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LOS PUENTES FRANCESES EN ZARAGOZA:
EL PRIMER SITIO
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José Antonio Pérez Francés.
Miembro de la Asociación Cultural “Los Sitios de Zaragoza”
Teniente coronel de Artillería
Ex profesor de la Academia General Militar
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El ejército francés pasa a la orilla izquierda
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Según
los datos proporcionados por Alcalde Ibieca, el 27 de junio de 1808 Palafox
envió dos cañones[1]
a la orilla izquierda del Ebro. Es entonces cuando los españoles activan la
defensa de los vados del río, destinando para cumplir la misión a un oficial
con dos sargentos, cuatro cabos y setenta soldados. Conocemos el nombre de
su jefe, el teniente coronel Rafael Estrada. Dos días más tarde, el 29 de
junio, Palafox mandó reforzar el destacamento nombrando dos capitanes, dos
tenientes, cuatro subtenientes, ocho sargentos, catorce cabos y 280
soldados. ¿Qué vados defendían? Es evidente que uno de ellos era uno muy
próximo a la ciudad. ¿Dónde estaba? Contrastemos datos con fuentes francesas
y españolas.
Después de
fracasar los dos intentos de ocupar Zaragoza por la fuerza, el general Verdier, auxiliado por el general Lacoste como Ingeniero Jefe, trazó un
nuevo plan de ataque basado en un asedio en regla. Este plan fue remitido al
Emperador para su aprobación, pero fue duramente censurado. Napoleón ordenó
atacar a la ciudad por las zonas más vulnerables, comprendidas entre la
Torre del Pino y el Monasterio de Santa Engracia. Para completar el cerco
mandó ocupar la orilla izquierda del Ebro
Aprobado el plan, los franceses reconocieron el terreno próximo al vado de
Ranillas, recibiendo con seguridad el fuego intenso de los soldados del
teniente coronel Estrada. Sobre este hecho Justino Casamayor refleja en su
diario correspondiente al día 8 de Julio:
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Siguieron los enemigos en la misma situación sin hacernos fuego en casi todo
el día, pero a cosa de las 12 intentaron otra vez pasar el río, y aunque
siete de ellos llegaron a verificarlo, fueron luego muertos por los nuestros
que estaban al otro lado.
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Agustín Alcalde Ibieca en su relato del primer Sitio no concreta la fecha
pero podemos intuir que se trata del mismo día:
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Viendo que en la orilla había una batería para
hacer fuego á cuantos compareciesen, y que les despedían algunas granadas,
el capitán D. Joaquín Primo de Ribera, juntamente con el de ingenieros Luis
Abella se dirigieron con dos piezas por el camino de Juslibol al punto de
Ranillas, en el que, prevalidos de los cañares y cajeros de las
acequias, les fue fácil establecer su batería, procurando enfilar los
fuegos hacia el molino de la Abeja. En los días 9 y 10 siguió el fuego
de cañón y de fusil de una y otra parte; pero el 11 amaneció tendido el
puente…[2].
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Posteriormente relata la acción que resumo a continuación. Por la mañana
la caballería francesa intentó forzar el vado de Ranillas, fracasando en
el intento. Tras oírse la refriega desde Zaragoza, salieron refuerzos
hacia Ranillas. Francisco Palafox con el 1er tercio, un obús y dos
cañones de a 8 se situó en lo alto de torre de Ezmir. El comandante Manuel Garcés dirigió
sus fuegos para impedir el paso de barcos hacia Zaragoza. Algunos labradores
salieron armados por la Puerta de Sancho obligando a los franceses a
reforzar el flanco. Por la tarde el general Palafox, acompañado por el
brigadier Antonio Torres y el coronel Obispo, llegaron a la Torre de Ezmir.
Al comprobar que el vado había sido tomado por los franceses, se retiraron y
encargaron a los paisanos de Juslibol y el Arrabal que cortaran sus acequias
e inundaran sus campos. El francés Belmas relata esta acción:
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El
enemigo hizo muchos esfuerzos para oponerse a nuestro paso a la orilla
izquierda. Una multitud de tiradores cubría la orilla pero fueron
dispersados por dos batallones de infantería que cruzaron el río en las
chalupas y por 200 lanceros que lo vadearon.
