Programa N° 82

Emitido el 9 de Enero de 2004

Interviene Paco Escribano
 

La Salida del 31 de Diciembre

Hace algunos programas ya hablamos de la necesidad que tenían los defensores de una ciudad sitiada de salir a combatir en campo abierto contra los atacantes. Hoy tratamos sobre la más importante salida efectuada por los españoles en Los Sitios de Zaragoza. Tuvo lugar el 31 de diciembre de 1808, cuando los franceses ya llevaban diez días a las puertas de la ciudad y no cesaban de perfeccionar sus tricheras de asedio (los “aproches”) y de acumular su imponente artillería, preludio de los asaltos que iban a empezar el 10 de enero. Palafox encomendó esta misión a su amigo y compañero de armas Fernando Gómez Butrón por el flanco derecho, en torno a la Aljafería, y al aguerrido Mariano Renovales en el otro extremo, desde el convento-fortín de San José. Veamos qué ocurrió, en palabras de los propios combatientes, aunque sus versiones son muy diferentes.

Fragmentos tomados de la Historia de los dos Sitios que pusieron á Zaragoza en los años de 1808 y 1809 las tropas de Napoleón, de Agustín Alcaide Ibieca, Madrid, 1830. Ed. facsímil de la DGA, 1988, Tomo II, pp. 71-80.

NOTA: Se ha corregido la ortografía original.

 
Parte de Fernando Gómez de Butrón a Palafox

Excelentísimo señor: Interesando a V.E. se examinase la forma, naturaleza y fuerza del enemigo en sus establecimientos sobre la Bernardona y demás puntos que le son contiguos, siguiendo sus retrincheramientos por nuestra izquierda de la línea hasta el reducto de San José, se sirvió honrarme con este encargo, de que tanto me complazco, y creo haber llenado en todas sus partes.

V.E. puso a mis órdenes a este efecto el batallón de reales Guardias walonas, mandado por el capitán don Luis Garro; el de suizos de Aragon, de cargo de su coronel don Esteban Fleuri, que, aunque no restablecido de una contusion que recibió en el ataque del arrabal, se presentó para tener parte en la gloria de este día; el batallón ligero de Huesca, a las órdenes de su sargento mayor don Pedro Villacampa; cien voluntarios catalanes, y hasta doscientos granaderos del regimiento infantería de Palafox; cuya fuerza en efectivo constaba de mil quinientos hombres, con doscientos[i] caballos de los regimientos de Fuensanta, dragones del Rey, Numancia, cazadores de Olivencia, Fernando VII, y partidas de húsares de Aragon; y otros cuerpos al mando del comandante don Domingo Vasalo, el teniente coronel don Francisco Rojas, el capitán don José Muzquiz, el de igual clase don Joaquín Marín, el teniente coronel don Cayetano Torreani, y los capitanes don Antonio Gómez y don Carlos Vega.

Pronta y dispuesta con una bizarra disposición esta tropa, me avancé del castillo [Aljafería] con el mayor general de infantería don Manuel de Peñas y los oficiales de plana mayor el coronel don Gervasio Gasca, el teniente coronel don Agustín Ore, los sargentos mayores don Joaquín de Carbajal y don Miguel de Velasco, aquél de mi división, y éste de caballería; el ayudante de campo de V. E. don Fernando Ferrer, el mío don Sebastián Mantilla, los de división don Domingo Gali y don José Falcón; el del cuartel-maestre del ejército de observacion don Manuel de Plaza, y el subteniente don Germán Segura, con seis ordenanzas de carabineros reales; y con efecto, a tiro de pistola del principal trabajo de los enemigos pude afianzar mis determinaciones para obrar con el tino y prudencia que merecía el caso, y que tan afortunadamente respondió al intento.

