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Parece que por fin llegan las obras
a Conde Aranda. Es buen momento para recordar algo de la historia de su
entorno. No de la inmediata, sino de la que se vivió hace dos siglos,
cuando sus intrincadas calles fueron escenario de los duros combates de
Los Sitios. Entonces aún no existía la actual
calle, sino un complejo y espeso dédalo (un
trenque), donde la arteria principal era la vía llamada de La Castellana,
actual Boggiero.
La
plaza del Portillo
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Un buen punto para comenzar el
paseo es la Plaza del Portillo.
Allí, bajo la mirada de la imponente figura
esculpida por Mariano Benlliure, podremos rememorar la hazaña
protagonizada por la heroína Agustina Zaragoza al disparar a boca jarro
contra los franceses que entraban por el Portillo (la "puerta pequeña",
en el actual cruce de Conde Aranda con María Agustín).
La aguerrida apostura de la heroína vestida con sus galas militares
(el propio Palafox le concedió el empleo de
sargento honorario)
se equilibra con el gesto galante del baturro que le ofrece la corona
de laurel, símbolo
de la gloria. Los bronces laterales nos ilustran sobre otras mujeres
destacadas en la lucha contra el invasor. Y el conjunto es aderezado por
una licencia histórica: el león zaragozano devora al águila napoleónica.
Pocos monumentos consiguen un equilibrio más ajustado que éste, pues la
expresividad del gran escultor queda compensada por la exquisita sencillez
del pedestal.
No podemos
olvidar el episodio que las "bravas mujeres zaragozanas"
protagonizaron bajo los soportales de la vecina Plaza de Toros. Arrojándose
al paso de los caballos y acuchillando a los jinetes caídos abortaron la
peligrosa incursión de un grupo de lanceros polacos que había penetrado
por Santa Engracia.
Es momento de pasar a la vecina iglesia de Nuestra Señora del
Portillo, actualmente
poco
valorada,
aunque de rica y antigua historia y de plácida belleza para el visitante.
Allí podemos
admirar
la Capilla-Mausoleo de las Heroínas, donde
se
conjugan historia y arte
en
sus frisos y medallones. Parada obligatoria son las tumbas de Agustina de Aragón, Casta Álvarez y
Manuela Sancho, tres de las mujeres que tan fieramente lucharon contra los
franceses, que
reconocieron
asombrados estar asistiendo
a una forma de combatir inusitada para ellos.
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Cuartel y hospicio, campos de batalla
Saliendo
hacia la Plaza de Toros podremos contemplar uno de los últimos lienzos
de fachada del Cuartel de Caballería que tan feroces combates presenció
en los comienzos del Primer Sitio.
Y al otro
lado, frente al arranque de la autopista, algunas de las ventanas por las
que entraron los franceses para encontrarse a los parroquianos del padre
Santiago Sas haciéndoles frente en pasillos y salas. El Paseo de María
Agustín toma su nombre de una muchacha del barrio de San Pablo que se
distinguió en esa zona, apoyando a los combatientes de primera línea.
Resultó herida en el cuello, por lo que aparece siempre representada con
una venda rodeándole la cabeza.
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El espacio actualmente ocupado por la Estación del Portillo y la
autopista fue el escenario de la Batalla de las Eras, el 15 de junio de 1808,
cuando las columnas atacantes que pretendían entrar en la
ciudad se encontraron con los fuegos cruzados de la Aljafería y las
tapias y con los defensores que habían salido por las puertas Quemada
(San Miguel) y de Santa Engracia.
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Llegamos hasta el actual Edificio Pignatelli, sede la D.G.A.,
recuperación de la enorme obra levantada por Ramón de Pignatelli como
Casa de Misericordia y que se mantenía con los beneficios de la vecina
plaza de toros (cuyas maderas fueron empleadas para levantar barricadas
contra los franceses). Las salas y pasillos en que actualmente trabajan
políticos y funcionarios se vieron atestadas de heridos y enfermos
durante los largos meses del invierno de 1808-9, cuando el inmisericorde
bombardeo francés se alió con la epidemia de tifus para eliminar la
resistencia de los defensores de la ciudad durante el Segundo Sitio.