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Lejeune que no concreta la entidad de la Unidad escribe que “un
destacamento de infantería tomó posiciones en la ribera izquierda para
proteger la instalación del puente que estuvo terminado el 12”. Opino
que la versión francesa es más verosímil que la española, ya que antes de
construir un puente es obvio que hay que dominar militarmente las dos
orillas.
José
Gómez de Arteche y Moro mezcla en su relato de la acción, quizá basado en la
obra de Alcaide Ibieca, el paso de la infantería francesa por un puente
provisional y mediante barcas. Personalmente creo que técnicamente no se
podía tender el puente sin las barcas de apoyo. Creo que Alcalde Ibieca
mezcla las acciones de paso de las fuerzas de defensa con el tendido del
puente y Gómez de Arteche repite el error.
Opino
que la acción se desarrolló de la siguiente forma: Los franceses, tras
acumular en la torre de San Lamberto el material de construcción del puente
y las dos barcas, se desplazaron hasta la orilla del Ebro (en el meandro de
Ranillas). Este lugar estaba alejado del vado de Ranillas y por lo tanto
protegidos de las vista y del fuego español. Los franceses, engreídos por su
superioridad, intentaron cruzar el vado a la fuerza con su caballería. Al
fracasar la acción, realizaron una maniobra combinada. Aguas arriba, un
destacamento francés cruzó con las barcas a la orilla izquierda, avanzando a
cubierto entre la vegetación de la ribera hasta contactar con el puesto
español de protección del vado. Al realizar fuego desde el flanco,
permitieron que los lanceros cruzaran enérgicamente por el vado. Sobre las
17 horas la posición del vado fue totalmente abandonada por los españoles.
Los franceses comenzaron a construir una media luna para proteger el tendido
del puente.
El día
12, al amanecer, el puente estaba asegurado. Desde la Torre de Ezmir
Francisco Palafox vio el puente tendido e hizo fuego con sus dos cañones a
máximo alcance. Observó que los disparos quedaban cortos y que desde allí no
podían batir el puente, por lo que solicitó un cañón de mayor alcance (de a
12 libras[3]).
Sobre las 14:30, los franceses, temiendo un posible ataque español, cruzaron
con fuerzas de caballería por el vado y unidades de infantería por el
puente. Se formaron dos columnas. La de la izquierda, formada por la
caballería y un batallón de infantería, se desplazó hacia el Soto y Torre de
la Mezquita. La segunda columna, integrada por otro batallón, desplegó a la
derecha del puente. La columna francesa de la izquierda ocupó la Torre de Ezmir, en donde Francisco Palafox abandonó precipitadamente dos cañones de a
8, sin darle tiempo a clavarlos. El obús consiguió entrar en Zaragoza y la
pieza de a 12 libras que se dirigía a la torre de Ezmir fue capturada por
los franceses. Por la tarde éstos incendiaron las fincas y talaron las
huertas. Desde el día 12 el general Verdier dominaba la orilla izquierda
desde Ranillas hasta el Gállego.
Agustín
Alcalde Ibieca da más datos del vado por donde cruzó la caballería, “…por
cuanto el enemigo con cautela hizo pasar el vado frente á la tejería de la
Almozara a una porción de caballería, llevando cada uno un infante en su
grupa”. Podemos identificar este vado con el actual de la Almozara,
conocido en el siglo XIX como de Ranillas, que se encuentra frente al Club
“El Soto”. Belmas proporciona datos importantes:
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Pronto se comenzó una pequeña obra para
cubrir el puente. Don Francisco Palafox, que acababa de regresar a la
ciudad con numerosos refuerzos, hizo en las jornadas del 11 y del 12 varias
salidas vigorosas del arrabal para destruir nuestros trabajos y rechazar
nuestros puestos; pero habiendo sido rechazados cada vez tomó posición con
dos piezas del 8 en las alturas de Juslibol con la intención de batir de
flanco nuestro paso…[4]
”
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El puente del Primer Sitio, 11-12 de julio de 1808
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A
partir de las 17:00 horas del día 11 se comenzó a tender el puente y a
construir sus obras de defensa. El puente estaba tendido antes de la
madrugada del 12 [5].
Conocemos más datos del puente gracias a J.Belmas. En su texto cita que para
su construcción se empleó la madera y dos chalupas cogidas en el Monte de
Torrero. Parece ser, y así yo lo interpreto, que inicialmente los franceses
querían llevar por el Canal Imperial desde Torrero al Bocal de Tudela esas
dos barcas.