Sobre estos principios dispuse que las guerrillas de Palafox, reforzadas de los suizos y catalanes, figurasen un ataque por la derecha del retrincheramiento de la Bernardona [actual Estación de Delicias], sin comprometerse; y que el resto de los granaderos de Palafox, sostenidos por el batallon de reales Guardias walonas, lo practicasen asimismo por el camino de la Muela, entre el de Alagón y Casa blanca. En ejecución de esta maniobra, con un ardor sólo reservado al valor y disciplina, mandé a Villacampa atacase por nuestra derecha, y procurase penetrar hasta descubrir el flanco izquierdo del enemigo, que era todo mi interés: en esta situación recibí aviso del vigía que situé sobre el castillo, que por la margen derecha del Ebro se adelantaba una columna de infantería enemiga sostenida por un cuerpo de caballería: inmediatamente, con los dichos oficiales de plana mayor, me dirigí a dicho castillo con el objeto de examinar este movimiento, del cual asegurado, y notando que el batallón de Huesca, con una intrepidez propia de su buen nombre, no sólo había adelantado al flanco del enemigo, sino que, habiéndole batido de todas las torres en que se apoyaba, se hallaba bastante avanzado sobre la llanura, para sostenerle en todo evento, monté a caballo, y mandé me siguiesen los escuadrones de Numancia y Olivencia; dirigiéndome por el camino de Sancho a desplegar la batalla sobre la margen derecha del Ebro, acompañado de los insinuados oficiales de plana mayor, exceptuando el mayor general Peñas, a quien, por haberle herido el caballo una bala de fusil, y hallarse a pie, como para que me reforzase y sostuviese caso de una forzada retirada, dispuse se quedase con Huesca en observación de mis movimientos, y el coronel de día don Gaspar de Fiballer, que desde este instante me acompañó durante la acción; y que el distinguido batallón tercero de reales Guardias españolas, que llegó de refuerzo al mando de su comandante el brigadier don Juan de Figueroa, pasase a reforzar a Villacampa, quien, obligado de los considerables refuerzos que el enemigo había recibido, se veía precisado a retroceder: momento indicado para nuestra caballería: mandé atacar; y no bien oída la señal del clarín, escapa, derrota por aquella parte al enemigo, envuelve hasta unos doscientos que quedaron en el campo, y persigue a respetables batallones, que se precipitan de la otra parte de la acequia: dos violentos del enemigo, y la imposibilidad que ofrecía la segunda acequia terminaron la matanza; y estos valientes defensores, con las espadas teñidas de sangre hasta la guarnición, sin haber faltado una línea al orden, atacaron, cargaron, y volvieron a la formación, bien sentidos de que el obstáculo impenetrable hubiese puesto freno a su denuedo y valor.

Villacampa, repuesto en batalla, y sostenido por Figueroa, tomó posición para sostener a la caballería; de suerte que antes y después se prestaron estas armas los auxilios del arte como maestros en la guerra. Por esta parte se pudo contar la infantería, caballería y artillería enemiga, restando sólo lo más dificil, que consistía en hacer la retirada, pues las fuerzas del enemigo cargaban considerablemente, y en cinco columnas o escuadrones se acercaban como unos mil caballos; pero con la ventajosa posición que hice tomar al referido batallón de Guardias, colocando a su derecha un escuadrón de cazadores de Fernando VII y las partidas sueltas que manda el capitán don Carlos Vega, a su respeto se retiró Huesca al paso de parada por el camino de los Tejares, la caballería por la ribera del Ebro, como en retirada de asamblea; el respetable batallón de Guardias españolas lo verificó en batalla a paso sostenido, y a su retaguardia toda la caballería indicada, sostenidos unos y otros por los fuegos del castillo. Libre ya toda mi derecha, di posición a Huesca por la izquierda del castillo, y orden para que practicasen su retirada los walonas, suizos, granaderos y catalanes, que, sostenidos por el de Huesca y bien dirigidos fuegos por el castillo y batería del Portillo, la verificaron al compás regular a medio tiro de fusil del enemigo, sin que se atreviese a incomodarles en toda ella.