Calles
con nombres heroicos
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Volvemos a las antiguas calles
dirigiéndonos a la dedicada a la Madre María Rafols, fundadora de la
Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana. En ella
encontramos
su actual noviciado, con una placa recordatoria de la única participante en los Sitios
que ha sido beatificada. Si llamamos al timbre, las hermanas nos acompañarán
hasta las tumbas de la Madre Fundadora y del Padre Juan Bonal, nos mostrarán
los cuadros que recuerdan los caritativos gestos realizados por sus
antecesoras en el cuidado de enfermos y heridos y, como remate, nos enseñarán
lo que las monjitas denominan “casa de recuerdos” de la Fundadora. Se
trata de un auténtico museo etnológico, en el que podremos ver
cómo era la vida religiosa, su dedicación a los
necesitados, su abnegación. Destacan el modestísimo mobiliario (auténtico)
de la celda de la Madre Rafols y los instrumentos (aterradores) para la práctica
de la medicina hace doscientos años.
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Impresionados aún
por
la sencillez con que las hermanas acogen al visitante, en cumplimiento de
su cuarto Voto de Hospitalidad, salimos a la calle para dirigirnos a la
plaza Forqué, presidida por la única estatua ecuestre de Zaragoza, la
del general Palafox. El espectacular monumento supone el remate al duro
trabajo de muchos años de la Asociación Cultural “Los Sitios de
Zaragoza”, que pretendía pagar así la deuda contraída por la ciudad
con el caudillo de su defensa.
Tras pasar bajo el sable del general,
la calle dedicada a Mariano Cerezo, quien tuvo a su cargo la defensa de la
Aljafería durante ambos asedios. Tanto trabajó por la libertad de su ciudad que
murió de agotamiento pocos días después de la Capitulación.
Su imagen, de las más representadas en la
iconografía de la gesta, le muestra protegido por el característico
escudo redondo con el que ya había intervenido en el "motín de los
broqueleros", cuarenta años antes.
Avanzamos por calles que conservan el trazado de hace siglos, con
nombres que recuerdan a personajes como el agricultor José Zamoray (que
protagonizó la reconquista de la Puerta del Carmen) o la propia Agustina
de Aragón, junto a casas que quizá vieron aquellos combates. Tras
atravesar Conde Aranda encontramos la casa de Cerezo, recordada con una
sencilla placa, en el cruce de su calle con la de Boggiero.
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El Padre
Basilio Boggiero fue uno de los más importantes personajes de la defensa.
Escolapio
de
origen italiano, había sido preceptor del niño José de Palafox y
durante los asedios se convirtió en su principal asesor y redactor de
bandos y proclamas. Tras la Capitulación fue asesinado en el Puente de
Piedra, según recuerda la cruz allí levantada, como casi todo lo
relacionado con la gesta, en 1908.
Y
precisamente en el colegio de los Escolapios finalizamos nuestro paseo. Se
lo merece, pues en sus aulas estudió Francisco de Goya y en sus patios
(algunos marcados por la metralla napoleónica) jugaron los Palafox. Además
sirvió de cuartel, hospital y cementerio. En el subsuelo de su iglesia de
Santo Tomás se hallan inhumados más de seiscientos combatientes.
Para otra ocasión
dejamos puntos de Los Sitios tan conocidos como la Aljafería, el Hospital
Provincial o la Puerta del Carmen. Y es que nuestras calles guardan mucha
más historia de la que podamos imaginar.
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"Laudemus viros gloriosos"
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Tras
el Primer Sitio, la ciudad propuso levantar un monumento a José Palafox
que "perpetuase el valor y la constancia de sus defensores y eternizase
el nombre de su digno General". La intención quedó en el olvido
hasta que la Asociación Cultural
"Los Sitios de Zaragoza" se
marcó como objetivo sacarla adelante.
