Programa nº 36

Emitido el 19 de junio de 2008  

Interviene: Nuria Marín
 

 

LA VIRGEN DEL PILAR
 


        Foto realizada por Mariano Júdez y Ortiz. Colección,  Mariano Martín.

  El templo del Pilar destacó por su valor como símbolo, a la hora de enardecer a los zaragozanos. La confianza en la Virgen que no quiere ser francesa... obró milagros de fe, de determinación, de patriotismo y de esperanza.Sabedores los franceses del extraordinario poder moral de la Pilarica como baluarte espiritual, fue bombardeado con particular intención por sus artilleros. En palabras del oficial sitiador Lejeune:

El pueblo tenía una fe tan viva y ponía tal confianza en aquella Sagrada Imagen, que no podíamos esperar reducirlo sin haber antes arruinado su venerado Templo. En consecuencia nuestros artilleros recibieron la orden de dirigir todas sus bombas sobre el barrio de la Catedral, a fin de amedrentar a todos los que se creían seguros dentro del radio protector de la Sagrada Imagen, por medio de estragos espantosos.... (LEJEUNE, Baron Luis Fco. de. Los Sitios de Zaragoza. Versión, prólogo y notas de Riba y García, C. Tipografía M. Escar, Zaragoza, 1908).
 

Algún impacto en la fachada oeste, pero innumerables en la opuesta, y en la que da al Ebro (al alcance de las baterías del Arrabal y del Barrio Jesús) atestiguan aún hoy, la veracidad de todo lo dicho. Aparte de ser pilar donde apoyarse el ánimo de los defensores, cumplió también misiones de refugio, hospital ... e incluso de maestranza, pues en su Sacristía Mayor -cuando el cerco por el Coso empezaba a hacerse asfixiante- se fabricó pólvora y munición.

Su principal papel fue, desde luego, el de refugio. Refugio espiritual y también material, para toda una masa doliente. La sensación de hacinamiento, suciedad y miseria, llegó a ser en ocasiones, tan espantosa, que el propio Palafox (que amaba profundamente a la Virgen, no en vano había sido infantico) y que basaba sus arengas en la fe y en la protección de la Santísima Madre..., llegó a prohibir la entrada a todo aquel que no se pudiese desplazar por sus propios medios.