Desde
allí por el cauce del río llegarían hasta Ranillas. El escaso cauce del
Ebro les hizo desistir de esa operación. Las Barcas tuvieron que se
trasladadas desde el embarcadero de Casablanca al río Ebro. Agustín
Alcalde Ibieca revela otros datos importantes:
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Para el paso del Ebro observó el enemigo todas
las reglas: escogió un ángulo entrante; colocó en sus costados a cubierto
artillería y fusilería; recogió y arreglo el maderamen en el edificio de
San Lamberto; proporcionó barcos para pasar una avanzada; y en una noche
construyó el puente con gruesas vigas de seis varas de largo. En cada
cuatro salía una de ellas una vara más que las otras por ambos costados, y
cada tres estaban sujetas entre sí, y ácia sus extremos, con tablas que
aseguraban grandes clavos: por el medio, y en toda su extensión del
puente, corría un piso de tablas con el ancho suficiente para el paso de
un cañón ó carro. Su figura formaba un ángulo saliente contra la corriente
en el parage en que ésta era más fuerte; y sus cabezas estaban enterradas
por ambas orillas en las excavaciones que hicieron para recibirlas: dos
amarras salían á veinte varas ácia la parte superior del río: la
naturaleza de la madera permitía que esta grande balsa flotase sin
socorro alguno del ingenio; pero su ninguna flexibilidad hubiera sido
causa de su destrucción al primer aumento que hubieran recibido las
aguas: la cabeza de puente estaba defendida con un parapeto y su foso
en línea recta de unas trescientas varas de longitud, y flanqueada por
un ángulo saliente en cada extremo, en los que abrieron un par de
cañoneras: en el medio estaba la salida á la campaña cubierta por una
flecha: dos estacadas unían esta obra con las aguas; y el todo lo
dejaron sin revestir, aunque las tierras, por areniscas y pedregosas,
eran tan malas para la construcción como para la defensa[6]".
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La
obra de Agustín Alcalde Ibieca da una excelente descripción de cómo estaba
construido el puente. El hecho de contar con sólo dos barcas hace pensar
lo bajo que estaba el nivel de agua y el escaso cauce[7].
Nos describe además perfectamente la obra defensiva que intentaremos
localizar.
Si
leemos el primer Sitio de Agustín Alcalde Ibieca veremos que se realizan
numerosos combates en el Soto de la Mezquita. Este punto constituía la
defensa exterior del puente francés. Tenemos bastantes datos para intentar
su localización. La proximidad al vado de la Almozara (o de Ranillas)
fuera del alcance efectivo de su fusil. A tiro de un cañón de a 12 libras.
En el trabajo ganador del XXI Premio Los Sitios, Jaime Latas aporta la
cita de Daudevard de Ferussac cuando habla del punto de tendido del puente
volante francés del 2º Sitio: “el puente lo sitúa aguas arriba de la
ciudad y del puente de madera del año anterior, del que aún se distinguen
sus restos.”
Entre
el puente localizado del segundo sitio y el vado queda poco espacio de
meandro por recorrer. Dicho de otra forma, entre el puente del 2º Sitio y
el vado estaba el puente del primer Sitio. Con la imagen satélite de
Google Maps se ve que la vegetación de la ribera del Ebro marca el trazado
de la obra de media luna como la descrita por Alcaide Ibieca. Sin embargo,
el cronista describe una obra defensiva de 300 varas de longitud, unos 230
metros (una vara aragonesa mide 772mm). Es bastante más grande que la obra
defensiva del segundo Sitio.
Consultando otras fuentes, Belmas escribe “pequeña obra..” Es un
hecho constatado que en el Primer Sitio los franceses carecían de
efectivos para bloquear totalmente la plaza. En el Segundo Sitio eso no
ocurrió: actuaron nada más y nada menos que dos Cuerpos de Ejército
franceses. Por lógica tenía que ser y así lo es: la media luna del puente
del primer Sitio era una obra menor que la del puente del segundo Sitio.