Los vecinos de Zaragoza, siempre consecuentes en sus sentimientos de fidelidad, valor y patriotismo, unos con sus fusiles mezclados con la tropa, y otros en conducción de municiones y heridos, han ofrecido un singular servicio, digno de su heredado valor. Las baterías del Portillo y Sancho tuvieron un acierto increíble en la dirección de sus fuegos, y las del castillo, que continuamente nos auxiliaron con los suyos. No he tratado en esta relación de buscar medios para cubrir faltas o exagerar méritos: toda la ciudad fue un testigo fiel: el enemigo ha padecido por esta parte sobre quinientos muertos, y muy superior el de heridos: de nuestra pérdida incluyo a V.E. el estado adjunto. En esta acción acreditó la tropa el valor que la caracteriza; su inextinguible entusiasmo y ardor patriótico lo acreditó con disciplina y orden, éste es el valor militar, éste es el mérito de los dignos jefes que las mandan, y de los distinguidos oficiales, que no confunden sus deberes con el de los soldados.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Cuartel general de Zaragoza 31 de diciembre de 1808.

Fernando Gómez de Butrón.

 

Alcaide, II, p.321:

ESTADO de los muertos y heridos que hubo en la salida del 31 de diciembre de 1808, según el parte que dio el brigadier comandante don Fernando Gómez de Butrón.

·         REALES GUARDIAS ESPAÑOLAS: el abanderado don Pedro Pastor y nueve
    heridos.

·         REALES GUARDIAS WALONAS: un cabo , cuatro soldados muertos y
    catorce heridos, entre ellos el alférez don Alberto de Suelves.

·         SUIZOS DE ARAGON: un herido.

·         GRANADEROS DE PALAFOX: tres heridos.

·         PRIMER BATALLON DE HUESCA: el capitán don Antonio Morera y el
    teniente don Joaquín Borgoñón, heridos; el capitán don José Sierra y el
    subteniente don Paulino Domenec, contusos; un sargento, un cabo y dos
    soldados muertos, y treinta y seis heridos.

·        VOLUNTARIOS DE CATALUÑA: dos heridos.

·         CABALLERÍA: El capitán de Dragones del Rey don Juan de Pen, contuso.

·         FERNANDO SÉPTIMO: el cadete don José Bermúdez, herido; un soldado 
    muerto, y diez y siete heridos en general.

 

Parte de Mariano Renovales sobre la salida desde el fuerte de San José

Excelentísimo señor: Inmediatamente que se me presentó en la noche de ayer el comandante Gasca, del primer batallon de voluntarios de Aragón (que de orden de V.E. remitió a la mía el señor inspector de infantería don Manuel de Peñas), para que, de acuerdo con dicho señor, formase combinación y plan de ataque en la mañana de este día, a fin de descubrir y reconocer la calidad de trabajos que el enemigo ha hecho en estas inmediaciones, determiné que dicho comandante Gasca, con doscientos soldados de su cuerpo, y cien voluntarios del Portillo, de la dotación de la puerta del Sol, del mando del comandante don Alberto Langles, saliesen por las Tenerías a ocupar y, llamarles la atención por mi izquierda, y orilla del Ebro, y que a las siete de la mañana les rompiesen el fuego por dichos puntos, empeñando la acción según las fuerzas de los enemigos que se les opusiese, mientras por la derecha se atacaba con toda formalidad por doscientos hombres del referido cuerpo de voluntarios, y ciento cincuenta cazadores de Orihuela, todos con sus respectivos oficiales, al mando de mi segundo don Francisco González, quien, marchando con su gente en columna hacia las trincheras y tapias que los enemigos ocupaban, les rompieron éstos el fuego desde ellas; pero, después de haber echado un exhorto a las tropas de su mando, cargó sobre ellos a la bayoneta, sin disparar un tiro de fusil; posesionándose de la casa, trinchera y tapias. Otro obstáculo hubo que vencer, que sólo el valor de nuestras valerosas tropas lo hubiera superado, y fue que el enemigo se hizo fuerte en la casa de la derecha de los trabajos, lo que advertido por Gonzalez, reanimó a los invencibles voluntarios, y en pocos minutos fueron desalojados, acompañado del famoso y experto capitán de ingenieros don Manuel Rodríguez Pérez para el reconocimiento de dichas obras; llevando consigo al mismo tiempo clavos y martillo para clavar artillería si el enemigo la hubiese tenido en parage que no se hubiera podido conducir a este punto: mientras tanto, mandaba yo la división del centro, compuesta de cincuenta cazadores de Valencia, del mando del comandante don Pedro Asell , para impedir la comunicación y pronto socorro de derecha o izquierda por los dos caminos de Torrero y la Cartuja; quedando el mando de esta fortaleza al de mis segundos el barón de Erruz y don Alberto Sagastibelza, el comandante de artillería don José Ruiz de Alcalá, los oficiales de marina destinados en este punto don Nicolás Rodabani, don Felipe Zayas y don Félix Ruiz, quienes, con sus acertados tiros por la artillería, contribuyeron a hacer retirar los enemigos, y daban lugar al avance de nuestras tropas.

