Programa N° 75

Emitido el 7 de Noviembre de 2003

Interviene Luis Arcarazo
 

Los Tercios de Barbastro

En la defensa de Zaragoza contra los franceses participó toda la población aragonesa. Ya antes de aproximarse las fuerzas enemigas en mayo de 1808, Palafox había decretado la movilización de fuerzas en todos los territorios aragoneses. En Barbastro se presentaron 3.500 voluntarios entre los 16 y los 40 años, una enormidad. Como la ciudad no tenía guarnición, no hubo armas ni uniformes para ellos, por lo que se equiparon con escopetas de caza, carabinas y prendas civiles. A pesar de ello, esos civiles encuadrados en los denominados Tercios de Barbastro, cumplieron con la misión que se les había encomendado: cubrir la retaguardia zaragozana, impidiendo la llegada del enemigo desde Francia o Cataluña.

En el momento cumbre del Primer Sitio, tras el asalto del 4 de agosto, Palafox llamó en ayuda de la ciudad a las milicias levantadas en el Alto Aragón. Lo que ocurrió en esos días se puede recordar en un fragmento de El Alto Aragón en la Guerra de la Independencia, de R. Guirao y L. Sorando, VII Premio “Los Sitios de Zaragoza”, Institución Fernado el Católico, 1995:

«La Junta de Barbastro, como hemos visto antes, había determinado enviar algunas compañías junto con el convoy de socorro a Zaragoza. Desde días antes se habían empezado a recoger los donativos y recursos de los vecinos de la ciudad y de los pueblos cercanos que se iban llevando hasta Leciñena, a la espera de trasladarlos a Zaragoza. El convoy una vez organizado se dirigió a Villamayor, donde llegó el 7 de Agosto, escoltado por el Tercio que se formó con las compañías de Barbastro y puesto al mando de Campos. Entre las compañías que formaban parte de esta unidad se contaban la de Chalamera y la de Selgua.

Una vez en Villamayor, los comisionados de Barbastro presentaron el socorro, consistente en 100 carros y 600 caballerías cargadas de víveres y municiones a Palafox.  

Palafox, con la llegada de estos refuerzos había logrado ya reunir un pequeño ejército de unos 5.000 hombres, con las tropas de Bañuelos, Perena y Campos.

A pesar de sólo contar con 800 hombres Lefebvre intentó desalojar a Palafox de Villamayor, pero sólo logró ocuparle algunos carros, por lo que solicitó refuerzos de Verdier y éste por toda respuesta le envió el despacho que acababa de recibir de Madrid, por el cual se enteró de los graves acontecimientos de Bailén, suspendiendo sus operaciones contra Palafox y regresando ante Zaragoza. El día 7 recibió Lefebvre un segundo despacho fechado el 29 de Julio en el que se le reiteraba la orden de levantar el sitio en el caso de no conquistar la ciudad en el plazo de cinco o seis días.

Ese mismo día 7, Palafox envió a Perena con los voluntarios de Huesca, Jaca y Barbastro hacia Villanueva de Gállego, para que desalojaran a los franceses, mientras que él, con las tropas restantes avanzaba directamente desde Villamayor hacia Zaragoza, entrando el 9 por la mañana, con un abundante convoy de provisiones y municiones, entre el júbilo y las aclamaciones de la población, que consideraban a Barbastro como su libertadora, pues a la llegada del convoy y de las fuerzas militares que los acompañaban se debió principalmente el que pudieran seguir resistiendo. Torcal describió así el evento:

"...Los pueblos todos de Aragón contribuyeron con sus recursos y víveres al sostenimiento de la ciudad sitiada. Sobresale entre todos por su patriotismo, desinterés y largueza la comarca de Barbastro, a la que con toda justicia y verdad puede aplicarse el calificativo de Libertadora de Zaragoza, a la vista de los grandes socorros tanto en hombres como en víveres con que acudió en auxilio de los sitiados..." ».

En recuerdo agradecido de tal ayuda, nuestra Asociación concedió al pueblo barbastrense su Medalla de Honor en 1996. Desgraciadamente, en el Segundo Sitio la ayuda no pudo ser tan eficiente, pues el socorro enviado desde tierras altoaragonesas fue aniquilado por los franceses en la Batalla del Llano de Leciñena.