La
obra defensiva de la orilla izquierda tenía un trazado muy similar a la
media luna del puente del segundo Sitio. Medía unos 80 metros, una cifra
más razonable para una obra menor en consonancia con los efectivos
franceses. A escasos 200 metros se encontraba el vado de Ranillas. En la
orilla derecha, una posición en forma de bonete. A día de hoy los restos
del puente del Primer Sitio se encuentran entre el puente del Milenio y el
Pabellón Puente. A las autoridades de Expo 2008 les corresponde su
conservación.
Finalmente quiero
agradecer la colaboración de mis compañeros de los Departamentos de
Táctica y Logística (Área de Topografía) y del Departamento de Ciencias
Jurídicas de la Academia General Militar. Al primero por proporcionarme
imágenes que no han hecho más que corroborar mis hipótesis y al segundo
por crearme unas inquietudes acerca de un momento de la historia de
Zaragoza que como español y zaragozano tengo el deber de honrar. |
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[2]
Lejeune no coincide con Belmas. Gómez de Arteche cita, basándose en
Agustín Alcaide Ibieca, que los franceses tendieron el puente y emplearon
las barcas. El puente queda asegurado por todas las fuentes la noche del 11
al 12.
[3]
Este hecho aclara que desde Torre de Ezmir los cañones
de a 8 libras batían el vado pero no el puente. Pidieron un cañón de a 12
libras (unos 200 metros más de alcance efectivo).
[4]
Desde el monte de Juslibol se podían realizar los
fuegos en toda la franja de aproximación hacia la ciudad hasta la orilla del
Ebro (alcance máximo eficaz de la pieza de unos 800 metros).
[5]
LATAS, Jaime. El Ebro y los Sitios de Zaragoza.
XXI Premio Los Sitios de Zaragoza, 2006. Página 64.
[6]
Cita textual, respetando la ortografía de la época.
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LOS PUENTES FRANCESES EN ZARAGOZA:
EL SEGUNDO SITIO
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José Antonio Pérez Francés.
Miembro de la Asociación Cultural “Los Sitios de Zaragoza”
Teniente coronel de Artillería
Ex profesor de la Academia General Militar |
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Poco o
más bien nada queda de las fortificaciones de campaña trazadas por los
ingenieros militares españoles durante los dos Sitios de Zaragoza. Estas
obras, especialmente importantes durante el segundo asedio de la ciudad,
fueron realizadas en el breve periodo de tiempo que trascurrió entre el 15
de agosto y el 20 de diciembre de 1808.
En el Segundo Sitio, de los 35.000 hombres de la guarnición, unos 800
realizaron el servicio de zapadores sirviendo en el Regimiento de Zapadores
Minadores de Valencia, en el Batallón de Gastadores o en los zapadores de
Calatayud. Conocemos los nombres de los siguientes mandos que participaron
con seguridad ya que su hoja de Servicios lo acredita:
Los Coroneles
Manuel Pueyo y Narciso Codina; los Sargentos Mayores Cayetano Zappino,
Antonio Sangenís y Marcos Simonó; los capitanes Manuel Caballero, Manuel
Bayo y Juan Miguel de Quiroga; los tenientes D. José Cortines, Manuel
Rodríguez Pérez, Francisco de Paula de Gregorio; los subtenientes José
Román, Quintín de Velasco, Mariano Zorraquín, Salvador Manzanares, Mariano
Villa, Francisco López y Ramón Mateo[1].
Fueron agregados a este servicio los arquitectos Rocha, Gracián y Caso y los
cinco hermanos Tabuenca.
Todos ellos fueron responsables, junto con el arduo sudor del trabajo de
unos 2000 zaragozanos, de la construcción del sistema de fortificaciones que
defendió a Zaragoza del asedio
francés. Estas fortificaciones fueron construidas muchas veces con
materiales de circunstancias, sacos de arena, tepes o ladrillos pero
aguantaron perfectamente el empuje y la destrucción de las balas de cañón de
la artillería francesa. Lo que quedaba de ellas tras la rendición de la
ciudad fue destruido por las tres compañías de Minadores del tren de Sitio.