Reconocidos los trabajos que se hallan sobre el flanco derecho de este reducto, y se prolonga en direccion oblicua hasta el camino de Torrero como unas doscientas toesas de distancia de este punto, sólo es una trinchera con el parapeto que han producido las tierras de su excavacion; su profundidad la suficiente para cubrir a un hombre, con su banqueta para la fusilería, sin que por ahora se advierta vestigio alguno de batería contra éste ni otro punto por la parte indicada.

De ningún modo puedo indicar a V. E. la satisfacción que este día  he tenido al ver avanzar las referidas tropas como leones sobre dichos enemigos, y recomendar con particularidad sus dignos oficiales, pues cada vez que extendía mi vista sobre derecha e izquierda, sólo veía correr los nuestros a porfía sobre los enemigos, y éstos en huida, hasta que, tocando a rebato las campanas de Torrero y generalas, cargó sobre nosotros un refuerzo considerable de tres columnas, a cuyo tiempo mandé se retirase nuestra gente, en virtud de haber conseguido y llenado los encargos de V.E. en el reconocimiento de sus obras.

En esta acción han perdido los enemigos, según informes de todos los oficiales y el mío, más de ciento cincuenta hombres; habiendo tomado nuestras tropas cuatro mochilas, seis fusiles, tres mantas, un poncho, una bota, y una sartén con que estaban guisando de comer; y últimamente, señor, si cuando González me pidió refuerzo para seguir adelante hubiese tenido tropa suficiente, no dude V.E. que acaso nos hubiésemos apoderado de Torrero, porque estaba el enemigo arredrado al verse acometido con el mayor denuedo a la bayoneta: consistiendo nuestra pérdida en el capitán de cazadores de Orihuela don Luis Maseres, cuya familia recomiendo con particularidad a V.E., seis soldados muertos de dichos cuerpos, heridos al teniente coronel del primero de voluntarios don José Aznar, el subteniente don Narciso Mira, y veinte y dos soldados de los referidos cuerpos. También debo recomendar a V.E. al teniente de zapadores de Calatayud don Miguel Mir, que con diez y seis hombres concurrió con toda firmeza a los trabajos de demoler las obras del enemigo durante la acción, en la que tuvo dos heridos, siendo uno de ellos el valeroso sargento primero de la misma Manuel Casaus, que fue el primero que lo emprendió al frente de su gente. Igualmente recomiendo a V.E. al subteniente don Diego Ballester, del primero de voluntarios de Aragon.

Es cuanto por ahora tengo que informar y poner en noticia de V.E., a fin de que tenga el gusto de saber con verdad la confianza que se les debe a dichas tropas.

Dios, guarde a V.E muchos años.

