Programa N° 69

Emitido el 19 de Septiembre de 2003

Interviene Paco Escribano
 

Las Salidas

En Los Sitios, los franceses contaban con superioridad de medios, hombres y táctica. Por ello, los intentos ofensivos de los españoles fueron escasos y localizados. En cualquier caso existieron, como corresponde a una lucha técnica como la de los asedios, que los incluían en sus “reglas de juego”.

Las salidas son contraataques realizados por los defensores contra algún punto débil del atacante.Se consigue con ellas destruir los trabajos de asedio, destruir órganos
logísticos o, simplemente, desgastar a las fuerzas atacantes. Estas acciones se basan en la sorpresa y la rapidez de ejecución, por lo que son protagonizadas por la Caballería.

La salida más importante tuvo lugar el 31 de diciembre de 1808. Ahora simplemente damos los relatos de dos acciones del Primer Sitio.

Fragmentos tomados de la Historia de los dos Sitios que pusieron á Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón, de Agustín Alcaide Ibieca, Madrid, 1830. Ed. facsímil de la DGA, 1988.

NOTA: Se ha respetado la ortografía original.

10 de julio de 1808, tomo I, pp. 180-182.

«El valor era tan grande, que los defensores infatigables, viendo derramadas las tropas francesas, no titubearon en acometerlas á cuerpo descubierto. En verdad interesaba el que no ocupasen los arrabales, porque entonces hubiese sido imposible introducir los auxilios y refuerzos que debian llegar por momentos, cuya idea sostenia el ánimo de los sitiados. Luego que vió el enemigo abandonada la torre de Ezmir, y replegadas la tropa y paisanos al arrabal, envió una avanzada para explorar; pero antes de que pudiera cerciorarse, las compañías de Cerezo, y una porción del batallon de jóvenes del Carmen, á quienes se incorporaron al toque de generala varios escopeteros, llenos de ardor y entusiasmo los atacaron; y guarecidos de los cauces y cañaverales sostuvieron un fuego vivo que les hizo retroceder con alguna pérdida. Las guerrillas diseminadas por la vega suscitaban diferentes encuentros, en los que los franceses no quisieron por el pronto empeñarse. Los paisanos, adiestrados con semejantes ensayos, salían á su arbitrio á incomodarles y desviarlos de sus posesiones.

Previendo que a seguida ocuparian los puntos mas ventajosos, la caballería que estaba organizándose salió á despejar el camino para que la infantería ocupase la torre del Arzobispo; lo que se verificó, partiendo sesenta ó setenta caballos á las órdenes del coronel don Bernardo Acuña, y un cañon volante bajo la direccion del oficial don Gerónimo Piñeiro, con su correspondiente tren. Apenas estuvieron á tiro de fusil, observaron que los franceses les hacian fuego desde el edificio, con lo que se detuvieron, esperando a que el marques de Lazan llegase con la infantería. El cañon volante comenzó a obrar; pero como estaban al descubierto, el enemigo desde la torre hacia un daño terrible, como que en un cuarto de hora perecieron algunos artilleros, y quedó desmontado, y contuso el oficial don Luciano de Tornos. Dudosos de si avanzarian partiendo á galope, ó aguardarian el refuerzo, después de haber perecido veinte y cuatro hombres y algunos caballos, una bala hirió gravemente al coronel Acuña, con cuyo motivo tomó el mando el coronel don Antonio Torrecini. Á esta sazon llegaron el brigadier don Antonio Torres con una porcion de fusileros y walonas, y el coronel don José Obispo con otra de portugueses y voluntarios. En seguida mandó el marques avanzasen, y dando espuelas a los caballos partieron todos á galope tras ellos; y visto aquel arrojo por los enemigos, y la superioridad de fuerzas, pues al mismo tiempo iban avanzando para sostener la izquierda por el camino de los molinos las compañías de Cerezo, abandonaron la torre del Arzobispo. La rapidez con que cargaron nuestros valientes hizo que en el molino del PiIon, que está frente a la indicada torre, rodeasen a los que lo ocupaban y les intimasen la rendicion; pero viendo no hacian caso, escalaron treinta portugueses el molino, y dieron muerte a los ocho franceses que allí habia. Inflamados con el feliz éxito de esta accion, Torres con parte de la caballería llegó hasta el puente de Gallego, que aun estaba ardiendo; y Obispo con otra porcion y alguna infantería avanzó hasta cerca de Cogullada, haciendo al enemigo algunos muertos y prisioneros de los que iban errantes: y habiendo colocado una gran guardia, y guarnecido las torres de Lapuyade y del Arzobispo, se retiraron llenos de gloria á recibir los aplausos del pueblo, que estaba esperando con impaciencia el resultado de aquella salida. »