Así lo refleja literalmente la carta del coronel Rogniat, Jefe de Ingenieros
francés tras la muerte de general Lacoste, al Mayor General de Zaragoza el
16 de marzo de 1809:
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Señor: Según las órdenes del
Duque de Montebello, empleo las tres compañías de Minadores para hacer
saltar las fortificaciones de Zaragoza, a excepción del Castillo,
llamado de la Inquisición. Ya he demolido los dos tercios del recinto
de esa plaza…[2]
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Después, con incuria y abrutamiento, vinieron casi doscientos años de
destrucción, de construcción y especulación urbanística que han destruido
lo poco que debía de quedar. Es muy difícil encontrar vestigios del
sistema de fortificación español exceptuando el Castillo de la Aljafería,
las paredes de la Batería de Palafox en la calle Asalto y los muros del
antiguo convento de San Lázaro junto al puente de Tablas.
Las
obras de Sitio francesas realizadas por los ingenieros de Lacoste, las
paralelas y sus comunicaciones, quedaron dentro de la expansión
urbanística de la ciudad, debajo del asfalto de las calles o bien
destruidas por nuevas construcciones.
Fueron los posibles restos de la Batería del Puente de Tablas los que me
hicieron pensar que junto al dominio hidráulico no han llegado las
constructoras, así que aún pueden quedar vestigios. Este fue el punto de
partida de la investigación.
Y la obra francesa más alejada de la ciudad era el puente volante
francés que permitió comunicar las dos orillas del río Ebro y realizar
el cerco de la Plaza. Las fuentes francesas Belmas, Rogniat o Lejeune
fueron el camino a seguir, ya que los datos del “Diario de ataque del
Cuerpo Imperial de Ingenieros”, recogido y publicado por G. Arista,
relatan lo acaecido desde la noche del 29 al 30 de diciembre de 1808 con
la construcción de la primera paralela.
Con anterioridad, durante el Primer Sitio, tras los intentos de toma por
la fuerza de los generales Lebfevre-Desnouettes y Verdier, el general
Lacoste trazó un plan de ataque que fue censurado por Napoleón. El
propio Emperador señaló que el ataque sobre Zaragoza debía realizarse
por las zonas más vulnerables comprendidas entre la Torre del Pino y el
Monasterio de Santa Engracia. Estas dos posiciones permitían una fácil
aproximación a través del foso del río Huerva. Insistía Napoleón en
instalar una Batería de brecha en el convento de San José, creyendo que
estaba todavía ocupado por el coronel Habert. Concretaba finalmente
que”la toma de la ciudad era cuestión de Artillería y que era necesario,
para impedir refuerzos, ocupar la orilla izquierda del Ebro”.
El 20
de Diciembre de 1808, fecha de inicio del 2º Sitio, el 3er
Cuerpo de Ejército y la División Suchet, del 5º, avanzaron por la margen
derecha del Ebro, mientras Gazan lo hacía por la izquierda. Tras la toma
de Torrero y Casablanca por los franceses el día 21 y el fracaso en la
toma del Arrabal, el mariscal Moncey necesitaba urgentemente información
sobre la situación de la orilla izquierda. Esa misma noche el capitán de
zapadores Henri y un soldado suyo intentaron cruzar las aguas de un
“crecido río Ebro”.
Los dos murieron de
hipotermia. Belmas narra este hecho:
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Allí entre las cañas se
les encontró el día siguiente, cuando para establecer las
comunicaciones, se arrojó un puente volante sobre el Ebro, frente a
Juslibol y más arriba de la ciudad”. [Posteriormente concretaba que]
El puente volante de Juslibol, que servía para comunicar las dos
orillas del Ebro más arriba de la ciudad fue reemplazado por un
puente fijo sobre barcas y pontones, delante del cual se construyó,
en la orilla izquierda, una media luna de tierra para protegerlo.
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Mientras el general Lacoste, jefe de los Ingenieros, trazaba el plan de
asedio y ataque de la ciudad, el jefe de la Artillería, general Dedón,
trazaba el puente volante con sus fortificaciones. Belmas habla de un puente
de pontones y barcas pero estudiando las distintas fuentes puedo afirmar que
el puente tendido el 22 de diciembre fue construido en su totalidad con los
pontones que llegaron por el Ebro desde Tudela[3].
Estos
datos fueron el inicio de la investigación, en los que fue imprescindible un
croquis del puente y su sistema de fortificaciones publicadas en el IV
Premio “Los Sitios de Zaragoza” en el excelente estudio de José Maria
Martínez Ferrer titulado “la Sombra del Norte”[4].