San José 31 de diciembre de 1808

Mariano Renovales

 

Proclama de Palafox en la orden de la plaza

Ayer sellasteis el último día del año con una acción digna de vosotros: cuando dispuse un reconocimiento general en los puntos que ocupa el enemigo, os hallé más prontos a un ataque, no pudiendo vuestra bizarría conteneros: bien luego hallasteis con quien chocar. El campo del enemigo todo en masa caía sobre vosotros, cuando, obedeciendo mi orden con más velocidad que pude darla, os arrojasteis sobre ellos, destrozando con vuestra bizarra caballería los famosos guerreros del norte, que os esperaban a pie firme. Su descarga no os aterró; mucho menos sus bayonetas, pues llegando más pronto vuestras espadas, tuvo el gusto esta invicta ciudad de ver tendidos por el suelo innumerables cadáveres de los bandidos que la sitian. Sonó el clarín, y a un tiempo mismo los filos de vuestras espadas arrojaban al suelo las altaneras cabezas, humilladas al valor y al patriotismo. ¡Numancia, Olivencia! estoy satisfecho de vuestra bizarría: ya he visto que vuestros ligeros caballos sabrán conservar el honor de este ejército y el entusiasmo de estos sagrados muros. ¡Batallones que os hallasteis en la acción! Todos sois merecedores del aprecio de vuestro general: ¡y vosotros, jefes, a quienes he confiado el mando de estos cuerpos; y los que guardáis los fuertes muros de esta ciudad! todos sois acreedores a la justa opinion pública. Comenzad este año como acabasteis el pasado: sean mayores nuestras glorias, puesto que deben ser mayores los empeños, y mayor el lauro de conseguir con vuestro esfuerzo la entera libertad de España. Yo os prometo, soldados, toda mi consideración: y para que el día de ayer sea anotado entre los grandes y felices de nuestro ejército, he dispuesto que, en testimonio de vuestra bizarría, llevéis al pecho una cinta encarnada todos los que os señalasteis en tan distinguida acción: también vosotros, vecinos de esta ciudad que quisisteis disfrutar de iguales glorias, hallándoos en el fuego en medio de mis soldados, llevaréis con ellos esta distinción: usadla, sí, valientes soldados; y sea entre vosotros un estímulo: sabed que me hallaréis pronto siempre a premiar vuestro valor, así como a castigar la menor cobardía, que no espero en vosotros.

Ceñid esas espadas ensangrentadas, que son el vínculo de vuestra felicidad, el apoyo de la patria, el cimiento del trono de Fernando, y la gloria de vuestro general.

Cuartel general de Zaragoza. 1º de enero de 1809. Palafox.



La versión francesa. BELMAS, J. Zaragoza, 1808 y 1809. Los Sitios vistos por un francés. Comuniter, 2003, p.65.

DÍA del 31 de diciembre

A las ocho y media de la mañana, el enemigo hizo una salida general para reconocer nuestros trabajos. Unos mil doscientos hombres salieron de un bosque de olivos situado a nuestra derecha, cerca del Ebro, y recorrieron a medio tiro de fusil el frente de la paralela de San José. Enseguida se reunieron quinientos hombres, salidos de la cañada del Huerva, cerca de la cabeza de puente [reducto del Pilar] e hicieron un movimiento para adelantarse; pero el fuego vivo de la paralela les obligó a retirarse.

Una hora después, los españoles se presentaron delante de la paralela del Castillo y la amenazaron por la derecha, mientras que otra columna de unos mil doscientos hombres de infantería y de trescientos caballos desembocaba a la izquierda, a lo largo del Ebro, y buscaba rodear la paralela. La caballería española cayó sobre uno de nuestros puestos, donde pasó a sable a algunos hombres; pero la llegada de refuerzos obligó al enemigo a retirarse. Palafox, atento para aprovechar las más mínimas ventajas para animar a sus tropas, exageró este éxito en sus proclamas y distribuyó solemnemente condecoraciones a todos los que habían tomado parte en esta acción, por otro lado poco importante y sin otra pérdida por nuestra parte que una treintena de hombres muertos o heridos.


[i] Alcaide transcribe “trescientos”, pero en el parte original sólo aparecen “doscientos” (Archivo Palafox, caja 8147, 3-3/60)