23 de julio de 1808, tomo I, pp. 182-184.

«Como que era grande el teson y empeño de los sitiados y sitiadores, no había día ni hora en que no ocurriese por un punto ú otro algun choque, y continuase el bombardeo, aunque no tan furioso como los días 30 de junio, 1 y 2 de julio. Las escaramuzas eran muchas, y el buen éxito que tuvo la salida primera, en que lograron ocupar el punto de la torre del Arzobispo, los excitaba a repetirlos, pues por la izquierda había mas campo para obrar, por cuanto el enemigo solo se apoyaba en las casas de campo, sin emprender obras como en su derecha. El 23 muy por la mañana el comandante de los vados de Gallego don Rafael Estrada ocupó la derecha del río, y comenzó á hacer un reconocimiento, lo que alarmó al enemigo, el cual, viendo que por el camino de Barcelona venia gente, tomó posiciones en tanto se batían las guerrillas. La infantería, caballería y artillería, compuesta de un batallon o tercio incompleto á las órdenes del brigadier don Miguel Viana, de doscientos paisanos del batallon de Tauste á la direccion de su mayor don Joaquin Urrutia, y del cañon de á ocho volante dirigido por Piñeiro, se formó delante del convento de san Lázaro. No pudiendo dirigir guerrillas á derecha e izquierda por estar inundados los campos, partieron de vanguardia por el camino cuarenta caballos á las órdenes de don Antonio Torrecini: a estos seguia el cañon volante, á pesar de que Piñeiro expresó no le tocaba el hacer la descubierta: la infantería formó en columna cerrada, y á su frente iba el brigadier Viana, y luego a retaguardia el resto de la caballería, dirigida por el coronel don Miguel de Velasco. En esta forma avanzaron hasta un ángulo del camino, en el que hicieron alto; y Viana mandó una avanzada para que hiciese la descubierta. Ésta volvió, expresando no había hallado obstáculo, y movió toda la fuerza con direccion al puente de Gallego. Ya estaban próximos á las casas situadas junto al puente, cuando de proviso salen de entre los cañaverales y zarzales unos cincuenta lanceros. Al ver Viana aquella sorpresa, y el efecto que causó en su gente, apenas pudo contenerles: el cañon hizo una descarga; pero la velocidad é ímpetu con que cargó la caballería enemiga, y la llegada de una columna de infantería, produjo el desorden: siendo el resultado de esta desgraciada salida perecer á lanzadas el brigadier Viana, varios artilleros, soldados y paisanos; habiendo logrado salvarse los demas al auxilio de algunos senderos desconocidos. Un soldado portugues de á caballo se avalanzó á coger la lanza de su contrario, y logró ocuparla y darle muerte. Uno de los que hicieron frente al enemigo fue el sargento de Tauste Mariano Larrodé, que herido mató dos franceses de á caballo; al que premió el general. Éste publicó con dicho motivo un bando, imponiendo á los soldados y paisanos que abandonasen sus puntos, y no desempeñasen el servicio, las penas mas severas, el cual no solo se fijó en los parages mas señalados, sino que lo leían los gefes en la orden del dia. »