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Con
esta información y observando imágenes de Internet (Google maps) encontré
los datos relevantes del croquis. Este marcaba que el puente francés se
encontraba situado aguas arriba de la mitad del meandro de Ranillas. La
situación de un canal que corta perpendicularmente el meandro y las torres
que pude identificar (la de Bergua y la del Castillo) dejaban claro que la
situación del centro del meandro era incorrecta.
Este
fenómeno óptico se produce en la posición donde fue tendido el puente, donde
uno cree que a 100 metros aguas abajo el río cambia bruscamente de
dirección. La cartografía del lugar y el caminar aguas arriba y aguas abajo
de la posición demuestran que se trata de un error. Dedón en su croquis no
rectificó.
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Con estos datos y teniendo
en cuenta el retroceso de las aguas del Ebro, algo obvio por la regulación
actual del río, identifiqué rápidamente la luneta que protegía el puente. En
el croquis aparece con una longitud de 90 toesas de camino cubierto. En la
localización de la media luna con Google map calculé que la distancia entre
los revellines era de unos 150,3 metros. Este dato era equivalente a 90
toesas españolas (1 toesa, 1,67 m.). Si realizamos el cálculo empleando las
toesas de Langlois (año 1735) o toesas de París (1,949 m.) la distancia
entre los vértices de los revellines, según el croquis, era de unos 175
metros. Realizando cálculos con orto imágenes georeferenciadas, la obra
mide (entre vértices de revellines) 319,594 metros. Por tanto, es mucho más
grande que lo marcado por el croquis. Esto hace suponer que el dibujo era
un mero proyecto y que la ejecución de la obra por la noche y el empleo en
su construcción de un gran número de unidades dieron como resultado una
media luna mucho mayor que la proyectada.
En los
extremos sobre sus revellines fueron colocados dos cañones de a 8 libras
francesas. Esta posición era muy importante y por ello estaba defendida
directamente por un batallón. Además estaba protegida a vanguardia por una
Compañía de Infantería y un destacamento de lanceros (¿14 ó 19?)
El
encontrar restos de la posición de cierre del puente en la orilla derecha
del Ebro (terraplén y trinchera de una pieza de artillería de a 4 libras)
confirmó que mi hipótesis era correcta. Posteriormente, creo haber
localizado en la margen derecha las posiciones artilleras de otras dos obras
que completaban el sistema de protección del puente. Corresponden a una
posición doble en donde se asentaban un cañón de a 8 libras y un obús de 6
pulgadas francés y una segunda posición de un cañón de 8 libras.
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Imágenes de la posición francesa en el meandro de Ranillas, antes y
durante las obras de la Expo 2008
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Antes de la actuación de las máquinas de la
EXPO 2008, la media luna de la fortificación principal estaba bien
conservada (lo confirman las sombras del muro en imágenes anteriores a las
obras). Lamentablemente hoy no podemos decir lo mismo ya que en la imagen
aérea del mes de octubre de 2006 parecen arrasadas.
Confío
en que las autoridades municipales y de la EXPO 2008 respeten y restauren
este último recuerdo de unos Sitios de Zaragoza que solamente se conservan,
eso sí con un extraordinario cariño, en la imaginación y en el corazón de
bastantes conciudadanos. Zaragoza y los zaragozanos se lo merecen.
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[1]
Graduaciones en mayo de 1808.
[2]
BELMAS, J. Zaragoza 1808 y 1809. Los Sitios vistos
por un francés. Estudio y notas de Herminio Lafoz Rabaza. Ed. Comuniter.
[3]
Durante la noche del 21 al 22 de
diciembre Belmas concreta que no disponían de ninguna barca para cruzar el
Ebro. Es por ello por lo que el capitán Henri y un zapador tuvieron que
cruzarlo a nado. Posteriormente el día 30 tuvo lugar una fuerte crecida del
río Ebro que rompió el puente francés pasando los pontones (por lo menos dos
de ellos) por debajo del Puente de Piedra. Esta prueba de la clara ruptura
de las comunicaciones francesas decidió al general Palafox a realizar una
salida general contra las obras de asedio francesas. Tras la crecida es
obvio que el puente fue reconstruido. No tenemos datos de cuando se hizo ya
que las fuentes francesas no lo citan. Fue entonces cuando el puente se
construyó con pontones y barcas como indica Belmas.
[4]
Este croquis procede de los “Archives
Historiques” del Ministére de la Guerre.
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