En
1989 se convoco un premio que permitiese disponer de un proyecto. Se
eligió el de Ignacio Rodríguez, "Iñaki": una escultura
ecuestre del General. El artista comenzó a elaborar los bocetos,
asesorado por Luis Sorando sobre la uniformidad; para sable, trabajó con
el auténtico, conservado en el Museo del Ejército; para la postura a
caballo se basó en el goya de 1814.
La
financiación fue muy complicada. Se necesitaba treinte y tres millones de
pesetas, finalmente aportado por quince entidades. Una vez conseguidos, el
ayuntamiento formalizó el convenio que encomendaba a la Asociación los
trámites y la gestión del dinero.
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Fundiciones Villaguz se ofreció para realizar la escultura. Era la
primera vez que en Aragón se fundía una obra de estas dimensiones
y fue preciso desmontarla en unas sesenta piezas.
Se
hizo a la cera perdida, con
2.500 kilos de bronce. Como el caballo se apoya en dos patas, se diseñó
una estructura interior que diese solidez al conjunto, con lo que soporta,
según certificado oficial, un cierzo de 170 Km/hora.
El aspecto del monumento es imponente, con Palafox, sable en mano,
mirando al Portillo; el pedestal está decorado con el escudo de la ciudad
y con la frase de Pérez Galdós: "Entre
las ruinas y los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que
Zaragoza no se rinde". Completan el monumento dos inscripciones,
una con un simple PALAFOX, otra con JOSÉ DE PALAFOX Y MELCI, DUQUE DE
ZARAGOZA. A pesar del esfuerzo realizado es una obra inconclusa, ya que no
quedó dinero para las placas alegóricas del pedestal.
Se inauguró el 22 de diciembre de 2000. El impulsor del proyecto,
Carlos Melús, afirmó que Zaragoza zanjaba ese día una deuda de 200 años
y que el monumento era "la
primera piedra de todos los proyectos y todas las ilusiones que tiene
Zaragoza, especialmente de cara a 2008”.
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La capilla de las Heroínas
Uno de los primeros proyectos para
el Centenario de Los Sitios fue el de un mausoleo para las heroínas de
Zaragoza. En marzo de 1907 se decidió que se levantara en el Santuario de
Nuestra Señora del Portillo. La obra corrió a cargo del arquitecto
Ricardo Magdalena y se situó a la derecha del presbiterio, en un amplio
espacio cubierto con cúpula, cuyos adornos fueron dedicados a las
valientes mujeres que se distinguieron en los asedios. Fue inaugurada por
la Reina Mª Cristina el 29 de octubre de 1908.
Preside la capilla un retablo de la Anunciación, obra del escultor
Carlos Palao, cuya talla corrió a cargo de Jaime Lluch y Antonio Torres.
Bajo la mirada de los santos Braulio, Santiago y Valero aparece la Virgen
en actitud sumisa, levantando la cabeza en busca de la mirada del ángel.
Como contraste, San Gabriel ofrece una impresión de dinamismo inusitado;
todo en él es movimiento y gracia, airoso y elegante mientras ofrece una
azucena a María.
El tema de los relieves gira en torno a episodios de los Sitios. La talla, algo tosca, obra de Fructuoso Orduña,
destaca la heroica participación de las mujeres zaragozanas, tanto las
conocidas como las anónimas.
Aparece el traslado de un enfermo en camilla ante la mirada del padre
Consolación, de la madre María Rafols y un grupo significado de mujeres
(la condesa de Bureta, Agustina de Aragón, Casta Alvarez, Manuela Sancho,
María Agustín,...) en actitudes diversas. En lo alto,
dos
placas con los nombres de muchas más.
Especialmente
entrañable es la referencia a ".. y muchas otras", como
homenaje a todas las mujeres anónimas que tanto hicieron en Los Sitios.
En un anexo lateral se encuentran unos sencillos nichos con los restos
de Casta Alvarez, Agustina Zaragoza y Manuela Sancho. Hay un cuarto nicho
vacío,
posiblemente destinado a María Agustín, cuyos restos se hallaban
entonces en paradero desconocido. Hoy, la investigadora Nuria Marín ha
encontrado su partida de óbito e inhumación en el fosal de San Pablo.
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