la función estuvo la artillería haciendo salva a nuestra Señora y muchísimos Vecinos.

Este fue el primer acto de reconocimiento que se ha dado a Dios y a nuestra Señora del Pilar por los beneficios recibidos en habernos librado de la opresión francesa, y de los oprobios que han sufrido los que han tenido la desgracia de caer en sus manos, lo que hizo ver Su Excelencia en el manifiesto que hoy día se publicó firmado de su mano.

 

Manifiesto

Después de tantos días de penalidad y de aflicciones, llegó por fin la deseada época que podía prometerse de la constancia y del valor con que habéis defendido esta ilustre capital. Testigos ya de la vergonzosa huida de los esclavos franceses, que han abandonado la artillería, municiones y los víveres que su detestable rapiña había amontonado, llenemos nuestra primera obligación, que es dar gracias al Todopoderoso que ha dado el bien merecido castigo a esos miserables soldados que profanan templos, ultrajan las imágenes sagradas de la Divinidad y no conocen la moral ni son dignos de alternar con los demás hombres. Dejemos a Su Emperador entre los remordimientos y aflicciones, único patrimonio de todos los malvados, y roguemos al Altísimo que bendiga de nuevo nuestras armas, para que los Ejércitos que marchan en seguimiento de la fugitiva canalla logren su completa derrota.

Los campos de Zaragoza, sus puertas y algunas de sus plazas y calles manchadas con la sangre de más de 8 mil franceses que han pagado con la vida la temeridad de su Jefe, es el fruto que ha cogido hasta ahora de su entrada en Aragón. Toda la Europa, y aun el Universo todo, oirá con admiración el detestable nombre de Lefebvre y de Verdier, sus Gobernadores, que olvidados del buen tratamiento que se ha dado en Aragón a los prisioneros franceses y demás naturales de aquel país, han cometido las mayores iniquidades y verán justamente la diferencia que hay de un sistema de gobierno vergonzoso y falaz al de una Nación que cimenta su felicidad en principios de equidad y que no considera como enemigos verdaderos a los que no tienen parte en los delirios de su gobierno. La Francia llorará muchos siglos el mal que la ha preparado la guerra con España, y no podrá sin vergüenza pensar en los medios que se han empleado para hacerla.

Labradores, artesanos, huérfanos, religiosos, viudas y ancianos que habéis quedado reducidos a la indigencia y a la miseria por haber incendiado vuestros campos, destruido vuestras haciendas y casas, y robado los franceses una propiedad que, aunque limitada, constituía vuestra fortuna y era vuestro único consuelo, tranquilizaos. Tenéis la fortuna de vivir en España y la gloria de haber defendido la capital de Aragón, impidiendo que nuestros enemigos asolasen el resto de esta hermosa provincia. Habéis sufrido con resignación vuestros quebrantos, disimulando vuestras penas, desestimado vuestra fortuna, y aun despreciándola por atender sólo al bien general. Mi corazón no puede ser indiferente a tantos rasgos de heroísmo, no sosegaré hasta proporcionaros algún alivio.

He encargado muy particularmente al Intendente General del Reino, Don Lorenzo Calvo de Rozas, que cuando las graves y urgentísimas ocupaciones del día se lo permitan, piense los medios de acudir a vuestro socorro, y cuanto en la generosidad de todos los corazones sensibles de los españoles y la de nuestro amado Rey, cuya causa habemos defendido, que harán un esfuerzo capaz de indemnizaros.

Cuartel general de Zaragoza 15 de Agosto de 1808. José de Palafox y Melci.
 

 

[1] Casamayor afirma que el Tedeum tuvo lugar el15, pero tanto la Gazeta del 18 de agosto como Alcaide (I, 252) lo sitúan el día 14. Además, este último emplea la expresión
“aquella misma tarde”.

[2] Alcaide, I, 251.