Palafox inició de inmediato los preparativos para la defensa. Se encuadró a los hombres en Tercios, y mientras se fortificaba la ciudad se los instruyó de forma tan apresurada como entusiasta. Con tan improvisada tropa salió al encuentro del ejército francés. El primer choque sobrevino en Tudela el 8 de junio, siendo desbordados los españoles por la experimentada caballería francesa. La derrota se repitió sucesivamente en Mallén el 13 de junio y en Alagón el 14. Fracasado este último intento de detener el avance del enemigo, Palafox se encerró en la ciudad con el resto de su castigada tropa, a la espera del milagro. El día 15 de junio, Lefebvre llegó ante Zaragoza. Seguro de su rápida victoria, inició un ataque de distracción por el Portillo, para concentrar el verdadero asalto en las Puertas del Carmen y de Santa Engracia (actual Plaza de Aragón). Pero la respuesta de los defensores le sorprendió totalmente. La acción se conoce como “Batalla de las Eras”, y tras todo un día de lucha el ejército francés tuvo que retirarse a los altos de Casablanca con un elevadísimo número de bajas y sin haber podido perforar la defensa. Fallada la viva fuerza, Lefebvre decidió rendir Zaragoza por asedio. Una vez llegado de Pamplona el imprescindible refuerzo de hombres y material, sometió a la ciudad a un prolongado e intenso bombardeo, e intentó de nuevo el asalto el día 2 de julio con resultado igualmente infructuoso. En tan heroica jornada destacó la hazaña de Agustina Zaragoza y Doménech, Agustina de Aragón, que tomando la mecha de la mano de un artillero caído junto a su cañón, lo disparó sobre el tropel de infantes que ya penetraba por el Portillo, permitiendo que fuese taponada la brecha. Ante el adverso resultado, los franceses reanudaron el cruel bombardeo, que de forma ininterrumpida fue desmontando las defensas de una Zaragoza cada vez más debilitada. El día 4 de agosto se inició por diferentes puntos el asalto definitivo, que a pesar de la encarnizada resistencia, esta vez sí fue progresando. Cuando ya todo parecía perdido, un supremo esfuerzo de los defensores detuvo al invasor. El punto máximo de penetración fue el ahora popular “Tubo”, en el corazón de la ciudad, donde la calle “4 de agosto” recuerda tales hechos. Rechazados los franceses de nuevo hasta el otro lado del Coso, no volverían a cruzarlo. Porque mientras tanto, al haber sido derrotado Dupont en Bailén (el 22 de julio), la amenaza que suponía para Madrid el victorioso Ejército de Andalucía decidió a José Bonaparte a evacuar la capital y replegarse tras el Ebro. Como consecuencia, y para proteger su flanco izquierdo, ordenó levantar el asedio de Zaragoza y agrupar fuerzas en Tudela. El día 13 de agosto la ciudad amaneció libre de invasores.
Sin embargo, a pesar del comprensible júbilo desatado, a nadie engañó la
retirada. Todos sabían que los franceses iban a volver. En diciembre de 1808
la ciudad de Zaragoza sería sometida a un segundo asedio, que resultaría
definitivo.
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